Montecasino, la mansión de los Castaño, aún no puede venderse

Montecasino, la mansión de los Castaño, aún no puede venderse

El inmueble más valioso que administra el Fondo de Reparación de Víctimas vale $50.000 millones.

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11 de febrero 2016 , 07:57 p.m.

Montecasino, la lujosa mansión de los hermanos Castaño, donde jefes paramilitares ordenaron masacres, entrenaron a sicarios, planearon el exterminio de la Unión Patriótica y magnicidios, es el predio más costoso que administra el Fondo Nacional de Reparación a las Víctimas.

Allí se planearon los homicidios de Carlos Pizarro, líder del M-19 y Bernardo Jaramillo, candidato a la Presidencia de la Unión Patriótica, ocurridos en 1990; se hicieron las reuniones para conformar ‘los Pepes’ y así combatir al narcotraficante Pablo Escobar y al cartel de Medellín. Incluso, en la casona se reunieron los jefes paramilitares que financiaron masacres como la de Mapiripán, ocurrida en julio de 1997.

El bien, ubicado en la avenida El Poblado de Medellín, avaluado en 50.000 millones de pesos, sobresale entre los 1.312 inmuebles de excombatientes del país cedidos al Fondo, que busca reparar a las víctimas de un conflicto de más de 50 años.

Sin embargo, sin una extinción de dominio, su venta, que podría ser a través de una subasta, queda en vilo. Tampoco es factible usarlo como sede de la Unidad de Víctimas: su ubicación y su alto costo en mantenimiento, que supera los 20 millones de pesos mensuales, lo hace inviable.

Juan Camilo Morales, coordinador del Fondo Nacional para la Reparación a las Víctimas, explicó que el inmueble está bajo una administración provisional, mientras la Sala de Justicia y Paz de Medellín lo extingue completamente por medio de una sentencia a un exmiembro del clan Castaño.

Entre los 80 y 90, en esa mansión, de 31.000 metros cuadrados y que hoy luce deteriorada, vivieron los desaparecidos Fidel, Vicente y Carlos Castaño, fundadores de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

Al entrar al predio hay un camino rodeado de árboles. Es un túnel verde, hogar de ardillas y aves. Todo se siente tranquilo, pero al avanzar hay dos casas en ruinas, las paredes y pisos tienen agujeros, que abrieron guaqueros para buscar tesoros.

En una de esas casas hay cuatro cuartos subterráneos tipo celda, en los que solo cabe una persona de pie, que podrían haberse usado para torturas. También hay una cocina improvisada, al parecer para procesar coca, y un escalofriante cuatro oscuro, donde los Castaño tenían un tigre al que le arrojaban sus víctimas como presa, según dicen algunas versiones de paramilitares.

Esas casas, sin puertas ni ventanas, tienen humedades, escombros y unos largos y estrechos corredores. Al salir de ellas, el piso está totalmente cubierto de hojas que caen de los árboles.

A unos metros de allí, está la mansión en la que dormían los temidos hermanos, sobretodo Vicente y Carlos, el menor de los Castaño. Es un predio de casi 700 metros cuadrados, que guarda más secretos que verdades. Las rejas que rodean el antejardín replican las del Palacio de Nariño, con una imponente fachada y pisos de mármol blanco.

Lo único que detendría que ese bien quede en poder del Fondo de Reparación es que una persona se presente a reclamar el predio y demuestre despojo. Según explicó Morales, eso es poco probable porque hasta ahora no hay ningún tipo de reclamación, aunque no se descarta la posibilidad, pues ya ha pasado con otros inmuebles de exparamilitares.

La importancia de Montecasino, explicó el coordinador, es que falta financiación a la política de reparación de víctimas de Justicia y Paz. Eso lo demuestran las cifras: El 89 por ciento de las reparaciones se hace con recursos del presupuesto de la Nación, mientras que solo el 7 por ciento, con recursos de excombatientes.

De los 311 bienes de exparamilitares ubicados en Antioquia que administra el Fondo, 34 son de los hermanos Castaños, 22 en Girardota (área metropolitana) 10 en San Pedro de Urabá y dos en Medellín, además de Montecasino.

La mansión tiene ocho habitaciones, pero la más lujosa es la que usó el menor de los Castaño. Conserva un gran guardarropa. Lo que más llama la atención es el baño, enchapado en oro, con un jacuzzi en forma de concha y una bañera, que esconde un túnel.

En la casona hay techos y pisos falsos y caletas detrás de bibliotecas y paredes. También, túneles; uno conduce a una caja fuerte, y otro, a una habitación donde guardaban armas.

Cuando la casa era de los Castaño tenía una cava de vinos importados, obras de artistas de la talla de Miró, tapetes persas y vajillas chinas milenarias, de los que ya no hay rastro. La cava todavía se conserva, es subterránea y oscura, está entre una cueva de madera.

Por su historia también se propone que haya un centro de memoria histórica y un espacio de reunión, pero incluso las víctimas reconocen que por su alto costo es más conveniente su venta para que se invierta en la reparación.

Jorge Mario Alzate, director territorial de la Unidad de Víctimas, dijo que el “inmueble tiene altísimo valor simbólico, pero que por la necesidad de recursos, el Gobierno lo vendería”.

La extinción total podría tardar hasta tres años. Mientras tanto se arrendaría, por lo que la Unidad abrió una convocatoria para que empresas privadas o alianzas público privadas hagan propuestas para hacer uso de ese bien, que no solo deberá tener un uso comercial, sino también un espacio que incluya a las víctimas.

El director explicó, que Comfenalco Antioquia propuso alquilar el bien para instalar allí oficinas de la caja de compensación y un espacio simbólico, del que no hay detalles.

Teresita Gaviria, a quien paramilitares le desaparecieron su hijo y líder de Madres de La Candelaria, aseguró que aunque buscan una casa de encuentro, “lo ideal es que vendan la casa para las víctimas, que llevan años esperando por la verdad, justicia y reparación”, concluye.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Redactora de EL TIEMPO
Medellín

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