Análisis: ¿protestar en TransMilenio para polarizar de nuevo a Bogotá?

Análisis: ¿protestar en TransMilenio para polarizar de nuevo a Bogotá?

En medio de la protesta, que es válida, unos aprovechan para pescar en río revuelto y sacar réditos.

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12 de febrero 2016 , 10:09 a.m.

La oleada de protestas contra el sistema TransMilenio está generando traumatismos en la ciudad que ni siquiera el alcalde Peñalosa se esperaba. O al menos no tan temprano. Él, que fue el inspirador del sistema hace quince años, ve hoy cómo uno de sus mayores logros es objeto de cuestionamientos, críticas y vandalismo.

Partamos de una verdad de a puño: el modelo TransMilenio es hoy por hoy la principal alternativa de movilidad para la gente. Pero se ha quedado rezagado ante el crecimiento de la ciudad, la falta de vías, la falta de estaciones, frecuencias, troncales y rutas alimentadoras. Eso es lo que la gente percibe en la calle. Y si le sumamos un alza en el pasaje que hacía cuatro años no se aplicaba, por supuesto que los ánimos se caldean.

Esa alza obedece a razones técnicas que el ciudadano del común no entiende y si las entiende no las acepta. La crisis de TransMilenio es producto de haber dejado crecer problemas como la renovación de la flota de buses, la integración tardía del SITP, la construcción de más troncales y estaciones, la seguridad y los colados. Si estos males se hubieran atacado a tiempo en las pasadas administraciones, hoy tal vez no estaríamos viviendo lo que estamos viviendo.

Esto representa, sin duda, un costo político para Peñalosa, que por ser la cabeza del gobierno se convierte en la figura más visible para cuestionar. Un costo político que empieza a pagar a solo mes y medio de haber arrancado su gobierno. Para algunos es injusto, pues, como decíamos, los males de TransMilenio no son de ahora y arreglarlos no se hace de la noche a la mañana. Pero otros hacen una lectura más elemental: que primero mejore el servicio y después sí se apliquen las alzas.

Tampoco se puede dar ‘papaya’, como se dice coloquialmente. Cerrar una estación atiborrada como la de Soacha para hacer obras, es como encender una mecha en una polvorería. La gente está susceptible y ante la menor disculpa se desencadena una indignación que no se sabe cómo termina.

Y en medio de este debate, que es más técnico, entra a jugar el factor político, es decir, quienes aprovechan una protesta que desde todo punto de vista es válida, para pescar en río revuelto y sacar réditos de la situación. Solo basta escuchar algunas declaraciones o leer algunas pancartas o ver los trinos que se ponen en las redes sociales para saber que la izquierda derrotada en los pasados comicios está presente. Y lo seguirá estando. Hoy las manifestaciones son contra TransMilenio, mañana vendrán las de los ambulantes, las de los territorios saludables y todas las que representen lo contrario al nuevo gobierno. Esa es su mejor arma, la más eficaz, la menos costosa y la más visible.

Y cuando la protesta social deriva ya no en reclamos ciudadanos sino en intereses netamente políticos, la ciudad cae en la polarización. Y eso es lo que no puede pasar, pues los ciudadanos se exponen a otros cuatro años de rifirrafes entre dos bandos mientras la ciudad se paraliza. A eso es lo que se está jugando.

La actitud de la Alcaldía no puede ser otra que atender el reclamo válido de los ciudadanos, abrir espacios, encontrar soluciones a corto y mediano plazo, explicar hasta la saciedad y no caer en la trampa de la confrontación. Porque una cosa sí es clara: a Peñalosa se le quiere convertir en el enemigo de los reclamos ciudadanos, quiere ser exhibido como el ‘monstruo’ de los desarraigados y eso es muy fácil de conseguir, no se requiere ningún esfuerzo para lograrlo, y lo saben bien los enemigos más reconocidos del mandatario.

La gran pregunta que queda es saber si la gente está dispuesta a darles espera a las soluciones que propone la Administración para mejorar el servicio de TransMilenio y qué hará el gobierno para no caer en la provocación. En tiempos de redes sociales, de transmisiones en directo, de celulares que todo lo registran, una imagen vale más que mil palabras y mil explicaciones. Afrontar esto con inteligencia, pulso firme y mucha creatividad a la hora de explicarle a la ciudadanía –a través de todos los medios posibles- lo que está sucediendo, es el desafío en estos momentos. Y parte de la fórmula incluye atender un solo frente a la vez y no cazar múltiples controversias de la que terminan alimentándose los ‘pescadores en río revuelto’.

Ernesto Cortés Fierro
Editor Jefe EL TIEMPO

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