El ocaso del glifosato en la era del Plan Colombia

El ocaso del glifosato en la era del Plan Colombia

La lucha antidrogas sigue siendo para muchos el gran lunar de la alianza entre EE. UU. y Colombia

notitle
04 de febrero 2016 , 04:59 p.m.

El primer gran boom del narcotráfico en Colombia vino por cuenta de los carteles de la droga y del ascenso de Pablo Escobar como capo del negocio.

Pero si los años 90 estuvieron marcados en el país por la espiral de violencia y la tecnificación de la producción de droga, el 2000 fue uno de los puntos de quiebre del Estado y el inicio de una década con una guerrilla fuerte y desafiante.

El narcotráfico, con un mercado cada vez más creciente, consolidó una de las alianzas más perversas de la última década y se convirtió en la principal fuente de ingresos de la guerrilla, especialmente de las Farc.

Esa alianza fortaleció a los grupos armados y se convirtió en uno de los objetivos del Plan Colombia, una alianza política y militar entre Estados Unidos y Colombia cuya razón de ser giraba alrededor de varias estrategias, entre ellas la lucha antidrogas. (Lea también: 'EE. UU. quiere apoyar los acuerdos de paz a corto y mediano plazos')

Desde el gobierno del expresidente Andrés Pastrana, principal gestor de la iniciativa, la guerra contra el narcotráfico fue uno de los enfoques más fuertes de este proyecto. Las constantes desertificaciones del Departamento de Estado hacia Colombia por los “pocos esfuerzos” en este campo, obligaron al país a meter en cintura las redes del narcotráfico.

Ese vínculo cada vez más cercano entre la droga y la guerrilla se convirtió en el reto más importante talón de Aquiles para los propósitos del Plan Colombia

“Sin duda fue un desafío enfrentarse a una organización criminal de las dimensiones de las Farc. Más aún cuando bajo el manto de la lucha política se les otorgó un estatus por el cual no son combatidas como un cartel de drogas o una banda criminal. El negocio de las drogas ha estado cubierto por la fachada de la lucha revolucionaria y eso supone desafíos mayores que en los casos en que se combate a la mafia o a la delincuencia común”, afirma a ELTIEMPO.COM Cristian Rojas, profesor asistente del Programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.

Pero aunque los más escépticos logran darle reconocimiento al papel del Plan Colombia en la configuración de lo que hoy es el país por cuenta, por ejemplo, de la disminución en la tasa de homicidios, el entrenamiento de tropas, el cruce de inteligencia o la llegada de más material de guerra, la lucha contra la droga es para muchos el gran fracaso del proyecto.

Cifras de la guía para ciudadanos ‘Just the facts’ (Solo los hechos) de Washington Office on Latinamerica (Wola) afirman, por ejemplo, que las hectáreas dedicadas a los cultivos de droga en el año 2000 eran de 136.200, mientras que en 2014 eran 112.000. En 14 años, disminuyeron en 24.200.

Con la legalización de la marihuana en diferentes partes del continente y números que hablan de un aumento de hasta 200% en la exportación de otras drogas, la estrategia antinarcóticos parece haber dado un viraje en la región.

Un informe publicado en 2012 por la Comisión Global de Políticas de Drogas, de la que hacían parte mandatarios, expresidentes y figuras de renombre internacional, instaba a los países acabar con criminalización y experimentar con la regulación del uso de sustancias hoy ilícitas. (Lea también:
Según Rojas replantear la lucha contra las drogas es un reclamo de muchas voces relevantes alrededor del mundo y el fracaso o no, depende de lo que se esté observando.

“A nivel de Colombia no fue un fracaso porque se vio una reducción de los cultivos y la producción, en buena medida gracias al Plan Colombia. A nivel de la región si hay un fracaso por el desplazamiento de los cultivos hacia países como Perú o Bolivia. Las cifras recientes que demuestra un fracaso del actual gobierno por el aumento de los cultivos de coca y la producción de cocaína, no puede entenderse como un fracaso del Plan Colombia porque este ya había mostrado resultados positivos en gobiernos anteriores”, explicó Rojas.

El Plan Colombia en la segunda fase que inicia hoy debe, por lo menos sumar un aspecto más al debate: la erradicación de los cultivos.

El uso de glifosato y otros agentes químicos sobre los cultivos siempre puso sobre la mesa los efectos que la “lluvia química” dejó durante años sobre la flora y fauna colombiana y las consecuencias en la salud de muchos habitantes de zonas donde se podría la aspersión.

Para no ir más lejos, en abril de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, clasificó al glifosato como altamente cancerígeno para los seres humanos. Esa información hizo que el Ministerio de Salud de Colombia recomendó al Ministerio de Justicia suspender las fumigaciones.

La suspensión fue aprobada por el Consejo Nacional de Estupefacientes en mayo de 2014. Desde octubre, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales revocó el plan que permite la aspersión con glifosato y ordenó que se hiciera directamente sobre la planta.

“Había muchos problemas alrededor del glifosato, sin contar los posibles compromisos adquiridos en La Habana pues las Farc siempre han pedido que se le elimine la aspersión. El tema de la salud resultó ser el argumento ideal para zanjar el debate, con el problema de que si el glifosato viola el derecho a la salud, el Estado colombiano estuvo violando los derechos humanos de manera sistemática durante muchos años y tendrá que responder por eso”, indica Rojas.

La misma guía ‘Just the facts’ indica que las hectáreas erradicadas desde el 2001 hasta el 2014 vía fumigación aérea fueron de 1’548.651, mientras que la de erradicación vía manual fueron de 459.491.

Con los riesgos que implica tener erradicadores en las zonas de riesgo, los retos de esta segunda partes crear condiciones para el cultivo de otros productos y para que la actividad económica de quienes se benefician en algún punto de la cadena de producción sea otra. ¿Lo lograremos en el posible posconflicto?

CINDY A. MORALES
Subeditora ELTIEMPO.COM
cinmor@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.