Editorial: Último llamado

Editorial: Último llamado

Como gesto de voluntad de paz, el Eln debe liberar a los secuestrados en su poder.

08 de febrero 2016 , 07:48 p.m.

Cómo disuena la actitud asumida por el Ejército de Liberación Nacional (Eln) en estas últimas semanas. Mientras crece la sana ansiedad entre los colombianos por ver muy pronto la firma de un histórico acuerdo de paz con las Farc, un escenario diametralmente opuesto es el que se vive en el intento de que los hombres de ‘Gabino’, dicho coloquialmente, se suban al bus de la paz.

Asumiendo una postura que no es nueva, pero que sigue siendo tan inaceptable como estéril para sus propósitos, este grupo ha optado por intensificar acciones criminales, queriendo demostrar fortaleza en la antesala de una negociación cuya fase exploratoria acumula ya varios meses.

No parece importarle que se trata de prácticas detestables, como el secuestro, y de acciones, como el ataque con ‘tatucos’ del domingo en la noche a la Brigada 18, con sede en Arauca, cuya superación definitiva está en el nervio mismo de la esperanza de paz que día tras día se hace más robusta entre millones de colombianos.

De ello no parece ser consciente el comando central de esta agrupación. Tampoco del riesgo que corre su causa de perder, ante la gente y el Estado, cualquier posibilidad de reconocimiento de su carácter político.

Y es que en algo hay que ser claros: cuanto más avance la implementación de los acuerdos con las Farc –que en su esencia tienen más similitudes que divergencias con las transformaciones que supuestamente el Eln pretende lograr con las armas–, con menos sustento ante los colombianos y la comunidad internacional contará la decisión de esta guerrilla de permanecer en armas. En consecuencia, más sentido tendrá el que comience a ser vista y tratada como un grupo dedicado a actividades como el contrabando, la minería ilegal, la extorsión y el secuestro, sin más fin que el de fortalecer un emporio criminal. Una banda criminal más.

Tal tránsito podría ser más complejo, y seguro presentaría más obstáculos en el debate público para que esta organización logre demostrar que es ajena a las anteriores conductas. Pero no es así. Es evidente que las maneras como hoy se financia no difieren mucho de las de aquellas bandas cuyo combate está llamado a ser prioridad de la Fuerza Pública en el posconflicto.

De esa disyuntiva deberían tomar nota también en Miraflores. A juzgar por los frecuentes y bienvenidos pronunciamientos de Nicolás Maduro y otros funcionarios del Gobierno venezolano en respaldo del fin del conflicto en Colombia, y entendiendo que este incluye al Eln, es de esperar una actitud positiva, alejada de decisiones que en determinado momento lleven a que esta guerrilla se margine del esfuerzo de paz y termine no solo excluida, sino con estatus meramente criminal.

Bien haría, pues, el Eln en liberar a los secuestrados en su poder, como gesto de paz, y retomar las conversaciones exploratorias. Proceder en este sentido no solo despejaría dudas sobre su cohesión interna, sino que enviaría la esperada señal –que la opinión sabrá reconocer– de que sus comandantes tuvieron la sensatez de ver en esta coyuntura una oportunidad tal vez irrepetible, a través del diálogo y los votos, de recorrer el camino de transformaciones que Camilo Torres trazó.

editorial@eltiempo.com

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