El Calcio y la premier, antípodas emocionales

El Calcio y la premier, antípodas emocionales

Arsenal (2)-Leicester (1) explica por qué el fútbol reinará por los siglos de los siglos.

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14 de febrero 2016 , 09:47 p.m.

“Goal, goal, goal…! Yes, yes, yes…! Ohhhh, my God…! Gunners, Gunners… We won… ¡Ganamos, ganamos, ganamos, Arsenal, Arsenal…!

Señores circunspectos, señoras recatadas, muchachos enloquecidos, todos abalanzados hacia adelante gritaban desaforados, festejaban, pisoteaban anteojos, celulares caídos en el arrebato de los saltos, los abrazos, las exclamaciones, el frenesí. Gente presentable desencajada por la euforia gritándole a la cámara “Goal, goal, goal…! Yes, yes, yes…! Gunners, Gunners…!

Es difícil entenderlo sin narrar todo el contexto. Y es probable que ni el bombardeo a Londres de 1940 haya generado tal explosión. Imaginamos los decibeles en el barrio de Ashburton Grove, donde está enclavado el Emirates Stadium del Arsenal FC. El estallido de los 60.000 aficionados habrá obrado como una bomba que hizo bailotear la vajilla y chirriar los cubiertos. La diferencia es que nadie murió, aunque pudo haber muchos infartados de alegría.

El final de Arsenal (2)-Leicester 1 explica por qué el fútbol reinará sobre la Tierra por los siglos de los siglos. Es imposible superar tanta emoción. Fue una lucha colosal, cinematográfica de unos por vencer y otros por aguantar que duró exactamente hasta que el Arsenal marcó su segundo gol. Ahí cayó el telón ante el delirio local. Exactamente a los 94’ 31”, Welbeck quebró la heroica resistencia y puso a su equipo a dos puntos del líder de la tabla, justamente su vencido, el increíble Leicester.

Ver a los jugadores del Arsenal saltar las vallas, literalmente arrojarse sobre la tribuna y abrazarse con sus hinchas en tal apoteosis fue conmovedor. Esos hinchas nunca olvidarán esto. Ese instante es uno de los más sublimes de sus vidas.

El Leicester, una especie de escuadrón tipo Doce del Patíbulo, reclutados de aquí y de allí, capaces de todo, son los increíbles punteros del campeonato inglés. Llegaban al Emirates con 53 puntos a jugar con un Arsenal desesperado por un título, sediento de gloria. Los Cañoneros sumaban 48 y esperaban acercarse arriba. Su fenomenal hinchada llenó hasta la última butaquita. Pero hete aquí que los Doce del Patíbulo, rebeldes, atrevidos, se pusieron 1-0 con gol del exobrero Jamie Vardy. Sí, el sorprendente goleador de la Liga hasta los 24 años jugaba en un equipo amateur por 30 libras a la semana y se ayudaba con un empleo de operario en una fábrica de artículos ortopédicos. Ahora le ofrecen millones, es lo lindo de la vida.

¡Leicester le sacaba 8 puntos de ventaja…! Arsenal, herido en su orgullo, desató un vendaval sobre el arco del notable danés Kasper Schmeichel (le negó un gol a Olivier Giroud digno de Superman). Los reos del Patíbulo, a manera de marineros rudos en una taberna, aguantando todo lo que les tiraban. El Arsenal nunca fue tan Arsenal, disparó toda la artillería disponible, no guardó una sola bala, buscó por arriba, por abajo, tocando, arremetiendo, y los marineros de Claudio Ranieri (tan canoso como Lee Marvin) resistiendo todo. Era titánico de ambos lados, emocionante.

A los 53 se fue expulsado Simpson y el Leicester quedó con diez. Y el Arsenal, como una tormenta, arreció más. Y nuevas salvadas providenciales de piernas y manos leicesterianas. Hasta que a los 69’ Walcott empató tras recibir un maravilloso pase de cabeza de Giroud. Otra vez quedaban a 5 puntos de diferencia en las posiciones. Pero quedaba mucho y era tanto el afán arsenalista… A falta de buenas ideas se multiplicaban los centros, que llovían como bombas sobre la casamata del Leicester.

Ya no quedaban fuerzas, era todo voluntad y desorden. Como en una cinchada, unos pugnaban de acá, otros de allá. En el minuto 83 Arsene Wenger mandó a la cancha a Danny Welbeck, ausente diez meses por una rodilla mala. A pescar lo que pudiera. No había tiempo para más. Míster Atkinson dio 4 minutos de prórroga y justo cuando se cumplieron hubo falta y tiro libre para el tesonero, el inquebrantable Arsenal. Mesut Özil sirvió un centro estupendo, jugoso, al corazón del área y Welbeck, diez meses después de su último partido, la rozó hacia la red. El fútbol tiene estos caprichos, estas maravillas. Justo él. Y allí devino el carnaval, la locura que referíamos al comienzo.

El fútbol inglés es inocente tácticamente, casi débil a nivel selección y hasta monotemático, pues todos juegan a lo mismo, sin embargo posee una belleza indiscutible, irrespirable a veces.

El sábado nos habíamos preparado con unción para ver un supuesto choque de trenes: Juventus-Napoli, en Turín. Napoli en la vanguardia con 56 puntos, la Juve segunda con 54. Napoli 8 victorias consecutivas, Juventus 14 triunfos en serie. Y las dos estrellas del torneo frente a frente: Higuaín (24 goles), Dybala (13). Un fiasco del tamaño de la Antártida. Nosotros nos quejamos cotidianamente de las ligas sudamericanas, pero qué feo es el Calcio, ¡Jesús…!… Si Juventus y Napoli son la guinda del pastel, cómo calificar al resto… Nunca entenderemos cómo un país que es la cuna universal del arte, refugio del buen gusto en moda, cocina, diseño, música, vinos, automóviles sea al mismo tiempo amante de un estilo tan rácano, áspero y mezquino.

Italia era la meca del fútbol. Cuando el país perdió el estado de bienestar económico ya no le fue posible contratar a las estrellas mundiales que engalanaban su campeonato. Decenas de brasileños, argentinos, alemanes, franceses, holandeses y todos los cracks recalaban en el Milán, el Inter, la Juventus, el Parma, la Roma, Fiorentina. España e Inglaterra le han quitado la primacía de los fichajes y el Calcio ha quedado raquítico de espectáculo. Casi se le ve el esqueleto. Ahora llevan veteranos de cierto renombre que han finalizado su contrato en ligas más pudientes por los cuales no hay que pagar pase. No obstante, el notable sentido competitivo del italiano lo lleva a protagonizar cada tanto una final. Y hace apenas diez años fue campeón del mundo de selecciones. Pero allí nunca habrá tiqui taca. Hay una cultura defensiva muy difícil de cambiar.

El jueves vimos en nuestra demacrada Libertadores un juego entre clubes de los que podríamos llamar los más desposeídos: Guaraní de Paraguay 2- Independiente del Valle de Ecuador 1. Resultó un juego entretenido con un final de alto dramatismo, sin el glamur del Arsenal-Leicester, pero valió la pena invertir esas dos horas.

Una vez más hemos visto en acción a Paul Pogba, una de las estrellitas de moda en el mercado. La Juventus y su representante insisten que quien lo pretenda debe hablar de 100 millones de euros para arriba. Creemos que es 80 por ciento marketing y 20 por ciento juego. El envase vale 100 millones, el contenido muchísimo menos. Un buen jugador. Punto.

JORGE BARRAZA

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