Las claves para entender la discusión sobre la reserva Van der Hammen

Las claves para entender la discusión sobre la reserva Van der Hammen

El Distrito quiere construir viviendas allí, mientras que ambientalistas critican el proyecto.

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12 de febrero 2016 , 11:26 p.m.

Desde el momento en que Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, anunció la construcción de viviendas en terrenos que comprenden la reserva Thomas Van der Hammen, en el norte de la capital, comenzó un fuerte pulso entre la actual administración distrital y los ambientalistas.

Por un lado, el Distrito asegura que Bogotá enfrenta un déficit de vivienda, y por eso ve necesario edificar residencias en zonas como los lotes sin arborizar de la reserva y así evitar el crecimiento desordenado de la ciudad.

Por el otro, los ambientalistas afirman que la capital perderá la oportunidad de tener un importante pulmón verde y un espacio de recreación si se llega a urbanizar la reserva.

Frente a estas dos encontradas posturas, ELTIEMPO.COM consultó a conocedores de la Van der Hammen, indagó los documentos oficiales sobre la reserva y revisó lo que hasta ahora se conoce de la propuesta del alcalde Peñalosa para entender este enfrentamiento que apenas comienza.

Primero lo primero: ¿de dónde nace la reserva?

Queda ubicada en el borde norte de la capital, entre las localidades de Usaquén y Suba, y la componen exactamente 1.395,16 hectáreas. En el interior de la reserva se encuentra el bosque de Las Mercedes, una zona vegetal del humedal La Conejera, la quebrada La Salitrosa y varios canales que alimentan al río Bogotá y al humedal Guaymaral.

*Conozca la ubicación de la reserva Thomas Van der Hammen haciendo clic en este mapa interactivo:

(Puede utilizar la opción Street View -arrastre el ícono amarillo dentro del mapa-)

El mayor promotor de la reserva fue el científico holandés Thomas Van der Hammen, uno de los mayores investigadores del ecosistema de la región Andina colombiana. En 1999, le propuso al Ministerio de Medio Ambiente crear un corredor ecológico que conectara los cerros orientales y el río Bogotá para así conservar la sabana de Bogotá, que ya estaba siendo invadida por proyectos urbanísticos.

Ese mismo año, ese ministerio convocó un panel de expertos –entre los que estaban ingenieros, arquitectos y el propio Van der Hammen- para evaluar una propuesta presentada del mismo Peñalosa en su primera alcaldía, idéntica a la que actualmente impulsa.

“El alcalde (Peñalosa) no ha dado un solo argumento diferente a los que presentó al panel de expertos hace 16 años”, comenta Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Medio Ambiente e integrante del panel de ese entonces.

La conclusión a la que llegó el panel de expertos, después de revisar los estudios científicos hechos en la zona donde actualmente se sitúa la reserva, fue que el ecosistema localizado allí tiene un gran valor ecológico y por eso debe ser protegido.

Basado en esto, el Ministerio de Medio Ambiente lanzó la resolución 0475 de 2000, donde le dio el estatus de área de preservación a esa zona de Bogotá y designó a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) como la responsable de su delimitación.

Pero fue hasta el 2011 que la CAR hizo la delimitación (acuerdo 011). Luego, en el 2014, organizó el plan de manejo ambiental (acuerdo 021), un pedido que le hizo el ministerio en el 2000. En el 2015, bajo la alcaldía de Gustavo Petro, la reserva fue declarada suelo de interés público (resolución 0835).

Y su valor ecológico es…

Thomas Van der Hammen fue el naturalista que más investigó el ecosistema de la sabana de Bogotá. En 1962 localizó y caracterizó los reductos de bosque andino en los alrededores de Suba y Usaquén. Con esa información, en 1977 presentó un mapa ante el Concejo de la ciudad para solicitar la protección de estas zonas verdes. Hasta el día de su muerte, en el 2010, el científico holandés no paró de indagar sobre la composición botánica de la reserva.

Entre 2010 y 2011, apoyados en el trabajo de Van der Hammen, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN) y la Universidad Nacional de Colombia realizaron un estudio. Con los resultados se pudo establecer que los suelos son propicios para el desarrollo de la agricultura. Además, en el terreno existen capas freáticas –agua de lluvia que se filtra en la tierra y crea depósitos subterráneos- y 486 especies vegetales.

En cuanto a la fauna, se logró detectar que es el hábitat de aves propias de la región Andina como la Tingua bogotana, el Chamicero, el Chirriador y el Cucarachero. También se identificaron 23 especies de mariposas, de las cuales dos fueron descubiertas en la reserva.

“Los suelos que existen son en sí mismo microsistemas. Allí existe una fauna edáfica (organismos adaptados a condiciones bajo suelo) que hasta ahora se está empezando a identificar. No solo son las grandes aves y los mamíferos, es todo un sistema que tiene elementos orgánicos e inorgánicos”, explica Julio Carrizosa, miembro de la ACCEFYN y del panel de expertos que convocó el Ministerio de Medio Ambiente en el 1999.

Ahora, ¿qué propone Peñalosa?

A finales de enero de este año, el alcalde Peñalosa presentó un ambicioso plan urbanístico que cuenta con el apoyo del Gobierno nacional. Se trata de ‘Ciudad Paz’, un megaproyecto para construir viviendas sobre 15.000 hectáreas distribuidas en el norte, occidente y suroccidente de Bogotá. (Lea también: La franja que pone a Peñalosa a defender su primer megaproyecto)

Según el Distrito, con ‘Ciudad Paz’ se pretende, primero, solucionar el déficit de 300.000 hogares que tiene la capital y, segundo, garantizar un crecimiento organizado de la misma. “Habrá 3 millones de habitantes más en el futuro”, aclara la Alcaldía en un video publicado en YouTube.

El megaproyecto está dividido en cuatro sectores denominados ‘sub-ciudades’: ‘Ciudad Bosa-Soacha’, ‘Ciudad Mosquera’, ‘Ciudad Río’ y ‘Ciudad Norte’. En este último se contempla desarrollar urbanísticamente 5.924 hectáreas de la sabana de Bogotá, entre las que se incluyen las 1.395,16 de la reserva Thomas Van der Hammen.

Peñalosa ha enfatizado en las últimas dos semanas que la mayoría de terrenos que comprenden la reserva son potreros y sectores donde no hay vegetación, y que allí podrían vivir 250.000 personas. Además, aseguró que su proyecto es conveniente para mejorar el medio ambiente y la calidad de vida de la ciudad, pues ‘Ciudad Norte’ tendrá senderos verdes y parques lineales.

¿Pero en la reserva sí hay potreros?

Aquí comienza la discusión entre el Distrito y los ambientalistas. En el plan de manejo ambiental creado por la CAR en 2014, se localizaron en la reserva Van der Hammen 108,54 hectáreas con vegetación y recursos hídricos. En las restantes 1.286,62 hay industrias, comercio, escombreras, residencias, colegios, vías, una clínica –la Corpas-, floricultivos y zonas agropecuarias. Así las cosas, el alcalde tendría la razón.

Pero el mismo plan establece que los terrenos en donde hoy no hay flora o fauna deben ser destinados a su recuperación y rehabilitación. “No es solo proteger unos árboles y algunos humedales, se trata de conservar todo el ecosistema de la sabana de Bogotá”, señala Carrizosa. (Lea también: Vecinos tercian en el debate por la reserva Thomas Van der Hammen)

De hecho, la CAR estipuló en la reserva cuatro áreas para llevar a cabo su readecuación: la primera es la zona de preservación, que equivale a 81,46 hectáreas y su objetivo es mantener los bosques, matorrales, canales y humedales. La segunda es la zona de restauración, que consta de 552,68 hectáreas donde se restablecerán, a largo plazo, las “condiciones naturales originales” del sector, indica el documento.

*En este mapa interactivo podrá conocer la zona de preservación:
- Sectores con el símbolo 'i' : bosques y áreas verdes.
- Sectores en azul: humedales y canales.

(Puede utilizar la opción Street View -arrastre el ícono amarillo dentro del mapa-)

“La rehabilitación no se puede hacer en 8 o 15 días, ni en el periodo de un alcalde. Es más, el mejor ejemplo es el parque Simón Bolívar (occidente de Bogotá). Al principio fue un proyecto del Gobierno nacional para reforestar esa zona que luego se entregó al Distrito. Pero vino a madurar 40 años después”, puntualiza Rodríguez Becerra.

Las otras dos áreas son la zona de protección al paisaje, que ocupa 138,28 hectáreas –en ese espacio se ubica la hacienda La Conejera, declarada Bien de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura en 2004-, y la zona de uso sostenible (622,73 hectáreas), en la cual se pueden realizar actividades productivas sin que afecten la biodiversidad de la reserva, tales como la agricultura y la ganadería controlada y la construcción de espacios habitacionales con ciertas restricciones.

Entonces, ¿sí se puede construir en la reserva?

Si se trata de nuevas edificaciones, no. En ninguna área establecida por el plan de manejo ambiental se puede construir vivienda, escenarios deportivos, centros para eventos sociales, instalaciones industriales o vías. Y menos se permitirán escombreras.

¿Pero qué pasará con las que ya existen? Algunas se mantendrán bajo ciertos parámetros. Es el caso de la clínica Corpas, que se quedará dentro de la reserva, pero no tendrá la opción de expandirse. Lo mismo ocurrirá con las unidades habitacionales no nucleadas –es decir, las que no corresponden a conjuntos residenciales-.

La CAR es la única entidad autorizada para aprobar la construcción de cualquier instalación, pero siempre bajo una premisa: que no afecte el ecosistema de la reserva, pues la prioridad es recuperar la vegetación y preservar las fuentes hídricas. “Parte de la restauración en esta zona de la sabana de Bogotá es crear bosques como los que habían en años anteriores”, asegura Rodríguez Becerra. (Lea también: Siete razones para no intervenir la reserva Van der Hammen)

Por su parte, Carrizosa pide que no se desechen los estudios de Van der Hammen y otros científicos por ampliar la ciudad en el borde norte. “De las 35.000 hectáreas que comprenden Bogotá, hay otros sitios donde se puede construir. Por eso estamos preocupados, porque si se construye allí se debilitará la política ambiental del país”.

JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS
Redacción ELTIEMPO.COM
jospue@eltiempo.com
En Twitter: @josedapuentes

Mapas: NICOLÁS CORTES MEJÍA
Redacción ELTIEMPO.COM
En Twitter: @Nicortes_m

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