'Ninis': cuando la gente no sabe qué hacer con su vida

'Ninis': cuando la gente no sabe qué hacer con su vida

'Ni estudio, ni trabajo' es una realidad que comparten cerca de 20 millones de jóvenes en A. Latina.

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06 de febrero 2016 , 07:09 p.m.

Antes de tomar la decisión de volver a la casa de sus padres en Villavicencio, donde hoy pasa la mayor parte del tiempo viendo televisión, Andrés Gómez*, de 23 años, hizo de todo para darle un rumbo a su vida. Después del colegio empezó a estudiar Ingeniería Aeronáutica, pero muy rápido se aburrió de la carrera. Luego probó con Ingeniería de Sistemas, pero el entusiasmo le duró poco. Se dio una oportunidad con el Diseño, y tampoco terminó.

Desmotivado, pero convencido de que en el fondo era un inconforme de espíritu emprendedor, montó en Tunja un café internet del que desistió por aburrimiento. Finalmente decidió trabajar como mototaxista en Cartagena, hasta que se cansó.

Hoy pasa los días haciendo básicamente nada y explica su situación así: “Todavía no he encontrado mi vocación en la vida”. El perfil de Andrés clasifica en el de los llamados ‘ninis’, un término acuñado para describir a una inmensa masa de jóvenes en el mundo que ni estudian, ni trabajan, ni hacen nada en particular.

De acuerdo con un informe publicado en enero por el Banco Mundial, hace rato los ‘ninis’ dejaron de ser un fenómeno aislado y hoy son una tendencia que solo en A. Latina suma a unos 20 millones de jóvenes: una de cada cinco personas entre los 15 y los 24 años.

Y aunque dos tercios de esa masa son mujeres, en los últimos años se incrementó el número de hombres. Los expertos del Banco Mundial señalan como disparadora del fenómeno la deserción escolar, que en el caso de las mujeres se da en buena medida por el embarazo adolescente y en el masculino por la necesidad de buscar ingresos.

Citado por el portal español ‘20 minutos’, el psicólogo argentino Alberto Schujman señala que en los últimos 15 años se ha vuelto notoria la dificultad que tienen los muchachos para hacer la transición de la juventud al mundo adulto. Los ‘ninis’ quedan estancados “como en una especie de segundo útero” compuesto por el bienestar paterno, lo que dificulta el pasaje a la adultez. Y Schujman atribuye este estancamiento a la ausencia de un proyecto de vida que los mueva y apasione.

En el caso colombiano, anota Pahola Muñoz, magíster en Educación y orientadora, este fenómeno se da sobre todo entre los 16 y los 22 años. Y subraya: “Se piensa que todo está creado, que no hay nada más por construir. Y que, así se estudie o trabaje mucho, jamás se logrará ascender socialmente”.

Los expertos atribuyen buena parte del problema a la cultura de la inmediatez que caracteriza nuestros tiempos, y que está dominada por un cortoplacismo muy fuerte en todos los terrenos. “En un mundo marcado por la instantaneidad (por los avances de la tecnología), pensar hacia el futuro es casi inconcebible”, anotan profesionales como María Patricia Gómez, psicóloga y pedagoga, directora del programa de Integración de la Universidad de La Sabana. “Y al punto –agrega– de que hay creencias y visiones de vida en las que proyectarse hacia el futuro es visto como algo simplemente absurdo”.

Efectivamente, el eslogan de que ‘prefiero vivir el hoy y el ahora que desgastarme pensando en un mañana que podría nunca ser’ es casi un himno entre muchos jóvenes de hoy.

Pese a lo anterior, Muñoz subraya que “plantearse un proyecto de vida es vital, porque genera anhelos y sueños”, y aclara que estos deben concebirse más allá de una carrera profesional. De hecho, explica que en dicho proyecto deben involucrarse gustos, relaciones con los otros y también el medio que los rodea.

“Es la posibilidad de ser, actuar y pensarse desde una ocupación, desde ser humano: casarme, no casarme, hacer mi vida aquí o en otro país”, señala Gómez, quien recibe semestralmente a unos 25 jóvenes para orientarlos en el camino que desean seguir.

Tanto Gómez como Muñoz coinciden en que la compañía de los padres en la construcción del proyecto de vida es necesaria, pues son ellos los que deben generar la autoestima y autonomía para que sus hijos puedan tomar decisiones y empiecen a perfilar el camino que quieren tomar. “La vocación no sale de golpe en grado once, se debe trabajar desde pequeños”, dice Gómez.

Sin embargo, un proyecto de vida no solo debe crear aspiraciones, sino dar espacio para equivocarse. Es necesario enseñar que errar no es un asunto negativo y que si existen barreras que impidan continuar, hay múltiples posibilidades y opciones para recuperarse y seguir. Los proyectos de vida pueden cambiar y, además, deben ajustarse a las capacidades propias.

Al respecto, la teóloga de la Universidad Javeriana María Ángela Payán afirma que ese proyecto de vida debe construirse desde un contacto directo con la realidad familiar y social. “No se deben crear micromundos, ni en la casa ni en el colegio, que planteen situaciones irreales y que luego hacen que los jóvenes se estrellen”. Y agrega que es importante que el proyecto se ancle en valores y no en los objetos o en el dinero.

Reconocerse y proyectarse es importante para construir futuro, confirman los expertos. No obstante, los proyectos de vida no se construyen de un momento para otro: “Cuando soñamos, podemos convertir los sueños en metas. Y hay que entender que lo que hago hoy va a impactar en lo que seré y lo que sueño con ser”, remata Gómez.

* Nombre ficticio por petición de la fuente

Rol de padres

Ni papás billetera ni papás titiriteros

Orientar, acompañar y no dirigir es el papel que deben desempeñar los papás en el proceso de construcción de un proyecto de vida. María Patricia Gómez, psicóloga de la U. de la Sabana, señala dos tipos de padres que se deben evitar: en primer lugar, los papás “billetera”, que limitan su apoyo el tema económico y que creen que sus hijos ya son grandes y pueden tomar la decisión por ellos mismos. Y en segundo lugar, los que se proyectan en sus hijos y que eligen no solo sus carreras, sino que tratan de incidir hasta en sus gustos. “Se les olvida que ellos ya vivieron y que ahora es el turno de sus hijos”, agrega Gómez. Al niño “se le debe dar la posibilidad de descubrirse”, remata la orientadora Pahola Muñoz.

LINA SÁNCHEZ ALVARADO
Redactora de EL TIEMPO

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