Las cinco razones de la emergencia sanitaria en Bogotá

Las cinco razones de la emergencia sanitaria en Bogotá

La ciudad necesita entre 4.000 y 5.000 camas más para superar la crisis de toda su red de urgencias.

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03 de febrero 2016 , 08:22 p.m.

El jueves, el alcalde Enrique Peñalosa decretó la emergencia sanitaria por la crisis de la salud en el sur de Bogotá, una medida que se veía venir ante las constantes quejas de los usuarios y que son consecuencia de ese 250 por ciento de hacinamiento que alcanzan las urgencias de los hospitales los fines de semana.

Por panoramas como este es que la Secretaría de Salud (SDS), en cabeza de Luis Gonzalo Morales, se pondrá al frente de esta decisión, por seis meses prorrogables.

Pero ¿cuáles fueron las razones que llevaron a la Administración a decretar una medida poco usual en la ciudad?

Hacinamiento

La primera es el hacinamiento en que el personal de salud debe trabajar. Según la SDS, hospitales como el de Kennedy debe atender hasta 200 pacientes diarios con solo seis médicos en cada turno. Eso hace que estos y sus familiares se tengan que someter a largas horas de espera para recibir un diagnóstico.

Pero no es el único hospital en crisis, también están en la mira los de Meissen, El Tintal y Santa Clara, en donde el hacinamiento puede llegar en un día pico al 250 por ciento. Estos centros atienden al 60 por ciento de los bogotanos que viven en el sur de la ciudad.

Faltan médicos

Otra de las razones de la emergencia es la falta de personal médico. “Este problema, en el Hospital de Kennedy, hace que los doctores trabajen en dos turnos cuando deberían trabajar en tres”, dijo el Secretario de Salud.

El gerente de la institución, Juan Ernesto Oviedo, le dijo a EL TIEMPO que recibe con beneplácito la medida. “Es necesaria para el desarrollo del servicio. Por nuestra parte, podemos decir que garantizaremos el servicio”.

Él es consciente de todas las deficiencias de las urgencias del hospital y dijo que esto también se debe, en gran medida, al tipo de pacientes de este sector de la ciudad. “En un día que llegan, por ejemplo, 124 pacientes, 94 quedan ingresados. La mayoría llega por politraumatismos, dolores abdominales, patología respiratorias, trastornos mentales y cefáleas”.

Es decir, muchos llegan por accidentes de tránsito y heridas causadas por armas cortopunzantes, sin contar los pacientes con enfermedades mentales, que llegan por ser un centro de atención referente en el tema. Esta misma situación se vive en el Hospital de Meissen.

Oviedo dice que aunque sería oportuna la asistencia de más médicos en urgencias, pues solo hay 18 para la atención de tres turnos, hay un déficit del 10 por ciento en otro tipo de personal. “Necesitamos 17 enfermeras jefes y 32 auxiliares más para atender los pacientes en urgencias. En días de quincena hemos llegado a atender hasta 260 personas. Nosotros solo tenemos 105 cupos de camillas y camas entre pediatría y adultos. ¿Qué hacemos cuando llegan 190?”.

Según la SDS hay una reducida o inexistente oferta de servicios como hemodinamia, reumatología, neumología y hemato-oncología en urgencias.

Salud del personal

Morales explicó que la entidad debe velar también por la salud del personal médico. “EL TIEMPO denunció cómo doctores, enfermeras y hasta los vigilantes han sido víctimas de agresiones por parte de los pacientes y sus familias. Este personal no puede seguir trabajando bajo estas condiciones de estrés”.

Corrupción

A todo esto se le suman las consecuencias que dejó la corrupción en los hospitales públicos de Bogotá. El de Kennedy vuelve a ser referente, tiene un elefante blanco que recuerda todos los días lo que pudo haber sido una obra que ampliaría la infraestructura de la atención de urgencias y que terminó por suspenderse hace más de un año.

Según Oviedo, en esta se invirtieron más de 4.700 millones de pesos. “Pero este proyecto quedó en estado de siniestro cuando la firma Herreña Fronpeca abandonó la obra y se fue”. En ese momento la entidad tuvo que entrar en gastos para pagar una obra de mitigación debido a que a la excavación de más de 12 metros que se realizó podía poner en riesgo toda la infraestructura .

Algo similar ocurre en Meissen, en donde el Secretario asegura que hay una torre abandonada que se podría adecuar con muy pocos ajustes. “En seis meses podemos habilitar por lo menos el primer y el segundo pisos y ampliar el servicio de urgencias al doble”.

Barreras de acceso

La quinta razón por la que la actual Administración decidió decretar la emergencia es la existencia de barreras de acceso, entre las que se encuentra un uso incorrecto de las salas de urgencias, un 'triage' no pertinente y retención de camillas, muchas veces porque las empresas de medicina prepagada no permiten que los traslados de los pacientes se hagan en los tiempos establecidos, lo que evidencia una débil articulación entre la red pública y la privada.

Esta radiografía es el soporte para tomar una serie de medidas que permitan superar, por lo menos, la primera fase de la emergencia. En el futuro, la única solución a la problemática es la construcción de nuevos hospitales que respondan a la demanda de una ciudad en crecimiento. Bogotá necesita entre 4.000 y 5.000 camas más para superar la crisis

¿Qué se va a hacer?

El Decreto autorizará al Ministerio de Salud y Protección Social expedir una resolución que permita que los hospitales puedan ampliar las áreas donde atienden las emergencias.

Morales asegura que el Hospital de Kennedy tendrá el primer centro de atención prioritaria en salud (Caps) para atender a 150 pacientes al día que no tengan urgencias vitales. En este hospital también se ampliará de 80 a 250 camas que se necesitan para atender la demanda.

El Secretario promete terminar las obras inconclusas de los hospitales del sur de Bogotá que solo han avanzado en un 22 por ciento y en los que ya se han invertido 24.000 millones de pesos, las mismas que ya completan seis años estancadas.

¿Por qué Kennedy?

Un enfermo de tuberculosis de 38 años había sido dejado sin autorizaciones en la sala de emergencia del Hospital de Kennedy; los médicos trataban de salvarle la vida a una joven que intentó suicidarse tirándose de un puente en la avenida 68, y al mismo tiempo ocho médicos con la ayuda de enfermeros y auxiliares trataban a unas 160 personas más con sus dolencias en pasillos y habitaciones con hasta diez personas.

Enfermos intubados que deberían estar en salas de cuidados intensivos compartían su espacio con pacientes regulares. Ese era el panorama este miércoles cuando EL TIEMPO visitó la sala de emergencias, pero cosas peores se viven los fines de semana. Los médicos ya saben a qué se enfrentan: los pacientes atiborran las instalaciones y los familiares angustiados reclaman por las demoras. En una ocasión una médica fue agredida por un hombre dejado en una sala de reanimación por policías. “Acababa de atracar un bus y los pasajeros lo habían golpeado. Él trató de ahorcarme con un cordón de su zapato”. No es el peor caso: un pediatra fue apuñalado por denunciar un caso de abuso a una menor.

Un solo fin de semana pueden ser atendidas hasta 400 personas en dos turnos; de estas, más de 40 son personas con intoxicación etílica. No es el único hospital que vive la tragedia, San Cristóbal, Bosa II nivel, Kennedy, Tunjuelito, Santa Clara, Meissen, Centro Oriente, Rafael Uribe y San Blas han referido agresiones.

*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

Carol Malaver
Redactora de EL TIEMPO

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