Zika y aborto

Zika y aborto

Insólita la parquedad de nuestro sistema de salud ante la vida de una mujer no informada o temerosa.

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09 de febrero 2016 , 07:58 p.m.

Sí, zika y aborto, dos palabras que se deben aprender a conjugar juntas. Es que estamos ante una emergencia internacional de salud pública, y no lo digo yo, lo dice Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud: “Existe una relación fuertemente sospechosa entre el creciente número de alteraciones neurológicas y la expansión del virus del zika en América”.

Sé que hemos podido leer algunas columnas de opinión sobre el tema en varios diarios del país. Sin embargo, parecería que sigue siendo difícil explicar con claridad que en Colombia se permite que las mujeres sean autónomas para decidir si interrumpen o no su embarazo en caso de que hayan sido víctimas del virus del zika, aun cuando la relación no esté del todo probada.

Y solo en estos casos una mujer puede saber lo que significa esta duda, una duda más que razonable y suficiente para que tome la decisión, si es el caso y si es su decisión, de abortar. E insisto sobre este hecho: ella es la única que puede decidir, y nadie más, por ella.

Colombia tiene un fallo de la Corte Constitucional (C/355) que ya va a cumplir 10 años en mayo próximo, un fallo que le otorga esta posibilidad. Nuestra causal salud está amparada por la definición de la Organización Mundial de la Salud y significa entonces que la salud no se limita a lo físico, sino que es y debe ser un estado de bienestar completo, físico, mental y social que tiene una persona. Y, además, tenemos la causal de malformación del feto, a diferencia de Brasil, país que no contempla ninguna de estas dos causales que menciono.

Quisiera, entonces, y a este propósito, abordar un tema casi nunca, por no decir nunca, abordado por las numerosas entrevistas y opiniones relacionadas con el debate sobre el virus del zika. Y me refiero a lo que significa la vida de una mujer cuidadora de un bebé, de un niño o de una niña, y, en fin, de una persona con un diagnóstico de microcefalia. Y digo una mujer porque ya sabemos que en más del 95 por ciento de las veces son las mujeres y, en la gran mayoría de los casos, una madre, quienes deben empeñar casi totalmente su vida al cuidado de esta persona.
Son décadas de cuidados diarios, de una disponibilidad total o casi total a ese ser que la necesita, una vida dedicada día y noche y, en fin, un cuidado que no tiene ni domingos ni respiro posible.

Ese es el riesgo que toma toda mujer embarazada hoy, víctima del virus de ese maldito mosquito. Y sí, hablo de riesgo, no estoy hablando de certidumbre en relación con lo que le espera. Todavía la OMS habla de “una relación fuertemente sospechosa entre el creciente número de alteraciones neurológicas y la expansión del virus”.

Y pregunto yo: ¿no es suficiente esto para hablar claro y fuerte, es decir, para informar de manera precisa y sin doble moral por parte de los prestadores de salud, de las EPS e IPS, de las posibilidades que tienen las mujeres colombianas que hacen parte de este grupo, de abortar en la legalidad y en el respeto?

Y me parece insólita la parquedad de nuestro sistema de salud ante lo que puede significar la vida de una mujer no informada o temerosa, jugando a la ruleta rusa con su vida y la del futuro niño o niña que espera. Por eso se hace urgente concretar las acertadas declaraciones del ministro Alejandro Gaviria en una contundente directriz para todos los prestadores de salud en Colombia.

Florence Thomas
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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