Y si nos mantenemos en crisis

Y si nos mantenemos en crisis

Por fenómeno del Niño, autoridades y comunidad han acogido medidas para conservar el ambiente.

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03 de febrero 2016 , 11:08 p.m.

Se mencionó por todos los medios de comunicación, los expertos manifestaron preocupación, el Gobierno lanzó alertas, el Ideam llamó a la ciudadanía para que se preparara a uno de los eventos ecosistémicos más fuertes de los últimos años: el fenómeno del Niño, temporada 2015-2016, está causando estragos.

Las temperaturas que se registraron en diciembre de 2015 y enero de 2016 superaron sin ninguna dificultad los registros históricos; 1997 y 1998 fueron los años con los picos de temperatura más altos, el promedio nacional llegó a 22,66 °C y 22,85 °C, respectivamente. El pasado 29 de diciembre, los habitantes de Puerto Salgar sintieron la temperatura más alta registrada en Colombia (45 °C), lo que causó revuelo, se congestionó la sala de urgencias del hospital en un pueblo que históricamente ha sido cálido y la gente se exasperó.

Los datos que se mencionan no solo corroboran los fuertes efectos del fenómeno del Niño. Basta con observar los hábitos de los habitantes de ciudades como Bogotá o Tunja, que históricamente han sido territorios fríos, donde se observa gente caminar con camiseta y pantaloneta. En la dimensión económica, los precios de la canasta básica familiar aumentaron considerablemente en los últimos meses. También, el paisaje se ha transformado, las cuencas de los ríos Magdalena y Cauca muestran grandes arenales y el verde intenso que caracteriza la flora de los ecosistemas colombianos se ha decolorado.

Ante este panorama, el Gobierno Nacional no se ha mantenido inmóvil. La Presidencia de la República ha liderado un plan de choque que ha mitigado los efectos del fenómeno del Niño en el territorio nacional. Las acciones que se realizan son técnicas, administrativas y educativas. Se han movilizado más de 500 millones de litros de agua a municipios de alto riesgo, se han instalado 500 tanques de abastecimiento y se tienen disponibles 374 tanques de distribución y 19 plantas de tratamiento de agua potable, según el reporte del Gobierno en la página web de la Presidencia.

Administrativamente las acciones son diversas: desde adelantar investigaciones a las administraciones municipales que no desarrollaron acciones para preparar los territorios para esta coyuntura, hasta movilizar importantes recursos monetarios para el sector agropecuario y ambiental. Al primero, se le asignaron nueve mil millones para subsidios a pequeños y medianos ganaderos y agricultores. Al segundo, ocho mil millones para la Dirección de Gestión de Riesgo, así como seis mil millones para el Ministerio de Ambiente para campañas y monitoreo permanente.

En las acciones educativas no solo el Gobierno se visibiliza. El sector privado y los medios de comunicación participan activamente. Comerciales de televisión, movilización ciudadana a través de redes sociales, inserción del fenómeno en discursos y eventos son ejemplos de estrategias de educación ambiental no formal. Es indiscutible que estas acciones que se han realizado de manera coyuntural tienen efectos positivos en las comunidades. Los pobladores de las grandes ciudades colombianas reconocen el problema y han insertado en su vida diaria hábitos para ahorrar agua y energía.

Sin la intención de parecer inconforme, considero que toda esta situación merece una reflexión más profunda que evitar un apagón o el desabastecimiento de agua potable. Todas las acciones que mencioné tienen un marco común: “Colombia está en crisis por los efectos del fenómeno del Niño”. Efectivamente, la crisis permite instaurar alertas, y cuando la comunidad y sus administradores están en estado de alerta, se observa con detenimiento cada cambio del entorno, y cuando se realiza este tipo de observación se aprende. Cuando una comunidad aprende del entorno, puede convivir armónicamente con la dinámica y los cambios de la naturaleza.

Entonces, si la crisis crea este escenario benéfico para el desarrollo de las comunidades y los ecosistemas, es adecuado, pertinente y viable mantenerse en crisis. Las acciones técnicas se continuarían desarrollando, la gestión de recursos sería eficiente y efectiva, y las campañas de educación ambiental se mantendrían. La comunidad estaría atenta de sus ecosistemas y evitaríamos que los procesos de cambio que realizan los ecosistemas para mantener su equilibrio afecten la dinámica social y económica de los municipios.

Es fundamental mantener las acciones que se implementan en las crisis, especialmente las educativas, porque son verdaderamente acciones preventivas que aportan a la sostenibilidad del territorio.

JEFFERSON GALEANO
Profesor de Educación Ambiental
Universidad de La Sabana

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