Editorial: Todo lo que desnuda el zika

Editorial: Todo lo que desnuda el zika

El virus dejó en evidencia graves falencias en materia de salud pública en los países afectados.

02 de febrero 2016 , 08:26 p.m.

En apenas meses, el virus del zika –un viejo conocido en ciertas zonas de África, de donde es originario, y Asia– logró desnudar una a una las debilidades de los sistemas de salud de cada país al que ha arribado.

Lo preocupante, si es que cabe algo peor que enfrentarse a un virus de comportamiento incierto, es que tales falencias se dan en los componentes más básicos de la salud pública. Es decir, aquellos que tocan con la prevención, la contención de vectores, la educación, la participación comunitaria, el autocuidado y el liderazgo claro de las autoridades locales.

Pero no hay que llamarse a engaños: semejante falla no es exclusiva de países pobres o en vías de desarrollo, es palpable incluso en los más aventajados, como Estados Unidos, que tienden a preocuparse solo cuando el mal afecta a sus connacionales o amenaza su territorio.

Pues tanto el zika como el zancudo que lo transmite están dando a toda la región una dura lección: para hacerle frente a un vector que no conoce fronteras y a un virus que, como acaba de confirmarlo el CDC de Estados Unidos, podría diseminarse también por vía sexual, son necesarias las acciones colectivas, organizadas, decididas y, definitivamente, coordinadas entre naciones.

Lo contrario es el escenario que todos los países donde habita el Aedes aegypti, el mosquito transmisor, están viviendo: incertidumbre total.

No es gratuito que la Organización Mundial de la Salud (OMS), aleccionada por experiencias pasadas como la epidemia de ébola en África occidental, reaccionara, esta vez con prontitud, y declarara la infección por este virus como una emergencia internacional de salud pública, dada su relación coincidente con un aumento de casos de microcefalia en fetos y parálisis, como la causada por el Guillain-Barré.

Este organismo hizo un llamado a todos los gobiernos a actuar de manera conjunta y decidida, a partir de planes y objetivos multisectoriales. También pidió que se investigue con seriedad y en profundidad el virus, con miras a establecer, por lo menos, cómo actúa en realidad y si hay un nexo causal con dichos problemas neurológicos.
No de otro modo será posible no solo superar la especulación constante, que mantiene desorientada y preocupada a la población, sino la debilidad de los sistemas sanitarios.

Es imposible desconocer que el planeta se enfrenta constantemente a la aparición de agentes patológicos nuevos, de comportamiento insospechado. Cabe preguntar: ¿qué pasaría si el zika, que se expande con enorme facilidad, fuera tan mortal como el ébola?

En un escenario de ese tipo, los países no podrían darse el lujo de esperar una vacuna. Deberán luchar contra él, con lo que tienen a mano: medidas de salud pública claras y efectivas, casa a casa, persona por persona. Justo con lo que no se cuenta ahora.

Después de la pandemia de gripa H1N1, la epidemia de ébola, la reactivación del dengue y la expansión del chikunguña y el zika, el mundo y Colombia ya deberían tener clara la receta para cortarles el paso a estos males. Se necesitan gobiernos, sistemas de salud, grupos económicos, organismos internacionales y ciudadanos que entiendan, de una vez por todas, que el próximo virus puede ser altamente letal.


editorial@eltiempo.com

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