Editorial: Un enredo innecesario

Editorial: Un enredo innecesario

Le falta sentido común al sistema de Mintransporte para fijar el valor del impuesto de rodamiento.

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03 de febrero 2016 , 07:39 p.m.

Muy polémica ha resultado la nueva metodología adoptada por el Ministerio de Transporte para calcular el valor de los vehículos a partir de la cual se establece el valor del impuesto de rodamiento.

Los cuestionamientos han tenido como principal blanco las tablas que sirven de referencia para tal operación. A la luz de la evidencia, se puede afirmar que no les falta razón a estos reparos, incluso a los que la califican de desordenada y antitécnica.

Y si algo ha servido para que la controversia aumente ha sido el papel en exceso pasivo del Ministerio. Han sido pocas y, hay que decirlo, muy vagas las explicaciones que ha dado frente a las críticas de que muchos automotores tienen diferencias de precios en el mercado de usados debido a sus accesorios. Por ejemplo, un auto con caja automática o aire acondicionado debería pagar más tributo que el considerado pelado. Como si estos fueran lujos.

Pero es bien sabido y comprobado que en el mundo de los vehículos usados los accesorios ya no son un valor importante, y en muchos casos el modelo se vuelve un auto genérico, tal como lo tasaba la tabla de impuestos vigente hasta el año pasado. Y por si lo anterior fuera poco, se agregaron cinco mil referencias nuevas para que el usuario localice su auto, cuando la orden del alto Gobierno es simplificar y facilitar los trámites.

En todo lo expuesto ha jugado un papel clave una empresa consultora de Manizales que por más de una década se dedicó a comercializar computadores antes de obtener el contrato para elaborar la nueva herramienta, por 435 millones de pesos. Deja mal sabor que sus calificaciones no hayan sido las suficientes, que de súbito haya ampliado su objeto social y que haya sido la única proponente.

Conocedores aseguran que esta no es una solución eficiente y equitativa, como debería ser. Subrayan que en lo que corresponde a los vehículos usados, sus valores dependen de muchos otros factores, como marca, origen, funcionamiento en el largo plazo, servicio, precio y disponibilidad de repuestos, que cobija el cálculo objeto de la controversia. Argumentan que a eso se suman múltiples errores, como modelos de una marca con referencias de otra.

En multitud de casos reportados en nuestras páginas, en las redes sociales y otras manifestaciones de la comunidad, hay cientos de referencias en las cuales el carro usado vale más que el nuevo, o en las que el tributo se duplicó o creció desproporcionadamente. También desaparecieron marcas, faltan referencias a pesar de su confusa abundancia, y hay muchas otras inconsistencias que se están descubriendo.

Bien haría el Ministerio en revisar una medida de la cual apenas los ciudadanos se empiezan a enterar, y que en las secretarías de Hacienda de las ciudades ha creado caos y desconcierto, pues la gente comienza a formular peticiones de revisión que constituirán un cúmulo inmanejable de reclamos.

La necesidad e importancia de dicho tributo están fuera de discusión. Pero, justamente, para que este cumpla su propósito es fundamental que haya claridad, eficiencia y, sobre todo, sentido común a la hora de aplicarlo. Por lo pronto, se ve todo lo contrario.

editorial@eltiempo.com

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