Tres estrategias para blindar los humedales del Magdalena de la sequía

Tres estrategias para blindar los humedales del Magdalena de la sequía

Organizaciones aportan guía para recuperar humedales y la salud del principal afluente del país.

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05 de febrero 2016 , 10:16 p.m.

Suelos que hoy parecen desiertos cuando antes eran ríos, ciudadanos que ya no encuentran peces para subsistir y animales sedientos por la falta de sus tradicionales reservorios de agua son parte del panorama que está dejando esta temporada seca, empeorada por los efectos climáticos del fenómeno del Niño, que golpea al mundo. (Lea también: La hora de la buena adaptación)

La mayoría de ríos del país están por debajo de un 50 por ciento de profundidad, pero especialmente las cuencas del Magdalena y el Cauca han llamado la atención del país debido a que allí se asientan la mayor cantidad de municipios que están en desabastecimiento parcial del líquido vital.

La alerta no solo está por los cauces de los afluentes sino por todos los ecosistemas que se conectan con los ríos. Ciénagas, lagunas y humedales que hoy también presentan indicadores en rojo.

A propósito de la celebración del Día Mundial de Humedales, que se conmemoró el pasado 2 de febrero, The Nature Conservancy (TNC), la Fundación Alma, la Fundación Humedales y EL TIEMPO Verde se unieron en un llamado de atención por la cuenca del Magdalena, y especialmente por sus planicies inundables.

De acuerdo con una investigación de The Nature Conservancy (TNC), estas ocupan una extensión de 2’621.400 de hectáreas, que corresponden al 9,7 por ciento del total del área de la cuenca y abarcan 293 municipios y cerca de 17 departamentos.

La ganadería extensiva, la contaminación por minería ilegal, los vertimientos de residuos de las poblaciones aledañas, la deforestación por las actividades agropecuarias y la expansión de las áreas urbanas sobre los suelos húmedos han cortado la autorregulación de estos ecosistemas.

Ante la problemática que desde hace varios años se viene denunciando respecto a la cuenca, TNC y las otras dos fundaciones ambientales desarrollaron la ‘Guía para el manejo integral de las planicies inundables y el recurso pesquero de la macrocuenca Magdalena-Cauca’, una propuesta que plantea cuatro estrategias para recuperar la salud de estos ecosistemas: profundizar el conocimiento y la divulgación sobre la naturaleza de las planicies, mejorar la gobernanza y la gestión de las instituciones y comunidades que viven de estas, gestionar el ordenamiento de estos territorios anfibios y, por último, hacer un monitoreo y seguimiento de estas estrategias.

Las organizaciones piden que existan auténticos procesos de coordinación y trabajo en equipo de los actores que están implicados con estas planicies inundables.

Además, agregan que es “necesaria una perspectiva de ordenamiento territorial de las planicies dirigida a la prevención del riesgo de desastres y a la adaptación al cambio climático”.

Precisamente, el riesgo a futuro es el que más intriga. Ya la comunidad científica internacional ha llegado a la unanimidad de que con el calentamiento global se espera que fenómenos como el Niño y la Niña, que son naturales, se extremen y sus efectos sean aún más fuertes para las regiones que no se adaptaron a las nuevas circunstancias del clima.

A conocer el río desde la ciencia

Investigar, conocer y divulgar el conocimiento sobre las planicies del río Magdalena es vital para reorganizar la cuenca. Según Juliana Delgado, investigadora de The Nature Conservancy, el país no tiene una cartografía actualizada de cómo son las planicies inundables del río Magdalena.

“No sabemos dónde están. Ni cuántas son las planicies. El mapa de humedales del Instituto Humboldt es muy grueso, pero no hay el nivel de detalle para esta región”, explica.

La experta subraya que ni las autoridades locales ni las del ámbito nacional conocen de fondo y con base en la evidencia científica la dinámica del río y las planicies en sus tiempos y cantidades. “Desconocemos la respiración del agua”.

En la guía, que elaboraron las organizaciones, se resalta que la buena gestión de las instituciones depende en gran medida del conocimiento. De la misma manera, la gestión del territorio y del riesgo de desastres se debe basar en la comprensión del comportamiento de la naturaleza.

Así como se debe investigar a los cuerpos de agua, esta información debe llegar a las comunidades con estrategias de educación ambiental.

 

La garza azul es una ave típica de ciénagas de la cuenca del río Magdalena. / Foto: Fredy Gómez Suescún

Las comunidades, a apropiarse de sus planicies

Por muchas décadas, las comunidades que viven a las orillas de los ríos no han tenido un rol activo al momento de decidir cuál debe ser el futuro de sus planicies inundables. La propuesta de estas tres organizaciones es lograr nuevos escenarios donde realmente las personas que viven en estos ecosistemas de humedal se adueñen y decidan sobre cómo deben organizar su hábitat. Otro de los vacíos para gestionar estos lugares de la geografía nacional es lo deficiente que pueden resultar las acciones de las instituciones. Una acción específica para lograr un cambio podría ser unificar los mecanismos para controlar y vigilar los delitos ambientales derivados del inadecuado uso del suelo de estos ecosistemas.

Fortalecer las instituciones locales se traduce también en lograr un acuerdo de cooperación para gestionar mejor los recursos naturales entre los ministerios y los sectores económicos. Incluso, se puede plantear definir proyectos donde haya pagos por compensación ambiental.

Las planicies inundables del Magdalena, vitales para la regulación hídrica. / Foto: Fredy Gómez Suescún

Ordenar el territorio para adaptarse al clima

La pérdida de ambientes naturales ha reducido la oferta de servicios ecosistémicos, lo que afecta la vida y el desarrollo productivo de los pobladores locales, pescadores artesanales, campesinos, mineros artesanales, habitantes ribereños, e incluso de empresas e industrias en las planicies inundables de la macrocuenca.

Ante tal escenario, es obligatorio conocer mejor las planicies y gestionar un ordenamiento general de toda la cuenca del Magdalena. Como ocurre con otros ecosistemas, las planicies del río más importante del país están a cargo de varias autoridades que varían de un departamento a otro.

“No hay una entidad que esté pensando en las planicies del Magdalena como un sistema completo. Las dividen por pedacitos y de igual manera es su gestión”, explica Juliana Delgado de The Nature Conservancy.

Controlar los procesos de deterioro y pérdida de ecosistemas estratégicos y la producción sostenible de los diferentes sectores económicos debe ser el pilar para no presionar más las planicies inundables. Un ejemplo de esta estrategia puede ser la promoción de buenas prácticas de producción en el sector pesquero, como privilegiar la producción de especies nativas como el bocachico.

MEDIOAMBIENTE

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