Aguafiestas

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Muy difícil la labor que le queda por delante al embajador Juan Carlos Pinzón.

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07 de febrero 2016 , 06:28 p.m.

Dice el Gobierno que la nueva ayuda de Estados Unidos a Colombia cuenta con el apoyo bipartidista del Congreso norteamericano. Un cuentazo que no se cree ni el propio Santos, ni los lagartos que viajaron con él a Washington, ni el centenar de tripulantes del avión enmermelado. Solo las reinas de belleza que se pasearon como ganado de exposición en la Casa Blanca se comen ese pajazo.

Y es que de los 57 congresistas que respaldan el proceso de paz en La Habana, solo uno es del partido Republicano: Joseph Pitts, representante de Pensilvania. El resto –56 en total— son del partido Demócrata, el mismo del presidente Obama. Hay que ser muy ingenuo para pensar que eso es contar con el respaldo de ambos bandos (ver carta de apoyo).

Y es que ni siquiera los demócratas que apoyan la nueva versión del Plan Colombia lo hacen sin reparos. Les preocupa el incremento en las tasas de homicidios y amenazas contra defensores de derechos humanos: sindicalistas, periodistas, líderes comunitarios, indígenas y afrocolombianos. También critican el ascenso a generales de varios militares que están bajo investigación de la Fiscalía por asesinatos extrajudiciales. “¿Esos van a ser los mismos que en el posconflicto van a cuidar a la sociedad civil de crímenes y abusos?”, se preguntan en la carta enviada a Obama.

Pero eso no es nada comparado con el odio jerocho que sienten los republicanos hacia Obama. Todo lo que propone se lo bloquean al instante: el cierre de Guantánamo, el levantamiento del embargo cubano, los refugiados sirios, el control de armas, la reforma migratoria, el acuerdo nuclear con Irán, el Obamacare. Obama tiene que brincarse el Congreso con acciones ejecutivas como ‘modus operandi’. Una usurpación y depredación de las labores del legislativo que ya estudia la propia Corte Suprema de los Estados Unidos.

Pasarse por la galleta el Congreso no es una opción en el caso de Paz Colombia. Todo lo que sea plata depende única y exclusivamente del Congreso gringo. Así quedó establecido en la gran reforma del sistema presupuestal que se hizo durante el gobierno de Nixon. En el caso de los 450 millones de ayuda a Colombia, la última palabra la tiene el Comité de Apropiaciones. Más exactamente, el subcomité para Operaciones Extranjeras (State, Foreign Operations, and Related Programs).

Un comité que, tanto en Cámara como Senado, está controlado por dos republicanos furibundos: Kay Granger de Texas y Linsey Graham de Carolina del Sur, dos encolerizados opositores de Obama. Ambos con fuertes cuestionamientos sobre la corrupción del sistema judicial en Colombia y con una gran influencia del senador Patrick Leahy, amigazo de José Miguel Vivanco (léase “piñata de impunidad” en el acuerdo de víctimas con las Farc.)

Como si fuera poco, a Colombia le toca pelearse la ponchera con el resto de países que también reciben ayuda extranjera: Siria, Turquía, Israel, Egipto y Centroamérica. En especial con Salvador, Guatemala y Honduras, tres países a los que el Congreso de Estados Unidos les acaba de aprobar una ayuda anual de 750 millones de dólares para frenar la violencia y migración hacia sus fronteras.

Y es que el presupuesto de Estados Unidos para 2017 no puede crecer más que el de este año. Así quedó establecido en el acuerdo al que llegaron ambos partidos a finales del año pasado. El hueco fiscal de los gringos es monumental, y ya no pueden andar regalando plata con la misma facilidad de hace quince años.

Muy difícil la labor que le queda por delante al embajador Juan Carlos Pinzón. Tremendo chicharrón le deja el Gobierno después de semejante celebración. Todo el país jura y rejura que la plata de los gringos es un hecho. Y es todo menos eso. La realidad es que falta un 30 % del dinero prometido para el año entrante. De los 450 millones de dólares, solo hay 310 millones de dólares del presupuesto actual que se repiten el año entrante. Los 140 millones de dólares que faltan –los únicos recursos nuevos– nadie sabe de dónde saldrán.

Después de que Obama presente esta semana Paz Colombia dentro del presupuesto, empieza un viacrucis de ocho meses ante el Congreso. Congreso que, dicho sea de paso, no ha aprobado ninguna de las doce leyes de apropiaciones a tiempo desde el año 1996.

Posdata

Este lunes se cierra la baraja de candidatos al Nobel de Paz. Dicen los expertos en Oslo que los más opcionados son los negociadores colombianos. ¿Ganará De la Calle el premio Nobel?

PAOLA OCHOA

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