Historia ejemplar de una mujer a la que una bici le cambió la vida

Historia ejemplar de una mujer a la que una bici le cambió la vida

Todo lo ha tenido que 'guerrear': desde la enfermedad de su hijo hasta los trancones de la ciudad.

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08 de febrero 2016 , 08:14 p.m.

Sacar la bicicleta de un corredor empedrado, de vías que parecen trochas, batallar contra mulas y camiones que se le atraviesan y hasta esquivar los obstáculos de las ciclorrutas no son problema para Martha Patricia Neva, de 28 años.

Todos los días toma su bicicleta –que es prestada–, deja a sus tres hijos en el colegio y sale desde San Cristóbal Sur hasta su trabajo que queda en Fontibón. Una hora le cuesta llegar, pero ella agradece siempre el día en que se le ocurrió hacer el intento. Es duro, pero así ha sido siempre su vida.

Llegó a Bogotá con su familia, oriunda de Soracá (Boyacá), cuando tenía 10 años. “Mis padres se dedicaban a cultivar, pero ellos querían un cambio de vida y sí que lo tuvimos. Mi papá no tuvo trabajo por mucho tiempo, le tocaba rebuscarse la vida en Corabastos”.

Entonces vivieron durante mucho tiempo en Bosa, incluso después de que su padre la dejó a ella y a su madre y les tocó asumir la crianza de otros tres miembros de la familia. “Me tocó trabajar desde los 14 años en casas de familia, me cogían aprecio porque yo sé planchar muy bien y soy honesta. Así fue que le pude ayudar a mi mamá, pa’ delante es pa’ ya”, recordó Martha.

Así lograron conseguir una pieza más grande para vivir, eso sí, a costa de sus estudios, pues Martha solo pudo completar décimo grado. “Es que mientras mi mamá trabajaba a mí me tocaba cuidar a los niños y cocinarles”. Pero a los 17 años conoció al padre de sus dos hijos mayores y aunque al comienzo parecía que iba a tener la familia que siempre anheló, las cosas cambiaron. “Él me obligaba a quedarme encerrada en la casa. Le decía a la dueña que me vigilara y que le dijera si yo ponía un pie en la calle. Tampoco me dejaba ir a donde mi mamá. Yo estaba desesperada”.

Ella debe dejar a sus hijos en el colegio, antes de llegar al trabajo. Luego recorre más de 20 kilómetros para desplazarse hasta su casa.

Cuando la situación pasó del encierro a los golpes ella cogió su coche y sus dos niños y regresó a donde su madre. Le tocó comenzar a trabajar en una empresa de grecas. “Me las arreglé para aprender a soldarlas y a armarlas. Allá trabajé un año largo hasta que mi hijo se enfermó”.

Su hijo mayor no escuchaba, los tímpanos se le habían roto a causa de un golpe, entonces comenzó la lucha para que la EPS le colocara un implante coclear que podía costar 70 millones de pesos. “Me tocó pasar tutelas, hacer de todo para que se lo dieran, a mi hijo lo querían mandar a un colegio de niños especiales. Yo no iba permitir eso, me tocó guerrearla”.

Luego nació su tercer hijo, pero la relación tampoco funcionó así que se quedó al frente de un hogar con tres niños para sacar adelante.

El recorrido

Hoy Martha trabaja en una importadora de cervezas en Fontibón. Allá está pendiente de los pedidos, los alista, acomoda estibas, hace de todo un poco. Los primeros días de trabajo fueron una pesadilla. “El trancón desde mi casa en San Isidro hasta mi trabajo era terrible. Yo podía salir a las 5:45 de mi casa, pero llegaba tarde a trabajar. Entraba a las 8 de la mañana”. Lo mismo pasaba cuando regresaba a su casa. “Yo salía a las 6 de la tarde y podía llegar a las 9 o 10 de la noche a mi casa y subir la loma caminando”.

Entonces, un día vio algunas bicicletas parqueadas en la empresa en donde trabaja y se le ocurrió que podía hacer la prueba. “Le dije a mi jefe que me la prestara. Recuerdo que me dijo que si quería que me matara un carro. Pero él es muy amable y me la prestó a pesar de que le daba miedo que me pasara algo”.

Martha es madre cabeza de familia de tres hijos menores de edad. Todos viven en una pieza en el barrio San Isidro, en la localidad de San Cristóbal Sur.

Entonces comenzó a salir de su casa a las 7 de la mañana, eso sí, no sin antes dejar desayunados y arreglados a sus hijos para enrutarse hacía sus colegios. Después coge por la pared del Apogeo, busca la 86, llega hasta Corabastos, luego recorre un tramo de la avenida Las Américas hasta el Tintal. Luego una ciclorruta la lleva a la Zona Franca y de ahí llega a Fontibón donde está la vía que la conduce a la empresa donde trabaja, en la carrera 103 n.° 23D-52.

Martha nunca ha sufrido un accidente, dice que es muy cuidadosa, que siempre mira de lado a lado y que respeta todas las señales de tránsito. “Eso sí, lo más difícil es el sector de Abastos porque salen muchos camiones y mulas.

También les tengo miedo a algunos taxistas porque no respetan a los ciclistas”. Solo una vez se ha estrellado por culpa de un joven que transitaba en contravía.

Un cambio de vida

No fue difícil que Martha se diera cuenta de su cambio de vida. Redujo en dos horas su recorrido y dice que ya no tiene que aguantarse los apretones del transporte público, ni caminar cuadras enteras y empinadas para llegar a su casa. “Ahora puedo hacer tareas con mis hijos. Me gasto solo una hora en llegar”, contó. ¿Y llega muy cansada?, Martha responde que nunca como cuando llegaba en bus. “Me acuerdo que me ponía brava, me dormía refunfuñando. Ahora llego activa a alistarles las cosas a mis hijos, a hablar con ellos, a hacer todas esas cosas que un trancón diario me quitaba”.

Ella dice que la gente pelea mucho por el tráfico, pero que poco hacen para buscar soluciones. “Yo le digo a la gente que deje la quejadera, que montando en bicicleta no solo mejoran el aire de Bogotá, sino que hacen deporte y ahorran tiempo y dinero”.

Esta mamá no se va a trabajar sin antes dejar a sus niños en el colegio. Lo único que le preocupa de su nueva casa es conseguir cupo en colegios cercanos.

Esta boyacense se gana el sueldo mínimo, unos 680.000 pesos. Antes tenía que sacar 120.000 pesos para transportes mensuales que se le acumulaban con los 230.000 pesos que le cuesta la pieza en donde vive con sus tres hijos. “Ese ahorro me sirve para los gastos de los niños”. Al alcalde Enrique Peñalosa le dice que siga prestando bicicletas en la calle y que habilite más ciclorrutas.

El jefe de Martha, el testigo de todo su esfuerzo, no dudó en inscribirla cuando escuchó que el centro comercial Palatino, con su programa Hogar Nuevo para Familias Ejemplares, estaba sorteando un apartamento. “Un día comenzó a preguntarme los datos y pues yo se los di. Nunca pensé que me fueran a llamar, y sí, en diciembre me dijeron que me había ganado un apartamento en Ciudad Verde”.

Su esfuerzo diario llegando en bicicleta hasta su trabajo caló en la gente que la conoce y por eso quieren ayudarla.

Los sueños de Martha no paran, igual que su bicicleta; dice que algún día terminará su bachillerato y estudiará administración de empresas. “Si pude con la bici, podré con muchas otras cosas”.

Su esfuerzo conmovió a centro comercial

Esta boyacense y sus tres hijos tendrán casa propia gracias a un programa de responsabilidad social del centro comercial Palatino llamado Familias Ejemplares, que desde el 2009 busca familias humildes de Bogotá para donarles un apartamento nuevo. Y la de Marta estrenará uno de 45 millones de pesos ubicado en Ciudad Verde, en el municipio de Soacha. La iniciativa se desarrolla desde 2009 en alianza con Constructora Amarilo y 'W Radio'.

Su historia fue postulada por William Yesid Cañón, gerente comercial de la empresa donde Martha trabaja.

*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO

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