Las contradicciones de un mundo globalizado

Las contradicciones de un mundo globalizado

Los 'problemas' se ven desde la tecnología, la economía y la sociedad, hasta la cultura y la ética.

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11 de febrero 2016 , 11:54 p.m.

La globalización podría haber sido un acontecimiento nuevo y muy positivo para la humanidad; el problema estuvo en el “cómo” se implementó, asunto más de forma que de fondo.

Sus principales opositores argumentan que este esquema se está dando en un solo sentido, desde el primer mundo hacia el tercer mundo, pero no viceversa. Los países poderosos quieren una apertura de mercados para sus productos en el tercer mundo pero, a la vez, aplican medidas proteccionistas para las materias primas del tercer mundo en sus mercados. No es equitativo el intercambio y solo agranda más la brecha entre uno y otros: el 75 por ciento del comercio mundial está concentrado en solamente ocho países, dato que confirmará las observaciones de los antiglobalistas.

Otra crítica apunta a que la globalización entraría en choque con aquellos elementos que distinguen a algunas culturas de otras, produciendo una homogeneización negativa para los individualismos nacionales, hecho que, como veremos más adelante, podría producir situaciones de alta tensión y conflictos de largo alcance.

La globalización cultural lleva equivocadamente a creer –a mi juicio– que una cultura es superior a otra. Los medios políticos y económicos posibilitan que los más desarrollados se sientan con el deber y el derecho de imponer principios ajenos a otras culturas como la democracia y el mercado, conceptos absolutamente occidentales.

Esto atenta contra rasgos individuales de algunas culturas con desarrollo político, económico y cultural diametralmente opuestos a occidente. Este choque entre individualismos y globalización cultural genera lo que magistralmente Huntington llamó "el choque de las civilizaciones".

Es una arrogancia política y cultural pretender que las demás culturas, la mayoría con más historia que la Occidental, deban convivir con sistemas políticos y económicos alejados de su idiosincrasia y tradición porque occidente (EE. UU.) cree, unilateralmente, que es lo mejor para ellos.

Los Derechos Humanos, concepto de origen occidental, es un ejemplo bastante paradójico de estas incongruencias; hay que inculcar el respeto a estos derechos fundamentales, pero no a sangre y fuego como en Irán o Afganistán, donde el fin ha justificado los medios.

El problema radica en que el mundo tras la Guerra Fría se uniformó, por lo menos en occidente, frente a ciertos principios que parecen inamovibles, como la democracia, los derechos humanos y la economía de mercado. Pero qué porcentaje de la población podría ser considerada de Occidente. Si consideramos las culturas milenarias de la India y China, ambas con más de 2.500 millones de habitantes, y a eso anexamos el mundo musulmán, nos daremos cuenta de que Occidente pretende globalizar culturalmente siendo minoría.

¿Por qué ellos estarían equivocados? ¿Quién nos dio a nosotros el monopolio de la verdad? ¿Acaso Occidente es el promotor de todo el desarrollo moderno? ¿Es que el cálculo y la trigonometría, instrumentos fundamentales de la ingeniería moderna, no fueron obra de la civilización árabe?

Es obvio, entonces, que no se puede uniformar culturalmente ni pretender pensar que la globalización, si bien positiva en algunos aspectos, debe neutralizar otras culturas.

Es complicado, en el plano cultural, imponer dogmas o verdades oficiales que carecen de legitimidad para la percepción de estos pueblos. Si el hombre occidental no lo entiende así, estaremos en presencia, por muchos años más, de la destrucción y el caos que las ansias civilizadoras de las potencias occidentales han llevado a muchos países.

Por: Fernando Cvitanic
Profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas
Universidad de La Sabana

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