Un recorrido por Líbano, paraíso del Medio Oriente

Un recorrido por Líbano, paraíso del Medio Oriente

Ruinas, templos milenarios, historia y ciudades vibrantes. Un país tranquilo y con muchos encantos.

notitle
03 de febrero 2016 , 03:20 p.m.

Los libaneses son grandes emigrantes por el mundo y hay un monumento en tributo a estos viajeros en Beirut, su capital. Confieso que escribir sobre el Líbano me produce emoción por la comunidad libanesa presente en Colombia, que ha aportado riqueza y cultura al país.

Me cuentan que esta nación tiene cuatro millones de habitantes y 14 millones esparcidos por el mundo. Los libaneses son herederos de los fenicios, grandes comerciantes a los que debemos el alfabeto. Líbano fue llamado la Suiza del Medio Oriente por la paz y por ser centro financiero vital de la región. La guerra de 1975-90 fue terrible y el país ya ha superado sus secuelas. Líbano es como el ave fénix. El gobierno es un ejemplo de tolerancia y convivencia: el presidente debe ser cristiano maronita (católico), el primer ministro sunita y el presidente del senado, chiita.

En Beirut me recibe Carlos Mario Mac Ewen, paisa de Medellín y director del colegio marista de Biblos, e inmediatamente me dispongo a viajar por este territorio de 10.500 kilómetros cuadrados. En Líbano se habla árabe, francés e inglés. El país se independizó de Francia en 1943.

Panorámica de la ciudad de Biblos, desde el puerto pesquero. Queda a 30 kilómetros de Beirut y fue proclamada como la capital del turismo árabe en el 2016. Fotos: Andrés Hurtado

 

Annick Hawat me acompañó al gran centro arqueológico de Biblos. Descendimos por la calzada romana y entramos al recinto, impresionante por la variedad de culturas sucesivas que dejaron aquí su impronta: hay ruinas neolíticas, paleolíticas, amoritas, fenicias, egipcias, romanas, de las cruzadas, árabes y persas. Una de las grutas más bellas del mundo es la de Jeita, cerca de Beirut.

Es fuera de serie, entre otras cosas porque tiene la estalactita más grande del mundo. Sus 8,20 metros penden sobre el visitante en el camino que recorre el recinto de arriba. El de abajo es un río de aguas trasparentes y se lo navega admirando las impresionantes figuras que el agua ha formado en la roca calcárea.

Subimos al monte Harissa, de 600 metros de altura. Allí han levantado una iglesia y una enorme estatua de la Virgen María, patrona del Líbano. La estatua, visible desde toda la región costera central del país y hecha en bronce, pesa 15 toneladas. Es lugar de peregrinación de cristianos y de árabes.

Debe saberse que los musulmanes –no los fanáticos– reconocen a Cristo y a la Virgen María. En Líbano, los musulmanes son sunitas, chiitas, drusos y alauitas. Los cristianos católicos son maronitas, greco-católicos, siríaco-católicos, católicos-latinos (coptos), católicos-caldeos y armenienses. Y todos viven en paz, en un hermoso ejemplo de convivencia para el mundo.

Historia y religión

Dos imponentes rocas llamadas las Palomas, y la gruta que horada una de ellas, ubicadas frente a Beirut, se han convertido en el símbolo de la ciudad.

La gruta de las Palomas, frente a Beirut, es un símbolo de la ciudad. Estos arcos de piedra que se alzan sobre el mar son el principal ícono natural de la región.

En el sur del país se encuentran Tiro y Sidón. El Antiguo Testamento habla de Tiro y Jesucristo la visitó. Sus habitantes no permitieron, a diferencia de Sidón, que Alejandro Magno entrara a ella; por eso el macedonio la sitió durante siete meses y la tomó y mató a 6.000 habitantes. Luego fue reconstruida. Visité su espectacular necrópolis, que alberga centenares de bellas tumbas.

Un arco del triunfo da entrada al bien conservado hipódromo romano, de 480 metros de largo y 160 de ancho, con capacidad para 30.000 espectadores. Lo recorrí a pie, con inmensa emoción. Amo la Antigüedad griega y romana.

Cuando Jesús vino a Tiro, las mujeres judías no podían entrar a territorio infiel y por eso María lo esperó en una cueva: la cueva de Mantara, en las afueras. La visité, desde luego, con profunda devoción.

Sidón, la ciudad de la fabricación del vidrio y de la púrpura entre los antiguos, es nombrada en la Biblia por el episodio del profeta Elías y de la viuda de Sarepta, que es Sidón. Visité el castillo de los Cruzados, construido hacia 1218 y que se halla a orillas del mar. La ciudad estaba ya habitada 4.000 años antes de Cristo.

Cerca de Beirut, la hermosa capital libanesa, hay un desfiladero que rompe la cordillera del Líbano y que avanza desde el oriente. Por allí pasaron todos los invasores del país y dejaron el recuerdo de su paso grabado en la roca.

El lugar se llama Nahr el Kalb o ‘río de perro’. Allí hay constancia del paso de Nabucodonosor y de las tropas de Napoleón III, entre otros muchos. Recorrer a pie este paso de montaña lo transporta a uno por los largos y tortuosos caminos de la historia.

Una de las grandes atracciones del turismo libanés se encuentra en Beiteddine y es el palacio que construyó el emir Bachir Chehab II en 1804. Contiene una fabulosa muestra de mosaicos de la Antigüedad y los jardines y las salas exhiben la magnificencia de la ornamentación de los árabes.

El pueblo de Bisharri

¿Cómo no visitar el pueblo de Bisharri? Cavada en la roca está la casa y museo de Gibran Khalil Gibran, el gran escritor y pensador libanés. En la cripta se conservan sus restos en preciosa urna. En la misma región visité con respetuoso silencio la casa donde nació el santo patrono de Líbano, San Charbel, monje maronita, el primer santo canonizado del país y venerado por todos los libaneses sin distingo de religión.

Anyar, con un imponente centro arqueológico, es célebre con sus calles, casas y palacios porque su arquitectura es netamente omeya, sin mezclas de otras culturas. Lo recorrí por varias horas extasiado ante lo que queda de sus amplias calles y palacios.

Desde luego, me llevaron a dos bosques de cedros. Uno de estos árboles, de 2.000 años de antigüedad, figura en la bandera y el escudo del país. El Líbano se confunde con sus cedros gigantescos y milenarios, explotados ya desde los tiempos del rey Salomón para la construcción de su templo y para las embarcaciones de los navegantes fenicios.

En la montaña, llamada precisamente Los Cedros, hay 12 de más de 1.000 años y 400 de más de 100.

Y cómo no ir a Baalbek, santuario de la Antigüedad tan famoso como Teotihuacán y Machu Picchu.

Para ello recorrí todo el valle de la Bekka, con sus enormes viñedos que producen los dos vinos más famoso del país: Kefraya y Ksara. En el inmenso recinto queda en pie, intacto, el fabuloso templo de Baco con todas sus columnas e interior intactos.

El ‘souk’, típico mercado árabe donde los turistas compran artesanías y se deleitan con lo más selecto de la cocina local. Abunda la cocina mediterránea de pescado, aceite de oliva, frutas y vino.

Al frente resisten al tiempo solo seis columnas del templo de Júpiter, que son el símbolo arqueológico del Líbano. Originariamente fueron 54 columnas, miden 22 metros de altura y pertenecen al estilo corintio.

El templo medía 88 metros de largo y 48 de ancho. Las tres piedras del pedestal del templo pesan cada una 1.000 toneladas. Mi cámara fotográfica y yo recorrimos extasiados todo el recinto con sus ruinas de templos, columnas, patios, calles, ágoras, durante cinco horas. Aún hoy recordando esas cortísimas cinco horas en Baalbek se me ponen los pelos y el alma de punta.

Darío Escobar, un monje paisa, lleva 15 años entregado a la oración en una cueva casi inaccesible de las montañas del Líbano. A los pocos visitantes que se atreven a subir a ese arisco lugar los recibe con amabilidad y contando chistes. Vive de lo que siembra en una pequeña huerta. Así es el Líbano, paraíso del Medio Oriente.

Si usted va…

Visa. Los colombianos necesitan visa para ingresar a Líbano. La pueden tramitar en la embajada de ese país en Bogotá. www.embajadadellibano.org.co.
Planes. En la agencia Aviatur lo asesoran con paquetes de viaje todo incluido y con los trámites de la visa. www.aviatur.com. Aunque tiene vecinos en conflicto y Estados Unidos recomienda a sus ciudadanos no visitar este destino, Líbano es un país tranquilo.
Comida. La cocina mediterránea de pescado, aceite de oliva, frutas y vino se consigue por todas partes, además de la deliciosa comida árabe.
Idiomas y dinero. Se habla francés y también inglés. Y un dólar americano equivale a 1.500 libras libanesas.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA
Especial para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.