Espacio público de Medellín es invadido por consumidores de licor

Espacio público de Medellín es invadido por consumidores de licor

Entidades no gubernamentales denuncian la falta de presencia de las autoridades.

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15 de febrero 2016 , 02:28 p.m.

Esa es la calle del tuvo. Todo el que está ahí alguna vez tuvo casa, tuvo familia y tuvo plata.
Pero por estar en esa calle, donde abunda pecado, se olvidaron de todo lo que alguna vez tuvieron y terminaron mendigando para comprar una botella de chirrinchi.

Es muy común caminar por el pasaje La Bastilla, entre La Playa y la avenida Colombia, y encontrar hombres tirados en el piso llevados de la borrachera por el consumo de chirrinchi, una bebida alcohólica artesanal que consiguen fácilmente en el sector .

Las personas evitan pasar por esta calle. Tal vez recuerdan un barrio de pecadores que existió en Medellín hace ya muchos años.

Pero esos borrachos a las afueras de los cafés, bares, billares y cantinas que hay en esta pequeña calle, no siempre estuvieron ahí afuera.

El lugar era un sitio decente en el que los borrachos estaban en los establecimientos y luego salían para sus hogares.
Esa pequeña calle contrasta con los demás fragmentos del pasaje, pues en una venden libros y otra netamente comercial.

Aunque este lugar ha cambiado algunas de sus dinámicas, aún se puede sentir algo de la Medellín de antaño. Quizá esos sean los últimos cafés del Centro, donde se escuchan tangos, se toma café, aguardiente y se habla de política.

En otra época, hace ya muchos años, tal vez 50, hombres de cachaco se sentaban en estos cafés a leer el periódico. Según el periódico que leyeran se conocía su afinidad política.

Además de leer el periódico, se daba un espacio de discusión, un poco intelectual y un poco fanática. Bohemios de toda categoría llegaban hasta el lugar para hablar de literatura y política en estos templos del alcohol.

Y no solo bohemios e intelectuales iban a este lugar. Se llegó a decir que esa era la despensa de mano de obra en Medellín. Allí se encontraba todo tipo de obreros. Pero los tiempos cambiaron y, aunque aún quedan lugares como el Laureles y el bar San Fernando, los únicos que acuden al pasaje son personas que recuerdan de alguna u otra manera la vieja Medellín.

A ellos se suman borrachos que tuvieron alguna vez, y esta es una zona donde pueden conseguir una botella de chirrinchi desde 800 pesos.

Javier Gaviria, director ejecutivo de Asoguayaquil y Jorge Mario Puerta, director ejecutivo de Corpocentro, coinciden en afirmar que el problema de este lugar se da por el poco acompañamiento de las autoridades. “Indicamos que es responsabilidad de la autoridad administrativa, especialmente la Secretaría de Espacio Público, y falta de presencia de Policía que se presenta con buen recurso humano en la temporada decembrina, pero después desaparece”, señala Gaviria.

Por su parte, Puerta afirma que la ausencia de las autoridades “es aprovechada por ese tipo de fenómenos, y cuando empiezan a proliferar ese tipo de fenómenos empiezan a aparecer ciertas conductas criminales que afectan la seguridad del entorno y perjudican de una manera muy notable a la actividad comercial”.

Puerta agrega que el pasaje La Bastilla no es el único lugar del Centro que vive esta problemática. El parque Berrío, la plaza Botero, y el parque del Periodista también se ven afectados.

El comercio es uno de los grandes perdedores con esta situación. Pero también las familias de muchos de estos hombres, pues en varias oportunidades llegan hasta este lugar en busca de sus seres queridos.

A las ocho de la noche el lugar se vuelve un atracadero.
Los que tienen casa se van, pero los que tuvieron se quedan consumiendo licor hasta quedarse dormidos y evocar el tango Sentimiento Gaucho de Carlos Gardel en el pasaje La Bastilla: “En un viejo almacén del Paseo Colón donde van aquellos que tienen perdida la fe, todo sucio, harapiento, una tarde encontré a un borracho sentado en un oscuro rincón”.

MATEO GARCÍA
Para EL TIEMPO
Medellín

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