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Incapacidad administrativa

Incapacidad administrativa

Es rara ya una obra sin problemas, en una infraestructura además atrasada.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de febrero 2016 , 04:57 p. m.

Es al revés considerar mala noticia el anuncio de una obra supuestamente de beneficio común. Aquí puede serlo: sobre emprendimientos de ese tipo se temen demora, sobrecostos, defectos, sospecha de algo mal contratado o ejecutado, atribuible a una administración incapaz o peor, pícara, como si quienes están para que se hagan bien obras necesarias, hay suntuarias, inconclusas, sean ineficientes o de mala fe. Más cuando está de por medio el Estado, del que se espera ampare el interés general de voracidad o atropello privados. Es explicable que en la opinión popular sobre todo haya desconfianza si no rabia con deshonestidad y desperdicio en manejo de riqueza pública.

Es contrasentido. Las obras son ingrediente de prosperidad, de la que primero se exige inteligencia y moralidad; pero no siendo así, si es productividad como sea, a eso reducida la orientación socioeconómica aun a costa de sociedad y naturaleza, no corresponde con dirección estatal y privada ineficaces en lo que es básico, infraestructura, otro índice de atraso o avance sociales como adecuación instrumental aun para desarrollismo brutal. Energía, agua, increíble en eso la sola posibilidad de repetición del racionamiento del gobierno de la apertura. Transporte, daño paradigmático: a mitad del siglo había tren, metro, vías de verdad en países avanzados; en Venezuela, para no ir lejos, autopista entre La Guaira y Caracas. Aquí no hay tal cosa. La productividad colombiana la transporta el monopolio de buses y camiones por vías viejas. El país se quedó sin tren ni barco.

La capital está bloqueada, sin metro. Un urbanista criollo ha sostenido contra experiencia más que centenaria de casi la totalidad del mundo que metro es incompetente y costoso, como si no fuera del Estado proporcionar y subsidiar traslado seguro, eficiente. Puede costar más la lentitud en rendimiento, combustible, polución, agresividad, accidentalidad. La proliferación peligrosa de motos es otro indicio de rebusque, la gente supliendo el Estado. En beneficio de alguien, la idea ha sido repletar de buses, igualmente agresivos, vacíos. Qué garantiza, si se acordaran los intereses sobre el gran negocio del metro, que serán capaces, con qué plazo, si habrá capacidad para carreteras modernas, sin pleito, bien pavimentadas, a diferencia de la Caracas o la autopista. Hay en la 94 o en la autopista un espectáculo inverosímil de desidia.

Del cerebro se espera que piense y administre bien. La dirigencia nacional, a la que se le otorga a veces demasiado en función de progreso, de empleo, no alcanza todavía la noción que sobreexplotación o administración inadecuada o deshonesta generan atraso, pobreza, violencia además. A una economía en mucho aún feudal le sería incluso más rentable un país bien empleado y remunerado, con infraestructura moderna. Pasa que escándalo nuevo haga olvidar el anterior. Nadie espera que la politiquería reconozca irresponsabilidad en contratación pública como palanca de subsistencia, pero tampoco abunda presión, opinión siquiera, gremial concernida o beneficiada directamente, en la que se dice hay profesionales educados en universidades costosas, incluso del exterior donde habrán visto planta, represa, autopista, metro, tren.

En Colombia ha habido mortalidad infantil, bastante, hace tiempo. Mucha por desnutrición. Algo es que mucha opinión se entere, difícil que se afecte o lo asocie con desorden.


Jorge Restrepo

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