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Me duele Cartagena

Más que todo, me duele el desgreño administrativo de la nueva refinería.

Salvo Basile
Me duelen mis niños desnutridos del cinturón de miseria que aprieta a la Heroica.
Me duelen los jóvenes de los barrios que, no hallando qué hacer: sin trabajo, sin educación ni entretenimiento, no encuentran otra identidad sino en las pandillas con su códigos de mala vida y las estúpidas “fronteras invisibles”, pobres contra pobres.
Me duelen las putitas adolescentes, víctimas del despreciable turismo sexual.
Me duele la violencia intrafamiliar causada por la pobreza y la falta de educación.
Me duelen los invasores de Mar Linda y las condiciones precarias y absolutamente antihigiénicas en que viven centenares de familias en casuchas improvisadas sobre rellenos de basura.
Me duele la ciénaga de la Virgen, en peligro.
Me duele el sistema de caños y lagunas, que podría ser un perfecto sistema de transporte público acuático, y lo que es es una cloaca máxima.
Me duele la bahía, esta sí la más bella de América, y más me duelen los millares de toneladas de residuos y nutrientes que la envenenan y la secan día a día, inexorablemente.
Me duele el futuro próximo del Parque Nacional los Corales, de las islas del Rosario, cuya barrera está sufriendo un blanqueamiento de sus corales, ahogados por la contaminación que, a borbotones, un canal del Dique mal encauzado transporta a la bahía de Barbacoa, que trasvasa en el archipiélago del Rosario.
Me duele la idílica Playa Blanca, en inminente peligro de extinción por la invasión semanal de miles de turistas facilitados por el nuevo puente de Pasacaballo.
Me duele la desaparición de la vista del magnífico fuerte de San Felipe de Barajas, considerado una joya de la arquitectura militar en América, atiborrado de centros comerciales, edificios inteligentes y no, sin respetar ningún parámetro estético.
Pero, más que todo, me duele que con la enorme suma de dinero que significó el desgreño administrativo de la nueva refinería muchos de estos problemas se hubieran podido resolver, y más me duele que unos prohombres asistieron a este delito y no hicieron nada para impedirlo, y ahora van buscando un culpable como una aguja en un pajar.
Salvo Basile
Salvo Basile
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