El precio de la matrícula no es el problema

El precio de la matrícula no es el problema

Según datos del Ministerio de Educación, los estudiantes matriculados en pregrado han aumentado.

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10 de febrero 2016 , 11:16 p.m.

Si todavía no tiene entre sus planes este gasto, tenga en cuenta lo siguiente: para el primer semestre de 2016 el precio de la matrícula semestral en la universidad más costosa en el país alcanza los 14 millones de pesos, y casi 20 millones en el caso de Medicina.

Este valor sin duda podría alejar a las universidades de alta calidad de las familias de ingresos bajos y medios en el país y limitar el acceso a la educación superior a solo unos pocos bendecidos por la lotería de tener padres con recursos.

Sin embargo, la mayoría de los graduados le pueden confirmar que gran parte de la experiencia universitaria depende de la calidad intelectual de los compañeros con los que se estudie. ¿Por qué no incluir en estos altos precios el pago de la matrícula de alumnos excepcionales de bajos recursos? Después de todo, ¿cómo se atrae a los mejores? Permitiéndoles estudiar independientemente de su capacidad de pago.

Tener una educación universitaria sin duda constituye una ventaja para cualquier ciudadano, dada la importancia del conocimiento, las habilidades técnicas y el acceso a una red privilegiada para efectos laborales y sociales. Esto es algo que cada vez más los colombianos han llegado a reconocer.

Según datos del Ministerio de Educación, el número de estudiantes matriculados en pregrado se ha incrementado de manera sostenida en los últimos años, pasando de 1’587,760 alumnos en 2010 a 2’010,366 en 2014 (SNIES-MEN). Esto corresponde a un incremento de casi 27 por ciento en tan solo cuatro años. El aumento en la demanda es considerable en sí mismo, pero es aún más llamativo si se tiene en cuenta que se ha presentado a pesar de los crecientes precios de matrícula.

Aunque algunos me critiquen, considero que los altos precios de las carreras podrían justificarse desde un punto de vista distributivo. Siempre que uno defienda una posición poco popular, como lo es el lado “positivo” de los altos costos de la educación, va encontrarse con fuertes críticas. Pues bien, les pido que antes de ir a la sección de comentarios, lean mis argumentos.

El precio elevado de una educación universitaria no debería ser una traba al acceso para estudiantes de bajos ingresos, sino que más bien debería ser una oportunidad para los mejores estudiantes. Sabemos que las familias que tienen más ingresos están dispuestos a pagar una mayor suma de dinero para obtener la mejor educación disponible para sus hijos.

Sin embargo, la mejor educación no solo está determinada por las mejores instalaciones y los mejores profesores. Un componente esencial son los compañeros de clase. El costo de la matricula además de cubrir los gastos de profesores e instalaciones deberían incluir una prima por el privilegio de estudiar con alumnos que van a enriquecer intelectualmente a sus compañeros.

Con esto, unos estarían aportando dinero y otros prestigio académico, diversidad y un incremento en la posibilidad de resultados sobresalientes en investigación y mejoras en escalafones internacionales. Se deberían ofrecer paquetes de becas, completas o parciales, que permitan reclutar a los mejores independientemente del alto precio de la matrícula.

Darle la oportunidad a los mejores, sin importar la capacidad de pago, es un camino para incrementar cada vez más el nivel y la calidad de la educación. Esto es de suma importancia para un país como Colombia.

La educación de calidad tiene un sinnúmero de beneficios para los estudiantes que la reciben, y además se contagia al resto de la sociedad transformando no solo la vida de los estudiantes que la reciben, sino también de las personas que los rodean. La literatura económica ha demostrado que los trabajadores con más educación son generalmente más productivos, incrementando la competitividad y rentabilidad de las empresas, y estimulando a su vez el crecimiento de la economía de un país.

Esta literatura también ha resaltado los beneficios de la educación para el trabajador y la sociedad como ser más saludables, tener mayor estabilidad laboral y ser más comprometidos con la democracia y las instituciones cívicas.

Para lograr mejoras en términos de acceso a la educación superior se requieren políticas que van más allá de controlar el costo de la matrícula en instituciones de alta calidad. En tal sentido, nivelar la preparación de los estudiantes en educación primaria y secundaria debería ser una prioridad.

La falta de habilidades académicas y de motivación, en especial entre estudiantes de ingresos bajos, genera brechas significativas en las oportunidades para acceder a un programa de educación superior de alta calidad independientemente del costo.

El Estado debe garantizar la calidad de la educación a todo nivel de formación, desde la estimulación temprana en los jardines infantiles hasta la investigación científica en los programas posdoctorales, poniendo un fuerte énfasis en los primeros años donde se construyen las bases para un mejor rendimiento académico a futuro. Sin las herramientas adecuadas, acceder y mantenerse en un programa académico de una buena universidad va a ser casi imposible.

Silvia C. Gómez Soler
Profesora Área de Economía - EICEA
Universidad de La Sabana

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