Amigo de la otra orilla

Amigo de la otra orilla

Con cañonazos de asombro, siento que esa 'paz' es insegura y terrorífica.

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03 de febrero 2016 , 05:21 p.m.

Poco tiempo pasó para que me preguntaras personalmente si ese texto –el cual es apenas un fragmento de un largo artículo publicado para una revista literaria–, que además pulula de mano en mano en las redes sociales sobre una descripción personal hecha sobre Santos, ¿lo había escrito yo? Pues bien, no te puedo ocultar que tu pregunta, a pesar de haber sido formulada en la frialdad de lo virtual, me heló, no me la esperaba. Y debo decirte que, si yo mismo llegara a negar mis alegatos mentales llevados al texto escrito, no tendría ni existirían adjetivos para calificar semejante traición personal. Si yo te lo hubiera negado, de inmediato tendría que abandonar este oficio de tirar letras por no tener ni la entereza de reconocer lo que milimétricamente escribo, sobre todo porque soy caprichoso en mis textos, muy exigente con mi prosa y despiadado con los adjetivos.

Te sostengo también que detesto escribir sobre política, aunque crean lo contrario; mas, me siento en el deber de hacerlo y admiro constantemente a quienes son capaces de marginarse del tema y enriquecernos con textos mucho más humanos. También te reitero que soy preso de un huraño y jodido carácter que me tiene prohibido aburrir al lector con insulsos recursos literarios para edificar melindrosas y aduladoras columnas para una ‘paz’ en la cual jamás he creído y que el Gobierno martilla y paga como el más vergonzoso libreto nacional de mafia y voluptuosas ninfas bien descerebradas. Esto no es tampoco un llamado a la guerra, pero sí a la coherencia y la sensatez. Tú me conoces un poco personalmente y bien sabes que soy discípulo de la bíblica sentencia: “Lo escrito, ¡escrito está!” Y quiero que sepas también que si, por algún motivo, algún día, tengo que retractarme o pedir disculpas, créeme que lo haré, lo asumiré; pero, te sostengo, ¡jamás negaré ni una sola línea de lo que yo verdaderamente sí haya escrito!

Ahora bien, me conociste cuando aquí mismo escribí ‘Mi desencanto con el uribismo’ y ‘Crónico-necropsia de una ‘convención’ amañada’, temas que compartías a plenitud y que a mí –por ser uno de esos tontos idealistas que aún quedan en el mundo en cualquier ideología– me tenían completamente defraudado; no obstante, siempre ha estado presente entre nosotros el implícito y mutuo respeto por la diferencia de conceptos políticos del país: tú, apoyando el proceso, y yo cada vez más enfurecido contra lo que califico de payasada y opio gubernamental apoyado –lamentablemente– por los grandes medios.

Me has pedido que ojalá no llegue a parecerme a algunos colegas cuyo estilo, para ti, es más de “odio y agresividad”; pero ¿sabes algo?, sin duda hay muchos adjetivos para edificar excelentes respuestas que no vislumbren ninguna violencia escrita, pero también hay –en mayor cantidad– infinidad de argumentos y estadísticas que nos muestran una guerrilla solapada cubierta por las enaguas del Gobierno con declaraciones que, incluso, demuestran que no tienen una mínima intención de paz; las Farc no son ningunas tibias de santos y todo eso, ya sea calificado como “odio o agresividad”, se acumula e hincha una impotencia nacional que los ciudadanos manifiestan continuamente en las redes y foros. En esas candentes arenas virtuales está el país que el Gobierno ignora, el mismo país pasivo que tampoco hace nada por evitarlo y se conforma con las #tendencias.

Me has dicho que ves cierta “agresividad muy impropia en mí”, y te digo: ¡¿qué tal que me vieras tomando mi primer café mientras leo el país que aún duerme?! Espero que nunca llegues a verme peleando contra mí mismo cuando no encuentro la palabra idónea que haga suspirar al lector, ¡soy un ogro irascible!

Es que, amigo mío, ¡¿cómo diablos creerle a un Gobierno cuyo ‘capital político’ son padrenuestros ajenos?! Eso lo sabemos todos: sin el espaldarazo de Uribe, Santos nunca hubiera sido presidente, aunque su delfín se desgañote queriendo hacer creer lo contrario.

Cuando me contaste que trabajarías directamente con el Gobierno y el proceso te deseé –de corazón– la mejor de las suertes porque tú crees en eso: una paz verdadera y sostenible. Y yo también quisiera embriargarme con tanta divinidad, amigo mío, pero cuando veo entre líneas los comunicados, la poca actitud de la guerrilla, los bandazos del Gobierno, el descontento de la gente, las violaciones, el reclutamiento de menores y las cínicas declaraciones del bufón ‘Iván Márquez’ diciendo que son pobres… entre otros, déjame decirte que no puedo, es imposible para mí, llevo años viviendo en el autoexilio y día a día, con cañonazos de asombro, siento que esa ‘paz’ es insegura y terrorífica.


Andrés Candela
@Andrescandla

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