La Guajira: caos de ayudas y coro ensordecedor

La Guajira: caos de ayudas y coro ensordecedor

Debemos escuchar, primero que nada, a las voces sensatas dentro de las comunidades indígenas.

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11 de febrero 2016 , 06:09 p.m.

“Jamü (el hambre) es un flechador certero, flecha las huellas de los caminantes en tiempos de sequía (‘Jouktale’ulu’). Pero el wayú huele el agua… Sueña, busca y encuentra el agua y, así, vence a Jamü”. Este relato pertenece al mito wayú y refleja la experiencia antaño de un pueblo autónomo frente a la sequía.

Hoy vemos a Jamü atacar, en cualquier tiempo, a la población más vulnerable, lo que muestra el tamaño de la fractura social wayú.

El caso de los niños muertos por causas relacionadas con la desnutrición en La Guajira requiere de una atención transversal y obliga a tratarlo con un enfoque diferencial urgente. Actualmente se atiende el estado de calamidad guajiro únicamente con códigos y terminología técnica-científica alrededor del efecto de esta tragedia, sin enfatizar en las causas interculturales de la misma.

Se vive un caos de ayudas de múltiples fuentes que terminan tropezándose entre sí, convirtiendo el territorio en un campamento de solidaridad inarticulado –con presencia de más de 20 organizaciones nacionales e internacionales–. Todo ello, agravado por el cubrimiento acelerado y ligero de los medios de comunicación nacionales, los cuales parecieran estar en una cacería de brujas sobre los responsables directos.

Ante tal panorama nos preguntamos ¿cómo convertir este caos de ayudas en un concierto codirigido con las comunidades afectadas? ¿En serio creen en alguna solución sin la determinación del pueblo wayú?

Debemos escuchar las voces sensatas dentro de las comunidades, que son inaudibles bajo el coro ensordecedor del cubrimiento mediático de la crisis.

Proponemos no perder de vista el enfoque diferencial, que nos permite detectar una correspondencia entre la pérdida de la autonomía territorial y cultural de la etnia wayú con el aumento de su dependencia laboral y administrativa de las instancias públicas del orden nacional y local. Esta dependencia se originó en la actitud del Estado colombiano de homogenizar las diferencias culturales y encapsular los conceptos religiosos de los pueblos originarios durante los siglos XIX y XX. Se organizó una avanzada de estandarización educativa hacia la población indígena creando ‘cercos civilizatorios’, en los cuales se argumentaba una salvación de las almas a cambio del abandono de ciertas prácticas ancestrales, así como la inclusión al voto en circunscripciones electorales departamentales y nacionales, con lo que quedaron sujetos a las veleidades y preferencias de la dirigencia política. Los ‘cercos civilizatorios’ respondían al modelo de la modernidad de los Estados nación en los cuales la oferta de los derechos fundamentales se circunscribía a la dotación de una educación nacional, economía de mercado, medicina alopática, soberanía militar, religión monoteísta y el concepto de la evolución lineal. Todo, entregado de manera unilateral. Muchos de los casos de desnutrición infantil wayú se presentan en globos familiares en donde la pérdida de la autonomía cultural y la ausencia de la fuerza espiritual originaria son notorias.

Se requiere, paralelamente con las asistencias de la emergencia alimentaria, de un proceso endógeno de reflexión colectiva y, a su vez, de un diálogo franco y vinculante entre las partes (gobiernos, población nacional y comunidades). Este diálogo deberá exponer el diagnóstico de la problemática en todas sus dimensiones y proyectar el diseño de un acuerdo horizontal en el cual la sociedad wayú restaure su saber agrícola milenario, el uso sagrado del agua, el control de la tierra y su valor espiritual. Se debe insistir hasta alcanzar un Acuerdo Esencial Wayú (AEW); por ejemplo, estimular la noción del ‘tejido del agua', práctica antigua que asocia el uso racional, el cooperativismo y los cultivos nativos colectivos.

Estos puntos son conversados entre ‘Alaülayuu’ (autoridades tradicionales), ‘Pütchipü’üirua’ (palabreros), ‘Ouutsü’ (sanadoras) y los jóvenes profesionales del pueblo wayú, los cuales exigen atenderse con preponderancia, aparte de las ayudas mil y de los estudios que solo giran alrededor de unas causas específicas como la sequía prolongada, la represa inconclusa de ‘El Cercado’, la corrupción político-administrativa, la incompetencia profesional, la dispersión de las rancherías, las prácticas contaminantes de las empresas extractivas, la deforestación perversa y mafiosa detrás del carbón vegetal, el ‘analfabetismo’ en la salud, la delincuencia juvenil galopante, el paramilitarismo empresarial y la crisis fronteriza guajira-zuliana.

Se pide que el cubrimiento de los medios sea reflexivo. Que los programas relacionados con la crisis alimentaria reconozcan que su naturaleza es por múltiples causas. Y escuchar, por fin, las voces del saber milenario del gran pueblo wayú, que hasta el momento han sido ignoradas.


Miguelángel Epeeyüi López-Hernández
amerindia@hotmail.com

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