'Combos' cobran extorsiones en Medellín a cambio de no reclutar

'Combos' cobran extorsiones en Medellín a cambio de no reclutar

Algunas familias pobres pagan $10.000 semanales para evitar que vinculen a sus hijos a la guerra.

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05 de febrero 2016 , 08:57 p.m.

Para evitar que un combo reclutara a su hijo de 12 años, María* pagó una extorsión de 10.000 pesos semanales durante cuatro meses. La plata escasamente le alcanzaba para comer y responder por el arriendo. No tuvo otra opción que irse de su barrio, Altos de la Torre (comuna 8), donde vivió casi toda su vida.

Es madre soltera y empleada doméstica esporádica, pero eso a los integrantes de esa banda no les importó, pasara lo que pasara, trabajara o no, no podía faltar cada viernes con la ‘vacuna’. (Lea también: Combos cobran extorsión en el 80 por ciento de los barrios de Medellín).

Este testimonio coincidió con una investigación sobre reclutamiento forzado de niños y adolescentes, realizado por el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia y la Secretaría de Juventud de la Alcaldía de Medellín.

Aunque el análisis se centra en las causas y formas de reclutamiento forzado en las zonas nororiental y noroccidenteal (comunas 1 a la 7), los investigadores, en sus visitas a los barrios, identificaron que las familias tenían que pagar una extorsión a cambio de que sus hijos no fueran vinculados a los grupos ilegales.

Felipe Lopera, experto en conflicto urbano del Centro de Análisis Político (CAP), de la Universidad Eafit y coordinador de la investigación, detalló que la primera denuncia sobre ‘vacunas’ a familias la conoció en La Candelaria (comuna 10) y que mientras desarrollaron el estudio encontraron testimonios de las siete comunas analizadas, que daban cuenta de esa nueva renta.

El experto advirtió que más que vincular niños a sus estructuras, los combos buscan abrir un nuevo nicho de extorsiones y que la medida de reclutamiento es una forma de amenazar a las familias para que paguen.

“Voltean esa renta ilegal con una excusa: si usted no paga, nos llevamos a su hijo. Eso es muy grave porque se convertirá en una de las nuevas formas de captar dinero en las zonas más pauperizadas de la ciudad. Encontramos casos muy graves en Aranjuez, Castilla y Altos de la Torre”, agregó Lopera.

Al igual que María y su hijo, otras familias huyeron de sus barrios para proteger a sus hijos. Precisamente, Luz Patricia Correa, directora de la Unidad Municipal de Atención a Víctimas del Conflicto, contó que a la entidad han llegado desplazados que manifiestan que en sus territorios pagaban un dinero para evitar que los niños fueran vinculados al conflicto urbano.

Ese fenómeno lo conoce Julio Orozco, líder de proyectos de la Secretaria de Juventud. “Las familias denuncian esa situación, que responde a la dinámica del conflicto de la ciudad y a la cultura yo pago para estar seguro".

María reconoce que las madres llegan a un acuerdo con los ‘muchachos’ –como los llama – para proteger a sus hijos. “Usted decide si paga semanal, quincenal o mensual y la cuota depende del trabajo de los padres o si en el hogar hay uno, dos o tres hijos, hay familias que pagan 5.000 o 10.000 pesos y hasta más por cada niño”, afirmó.

Menores de edad buscan protección

La Secretaría de Juventud alertó que de los 570.000 jóvenes (entre 14 y 28 años) que hay en Medellín, un 14 por ciento (79.000) están en riesgo de ser reclutados, mientras que el 11 por ciento (62.700) podrían estar al borde del delito.

El coordinador de la investigación explicó que en la mayoría de análisis sobre reclutamiento forzado toman una figura que se llama ‘niño soldado’. “Siempre mirábamos los grandes actores del conflicto y no la dinámica de Medellín, se creía que los niños delinquían solos y se invisibilizó el fenómeno”, añadió.

Por eso, analizaron esa problemática, guiada por la criminalidad, las grandes y pequeñas estructuras delincuenciales.

Sin embargo, el estudio, que se realizó con una muestra de 3.210 menores de edad, arrojó que niños y adolescentes no relacionan el reclutamiento con el conflicto de sus barrios, sino con batidas del Ejército, guerrilleros y paramilitares. Tanto, que solo el 1 por ciento de los entrevistados dijo que en sus comunas se presentaba ese fenómeno.

La investigación mostró que los jóvenes no reconocen la problemática porque muchos integrantes de combos son personas que conocen, que crecieron y estudiaron con ellos en el mismo barrio.

Además, el informe reveló que los menores de edad se unen a los combos porque su familia y su colegio dejaron de ser entornos protectores. De hecho, esos espacios son más propicios para la vinculación pues, contrario a lo que se piensa, hay vulneración de derechos y los menores encuentran en las bandas lo que les niegan en su hogar.

Incluso, según el estudio, el 19 por ciento de los niños y adolescentes viven hacinados en sus hogares. Precisamente, sustenta el análisis, esa es una de las principales causas de violencia sexual e intrafamiliar.

Aunque la investigación muestra que el 13 por ciento de los menores está desescolarizado, también revela que las causas de la vinculación a esos grupos no solo son la guerra y la pobreza.

“Donde los pelados ‘parchan’, la criminalidad llega a coparles esos espacios y ahí los delincuentes los instan a unirse. Ellos creen que se van voluntariamente, pero sí se ven sus contextos, sus historias, hay unas condiciones estructurales: desempleo, farmacodependencia, maltrato y abuso”, concluyó Lopera.

*Nombre cambiado para protección de la fuente.

DEICY JOHANA PAREJA
Redactora de EL TIEMPO
Medellín

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