Las dudas que estremecieron de nuevo la economía global

Las dudas que estremecieron de nuevo la economía global

Al foco de China esta vez se le sumó la sensación de debilidad de la banca europea.

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13 de febrero 2016 , 06:51 p.m.

Érase una vez un país llamado China que durante 21 años creció a un promedio del 10,4 por ciento anual. Un país que, con ese empuje, podía duplicar el tamaño de su economía cada 7 años.

Y un día decidieron que no querían seguir sustentando su crecimiento en su condición de ser la ‘fábrica del mundo’. En cambio, para su desarrollo les apostarían más a los servicios y no tanto a la industria, y más al mercado interno y no tanto a las exportaciones, como quedó escrito en su duodécimo plan quinquenal, en el 2011.

China está, pues, en el trasfondo de la incertidumbre mundial, que el jueves se manifestó de nuevo en una caída de las bolsas de valores en casi todo el mundo; en el precio del petróleo más bajo desde enero del 2003, y –para tener un referente local– en el dólar más caro en la historia de Colombia, cuando la divisa rompió, por sexta vez este año, su marca absoluta.

La manera como China siembra el malestar radica en que el nuevo enfoque de su economía implica crecer menos. Al ser la segunda economía del mundo, el cambio de ritmo influye en todo el planeta. Por ejemplo, si se enfoca menos en la industria, la demanda de petróleo de ese país (o de acero u otras materias primas) ya no se incrementa como antes. A la perspectiva de una demanda debilitada de petróleo se le sumó el súbito incremento de la oferta, hace unos años, gracias a las tecnologías que permitieron hacer rentable los yacimientos no convencionales en Estados Unidos.

Por eso se acabó el ciclo de precios en aumento de las materias primas, y el petróleo aún no encuentra su piso.

Pero si China viene aflojando, el mundo asistía optimista a la consolidación del crecimiento en Estados Unidos. Por eso se esperaba un mensaje positivo de Janet Yellen, el miércoles y jueves, en el Congreso de ese país.

Yellen, como presidenta del Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), debe comparecer dos veces al año ante el Congreso. La Fed es el sistema de banca central que regula cuánto dinero se emite y circula, según las necesidades de producción, inversión y consumo de la sociedad, estimulando el empleo si es necesario y manteniendo a raya la inflación.

Pero en lugar del mensaje positivo, la frase de Yellen más ‘viral’, como dicen ahora, fue cuando dijo que la Fed tendrá en cuenta tasas de interés negativas si llega a ser necesario: “No las sacaría de la mesa”.

Con los intereses bajos se busca estimular, empujar. Si Yellen habló de tasas negativas es porque se necesita mucho estímulo, y quizás en la Fed están viendo muchos riesgos. Sus palabras no fueron, precisamente, el bálsamo de optimismo esperado, y ayudaron a la caída de las acciones en las bolsas ese jueves.

¿Y quiénes llevaron a Yellen a sembrar más incertidumbre? Pues, adivinen... ¡los chinos!: “Aunque los recientes indicadores –dijo– no sugieren una profunda desaceleración en China, las caídas en el valor exterior del yuan han intensificado la incertidumbre sobre la política de cambio de China y las perspectivas sobre su economía”. Y agregó: “Se han exacerbado las preocupaciones sobre las perspectivas de crecimiento global”.

Al ritmo de esas palabras, entonces, el jueves caían el petróleo y las bolsas. Tanto que se diría que en la Fed quedaron con la sensación de que se les fue la mano. Al menos ese es el sabor que deja la aparición, al día siguiente, de William Dudley, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York (la Fed es un sistema de 12 bancos).

Dudley asumió el papel de policía bueno, luego de que Yellen hizo del malo. Según Dudley, Estados Unidos ha ganado “bastante impulso”, lo que lo lleva a pensar que las tasas negativas no son “algo que deba ser parte de la conversación en este momento”.

Dicho y hecho. Las bolsas tuvieron un viernes de alegría, o al menos alivio, y el petróleo dio un salto de más de 12 por ciento.

Pero en la dura jornada anterior, la dosis amarga de Yellen no había llegado sola. En Europa, además de los temores globales, tenían las preocupaciones de entre casa. Por ejemplo, el sentimiento de que no ha dado resultados la estrategia de flexibilización cuantitativa, es decir, la emisión de dinero para estimular la economía mediante compras masivas de bonos.

Las grandes perdedoras en las bolsas europeas el jueves fueron las acciones de bancos. Por ejemplo, Société Générale, de Francia, perdió más de 12 por ciento, al igual que Ubi Banka, en Italia. En España, BBVA retrocedió más de 7 por ciento, y en Alemania, el Deutsche Bank bajó más de 6 por ciento.

Este último venía de anunciar en enero que en el 2015 había sufrido una pérdida récord de 6.800 millones de euros. Por lo tanto, su acción comenzó a acumular una caída a causa de las dudas sobre la rentabilidad del negocio y la necesidad de recapitalizarse.

La percepción sobre la debilidad de los bancos tiene relación, también, con la desaceleración. En otras palabras, si la economía avanza con dificultad, hay riesgos de que los deudores no paguen sus créditos.

Y esa vulnerabilidad se identifica especialmente con los bancos italianos. Las propias autoridades calculan en 225.000 millones de euros el monto de las obligaciones que podrían tener riesgo de pago.

Como sea, las tasas negativas que insinuó Yellen ya son un hecho en ciertas partes de Europa y en Japón. Otro golpe a los bancos que tienen que pagar intereses a sus clientes, pero, al llevar los recursos a los bancos centrales, no reciben intereses sino que pagan para que les reciban el depósito.

Varias jornadas negras

Las jornadas negras en los mercados han sido frecuentes en lo poco que va de este año. En la primera semana del 2016 hubo dos: el 4 y el 7 de enero, cuando las bolsas chinas tuvieron pérdidas de 7 por ciento y se suspendió automáticamente la negociación. En el segundo de esos días, la suspensión ocurrió cuando solo iban 15 minutos de negociación. La razón fueron los datos pobres sobre producción industrial, que detonaron el desplome en el gigante asiático para que luego las pérdidas se extendieran en los mercados del mundo.

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía de EL TIEMPO
En Twitter: @galmau

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