La asamblea

La asamblea

La asamblea constituyente que piden las Farc es una imposición con enormes riesgos para el país.

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10 de febrero 2016 , 07:59 p.m.

Las Farc se han empecinado en rechazar un plebiscito y en exigir una asamblea constituyente. Para sus intereses tiene todo el sentido del mundo, podrán renegociar mucho de lo que les negaron durante la negociación. Para el país equivale a una imposición sin ningún tipo de correspondencia con los sentimientos de la sociedad, y con enormes riesgos.

La inconveniencia de una asamblea constituyente nace del propio rechazo de la población a las Farc, que hace que, de entrada, la idea tenga escasa legitimidad. Sobre todo si una parte de sus miembros son designados a dedo dentro de una lógica corporativa, que es lo que pretenden las Farc a sabiendas de que su pobre popularidad les daría apenas para unas pocas curules. Se trata, como lo son la mayoría de las exigencias de las Farc, de un chantaje. A cambio de parar una violencia que no le conviene a nadie, exigen mayor representación de la que merecen en una circunstancia en que la sociedad lo que reclama es la paz, no una nueva Constitución.

Aun así, si el afán de una constituyente fuera tan solo parte de la agenda de las Farc, no habría problema. No tienen el músculo suficiente para imponerla al resto del país. Lo preocupante es que otras fuerzas han aprovechado la oportunidad para hacer política con el asunto y, de paso, hacer factible la idea.

Era de esperar que un gran sector de la izquierda acompañara la iniciativa. Una constituyente cuyas curules son asignadas mediante asignaciones prefijadas a sectores específicos de la sociedad es la oportunidad ideal para sacarles jugo a los movimientos sociales. Bajo ninguna otra situación podrían tener mayor representación.

Lo desconcertante es que Uribe, tan crítico del proceso, se haya ahora sumado a la propuesta. Si alguien podría darle aire a la constituyente es él. La legitimaría inmediatamente, pues nadie puede acusarlo de ser cómplice de las Farc y cuenta con enorme respaldo popular. ¿Cuál es su apuesta? Sin duda, quitarle el control del proceso a Santos, ser él quien renegocie las concesiones a las Farc en la asamblea y liderar una nueva Constitución. Pero, más allá de los cálculos de Uribe, si la asamblea va, el escenario político será una cosa muy distinta en el futuro inmediato. La discusión no va a ser sobre quién será el próximo Presidente, sino sobre el modelo de Estado y de sociedad, algo en lo que Santos insistió que bajo ningún motivo estaría en discusión en La Habana.


Gustavo Duncan

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