La revista celebra sus 40 años con Claudia Elena Vásquez en la portada

La revista celebra sus 40 años con Claudia Elena Vásquez en la portada

Ella encarna el ejemplo de ese cambio que se da a los 40, cuando se tiene toda la vida por delante.

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10 de febrero 2016 , 09:44 a.m.

Son las 8 de la mañana y el día de Claudia Elena Vásquez comenzó hace rato. En apenas unos minutos atiende varias llamadas, envía mensajes de whatsapp, coordina actividades, toma fotos y, en fin, hace maravillas con ese teléfono inteligente que siempre está en su mano.

"Ella es una mujer 24/7", la define Walter Kolm, mánager del esposo de Claudia, Carlos Vives. Y Kolm atina, pues al parecer ella hace de todo, y todo lo hace bien: Esta mujer no solo tuvo una exitosa carrera como ingeniera química, sino que es la dedicada madre de dos niños –de 7 y 5 años–, una eficiente administradora y uno de los artífices del resurgimiento de la carrera artística de su marido.

"Soy muy organizada con la agenda y distribuyo muy bien los tiempos. Hago demasiadas cosas en un día y cambio mucho de mundo y de 'modos'", afirma ella entre risas.

"Puedo hacer el cambio fácil de una reunión sobre Carlos y el día a día de su trabajo como artista, a una con nuestra iniciativa por Santa Marta, que se llama Tras la Perla de la América, que busca transformar de manera positiva esta ciudad de aquí al 2025. Después asisto a un comité de obra o a reuniones en Gaira (café, restaurante y auditorio local musical de la familia Vives), voy por mis hijos, a mercar, almuerzo con amigas, estoy pendiente de los mantenimientos y cosas de la casa. Luego me subo en un avión... Mejor dicho, tengo cientos de roles en un día y todos me motivan y me apasionan".

De trabajar en un laboratorio y cumplir funciones específicas y un horario, pasó, luego de casarse con Vives, a ser motor fundamental en la carrera de uno de los artistas más importantes que ha producido el país y que ya es parte de la cultura e identidad colombianas. Y aunque ese giro podría ser costoso para muchas parejas, ambos –Claudia y Carlos– han encontrado el equilibrio.

"A pesar de que trabajamos juntos con ‘Charlie’ –como le dice–, buscamos puntos en común, nos consultamos diferentes asuntos y permanecemos juntos, pero no revueltos. En Gaira él tiene unas actividades y funciones muy definidas como director artístico, de publicidad, mercadeo y comunicaciones. Yo estoy más en la parte administrativa".

Claudia Elena tiene 40 años y luce mejor que dos de veinte. Con una energía arrolladora y un rostro que se ilumina con su sonrisa –aún más cuando en medio de la sesión fotográfica aparece Carlos, quien da un vistazo a la producción y se pierde entre los rincones de su hogar–, ella contagia a quienes la rodean, los hace sentir cómodos.

Por eso es común escuchar frases que la definen así: "Claudia es muy amorosa, y su amor es de esos que cuidan y ofrece a toda la gente que la rodea. Es generosa y se preocupa porque todos estemos bien", dice su hermana menor Isabel Vásquez. O: "Es una pacifista. Le gusta resolver los conflictos de manera sabia y siempre está velando por la tranquilidad de su hogar y su empresa, aunque es una persona muy ocupada", dice Guillermo Vives, su cuñado.

Hoy Claudia Elena mira hacia el pasado y concluye que el tiempo le ha traído un autoconocimiento profundo y una sensibilidad diferente. "A esta edad me siento muy bien, es un momento de mi vida de atención plena y conciencia sobre todo lo que me rodea. Me siento joven, pero con una madurez increíble", dice.

Entonces, en medio de la charla, sus hijos llegan del colegio y se lanzan a abrazarla y a llenarla de besos. Y en ese momento la ejecutiva exitosa, la mujer que posa para la portada de una revista, la que resuelve problemas y atiende un sinnúmero de reuniones, se convierte instantáneamente en una versión más privada y tierna de sí misma: se convierte en mamá.

"A esta edad me siento muy bien, es un momento de mi vida de atención plena y conciencia sobre todo lo que me rodea. Me siento joven, pero con una madurez increíble".

¿Cómo logra ese equilibrio que todos le admiran?

He hecho mucho trabajo espiritual. Pero como todo el mundo, tengo miles de defectos. Por ejemplo, a veces quiero que las cosas se den de un modo y cuando caigo en cuenta de que estoy controlando demasiado, lo suelto. Y en ese sentido el amor es absolutamente clave: he entendido que hay que amar y respetar al otro en su libertad.

Cuando se le pregunta a Carlos por su exitoso renacer como artista siempre le da el crédito a usted... ¿Cómo logró esto?

A él le encanta el escenario, es feliz de tour, pero le faltaba un motor que lo impulsara a hacerlo. Esta industria ha cambiado muchísimo, y Carlos ha vivido todo lo que ha pasado en los últimos 25 años. Yo, viendo semejante artista, que escribe letras hermosas, le pregunté qué quería hacer y él me dijo que quería volver a dar conciertos. Entonces, yo no sabía de esa industria, pero empecé a aprender. Andrés Castro –su productor– me recomendó muchas cosas, nos empezamos a mover, después conocimos a Walter y él empezó a agregar gente al equipo, al dream team.

¿Cómo mantener la motivación después de estrellarse con un trabajo como Clásicos de la Provincia II, que no tuvo punto de comparación con Clásicos de la Provincia I?

Ese momento no fue fácil. Pero la motivación fue verlo a él en el lugar que se merece. Le pregunté dónde quería escribir su disco para que la inspiración fluyera, y escogió Santa Marta... pero quería verlo otra vez escribiendo música. Le decía que me hacían falta sus canciones, pues finalmente Clásicos II fue un trabajo musical con unos arreglos increíbles, pero no tenía letras de Carlos.

Me acuerdo que viajamos hasta allá, luego vine a Bogotá a organizar cosas de la casa y a pensar cómo íbamos a sacar esto adelante. A la semana volví a Santa Marta y me cantó Volví a nacer y me fascinó. Después escuché La foto de los dos y Bailar contigo, que las hizo en el primer mes. Posteriormente Michel Teló nos llamó, y fue hasta allá.

¿A qué se dedicó mientras su esposo componía?

A estudiar. Llamé a José Aristizábal, el hermano de Juanes. Me prestó un libro de la industria de la música, y yo le preguntaba por el tema contable, por las regalías. No tenía ni idea de este negocio, que es complicado y tiene mucho movimiento, pues solo escribir una canción tiene cuatro derechos diferentes. Y, bueno, hasta ahora estamos entrando a Sayco. ¡Carlos nunca había sido autor Sayco!

Y luego de aprender sobre la industria, ¿qué pasó?, ¿sintió temor frente al reto?

Sentí una confianza absoluta, sabía que íbamos a hacer una cosa muy buena. Buscamos al abogado apropiado, al equipo que necesitábamos, y ‘Charlie’ volvió a hacer televisión en La Voz Colombia (2012). Me encanta estar detrás y hacer que él salga perfecto. Mi rol es el de productora.

Aparte de impulsar la carrera de su esposo y de ser una mujer exitosa, es madre de dos niños.

Ser mamá es lo máximo, ¡amo a mis hijos! Son seres humanos maravillosos. Ha sido todo un proceso, desde la lactancia... Los veo y pienso que el tiempo pasa muy rápido. La niña –Elena– tiene 7 años, y él –Pedro– 5. Vivo pendiente de sus cosas, los motivo y los llevo a clases para que descubran sus talentos. Me gusta mucho la disciplina, soy muy organizada con ellos. También soy un poco psicorrígida con los aparatos electrónicos. Somos 'musicólogos' y vamos juntos a conciertos. En casa tienen su espacio para pintar y Carlos es el curador de arte. Al final del día nos metemos en la cama y leemos en familia.

Carlos tiene dos hijos mayores que ya son adolescentes. ¿Cómo es esa relación con ellos?

Tenemos una relación muy cordial con Carlos Enrique y Lucía. Con él hay una relación muy formal; no pretendo ser ni la mejor amiga ni la consejera, aunque saben que ahí estoy. Lucía vive en Nueva Orleans, es artista, está empezando a cantar y a producir. Vive feliz y es un ser independiente en todo sentido. Mis hijos los adoran, son sus hermanos. Se le tiran a Carlos Enrique y le dicen 'Caco', y Lucía es el modelo a seguir de Elena. Se quieren mucho y qué rico que crezcan como hermanos, a pesar de que haya una brecha generacional tan grande. Cuando compré ese paquete que se llama Carlos Vives, sabía que era el paquete completo, que venía con sus dos hijos, con una vida anterior, con su pasado con Herlinda (su exesposa puertorriqueña), y todos son bienvenidos. Cuando vamos a Puerto Rico la familia está, y yo los respeto y los acojo.

¿Cómo es como esposa?

Vivo pendiente de todas las cosas de Carlos y soy cariñosa. Cuando me pongo controladora, me calmo.

Carlos se apoya mucho en usted...

Somos un buen equipo de trabajo. Me siento a explicarle números, cuentas, impuestos, porque quiero enterarlo. Pero el artista al final necesita sentarse a vivir su arte. Él no está para reuniones, aunque cuando se necesitan decisiones muy grandes él sí asiste, pues al final es quien tiene la última palabra.

¿Musicalmente en qué están trabajando ahora?

Estamos haciendo el MTV Unplugged del nuevo disco, y Pombo Musical 2, el disco para niños que salió en la Feria del Libro.

Otra cita es los Premios Lo Nuestro. De alguna manera el reconocimiento que su esposo recibirá también es unpremio a su labor...

Carlos va a recibir el Premio a la Excelencia, que es un galardón que entregan cada año. Hemos preparado una presentación muy especial, con varios amigos artistas colombianos invitados a cantar, un momento de colombianidad único.

También están trabajando en un proyecto para recuperar a Santa Marta…

Sí, se llama Tras La Perla de la América y es una iniciativa para unirnos y pensar en la transformación de esta ciudad y hacerla sostenible. Santa Marta cumple 500 años en el 2025 y estamos apuntándole a que sea diferente de aquí a nueve años, a que haya una oferta turística amigable con el medio ambiente, pertinente con la comunidad, con la población, con la alcaldía y la industria privada. Carlos ha sido pieza clave, líder y mentor de la iniciativa, y la idea es que podamos articular y dinamizar el trabajo entre todos.

Hoy las mujeres a los 40 años son modernas, propositivas, empresarias...

Sí. ¡Así soy!

También son lindas porque se cuidan...

Soy muy consciente de mi cuerpo, de ese ‘paquetico’ en el que vine a disfrutar la vida, y parte de esa conciencia me invita a cuidarlo con lo que como, haciendo ejercicio, meditando. Siempre miro las etiquetas de los productos y busco que todo sea natural. También les he enseñado a mis hijos a leerlas y a explicarles a sus amigos si lo que se están comiendo realmente los va a nutrir. Les digo: 'Ustedes son lo que comen, si comen chucherías se vuelven una chuchería y su cuerpo estará débil y malnutrido'.

¿Cómo se ve al mirarse al espejo?

Como una mujer hermosa, inteligente, positiva, capaz de todo lo que se propone.

¿Cómo es una mujer 10?

Una mujer que se quiere, que se cuida, que cultiva su cuerpo, su intelecto, su corazón y su espíritu. 

CRISTINA ESTUPIÑÁN CH.                                                                                                                                Twitter: zcristinaech

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