Secciones
Síguenos en:
Assange, en el encierro

Assange, en el encierro

Es insólito que Suecia e Inglaterra desconozcan el fallo de la ONU sobre el fundador de Wikileaks.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de febrero 2016 , 08:22 p. m.

El fundador del portal Wikileaks, Julian Assange, da una rueda de prensa desde el balcón de la embajada de Ecuador en Londres, Reino Unido. Foto: EFE / 5 de febrero de 2016

Ha dicho el grupo de trabajo especializado de la ONU que “la detención de Julian Assange es arbitraria”. Y el altivo Assange, quien se dio a conocer por revelar desde Wikileaks los secretos de los Estados más poderosos del mundo y a partir del 2012 se encuentra refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres para defenderse de unas acusaciones de violación y abuso sexual que aún no han sido probadas, se ha declarado “reivindicado” en un video enviado por las redes y en un breve discurso desde el balcón del edificio de la misión de Ecuador, pues “la ilegalidad de mi detención por fin ha sido resuelta por la ley”.

Sin embargo, Suecia e Inglaterra, los países que han cercado a Assange desde las acusaciones, se han atrevido a rechazar vehementemente la decisión: Edward Snowden, el agente norteamericano refugiado en Rusia desde que reveló secretos de su propio gobierno, escribió en Twitter, sobre la objeción de suecos e ingleses, que “es un pasaporte para que cualquier dictadura rechace los mandatos de la ONU”, “un peligroso precedente”. Hace apenas seis meses, en agosto del 2015, se daba por todos los medios la noticia de que la Fiscalía sueca retiraba los cargos de agresión sexual contra Assange, y se ponía en duda el futuro del caso de violación, que, en cambio, solo prescribiría en el 2020. Y en octubre del año pasado los ingleses tomaron la decisión de dejar de vigilar la fachada de la embajada de Ecuador.

Así que la reacción ante el fallo del grupo de la ONU hace ver a Suecia e Inglaterra como dos vengadores que no ven nada de extraño en el hecho terrible de que un hombre al que no se le ha probado nada esté cumpliendo cinco años de “restricción contra su voluntad”. Puede que Wikileaks, centrado en el loable propósito de conseguir la transparencia de los gobiernos para evitar las conspiraciones, haya sido nublado por las veleidades ideológicas y el maniqueísmo de Assange –que no esconde su desprecio por las democracias occidentales–, pero resulta insólito que un par de países tan progresistas desconozcan las decisiones de las demás naciones.


editorial@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.