Isagén y el tiburón corporativo

Isagén y el tiburón corporativo

La estrategia de Brookfield consiste en esperar agazapado, en la manigua del mercado.

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02 de febrero 2016 , 06:44 p.m.

La corporación canadiense Brookfield Asset Management (Brookfield), con residencia en varios paraísos fiscales, compró el 57,61 por ciento de las acciones de Isagén por 6,48 billones de pesos, después de que la chilena Colbún y la francesa GDF Suez se retiraron de la subasta, sin explicaciones convincentes.

Brookfield es un fondo de inversión que administra activos de infraestructura, inmobiliarios, y de generación de energía. El portafolio de Brookfield es de 200.000 millones de dólares, casi el 50 por ciento del PIB colombiano.

¿Qué es un predador o depredador? Según Google: “[animal] que caza animales de otra especie para alimentarse”. El depredador y la presa hacen parte de la cadena alimenticia. Una empresa depredadora es aquella que compra o fusiona otras empresas (la presa) para lograr su control.

En este caso, la presa es Isagén, un ‘bocatto di cardinale’: la rentabilidad de Isagén la estima Eduardo Sarmiento “en el orden de 15 por ciento”. Bastante lejos del 3,5 por ciento como afirmaba el Gobierno. Por su parte, Brookfield fue calificada como el perfecto depredador por la revista ‘Canadian Business’, en una crónica firmada por Joanna Pachner.

La estrategia de Brookfield consiste en esperar agazapado en la manigua del mercado para "comprar activos de gran calidad por menos de su costo de reemplazo". Bruce Flatt, presidente de Brookfield afirma que este ha sido el “objetivo consistente de la compañía en los últimos años para obtener un rendimiento anual compuesto de 12 por ciento a 15 por ciento por acción”. Precisamente, el costo de reemplazo del 57,61 % de Isagén se calcula en $ 17,3 billones de pesos frente a 6,48 billones de pesos pagados, a una tasa de cambio de 3.300 pesos/dólar (véase, Johel Moreno).

Según Pachner, Brookfield “es el ejemplo por excelencia de lo que los científicos sociales franceses Michel Villette y Catherine Vuillermot identificaron, (…) la estrategia clave de algunas empresas emblemáticas: evitar el riesgo, sigilosamente buscar la vulnerabilidad de los rivales, y luego abalanzarse sobre ellos cuando el momento es oportuno”. Y, aunque por un activo “puede pagar mucho más de lo que ofrece, por lo general no paga de más".

El objetivo de los negocios para Bruce Flatt, en palabras de la periodista, “no es la victoria. Hay que dejar que otros persigan a Moby Dick y se ahoguen en la aventura. Brookfield con mucho gusto juega el papel del tiburón una vez que la sangre está en el agua”.

Eso fue lo que hizo Brookfield con Isagén, se escondió entre los oferentes. Mucho antes, algunos analistas locales daban por ganadora a GDF Suez (Valora Inversiones), a la china Huadian Corporation que se retiró, al igual que a la estadounidense Duke Energy. Sin embargo, llegado el momento, todas desaparecieron y Brookfield quedó como único postor.

Por otra parte, ¿cuál es el lado oscuro de Brookfield? En una crónica publicada en Canadá por Bertrand Marotte y Jeff Gray, ‘The Globe and Mail’, relacionan a Bombardier, Brookfield y otras compañías canadienses con la evasión de impuestos en el paraíso fiscal de Luxemburgo, de acuerdo a un informe del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Icij).

Los periodistas canadienses entrevistan al profesor de derecho fiscal, André Lareau (Universidad de Laval): las compañías “utilizan los llamados ‘arreglos híbridos de desajuste’ para jugar con diferentes regímenes fiscales, en diferentes países, con el fin de terminar con una factura de bajos impuestos o de cero”.

La estrategia de evasión fiscal está detallado en una carta de Ernst & Young, una empresa internacional de servicios financieros, que fue filtrada por Icij: “(…) consiste en transferir fondos, a una filial con sede en Luxemburgo, en intercambio por acciones preferentes obligatorias redimibles, que son consideradas una deuda. Todos los pagos realizados por la empresa en Luxemburgo (…) se tratan como pagos de intereses y, por lo tanto deducibles y no están sujetos a retención fiscal en Luxemburgo”.

Posteriormente, “el efectivo se traslada a la matriz canadiense en la forma de dividendos, que en virtud de un tratado entre Canadá y Luxemburgo no están gravados”. Esto es legal, pero es escandaloso que así suceda, con la complicidad de los gobiernos.

Además, sobre Brookfield, según Semana, pesan investigaciones de fraude en Brasil, indagaciones en la Comisión de la Bolsa de Nueva York, el Departamento de Justicia de los EE. UU., la Policía Real Montada de Canadá, etc.

Finalmente, ante la terca negociación del presidente Santos y su ministro Mauricio Cárdenas, EPM tendría que vender sus acciones en Isagén (13 por ciento) al precio de 1.430 pesos/acción para un total de 1,48 billones de pesos, para no quedar atrapada bajo el poder de Brookfield, que con el tiempo licuaría la participación de EPM, mientras usa toda la artillería evasora disponible en los paraísos fiscales.

Medellín no puede repetir la historia de EPM con Millicom, residenciada también en Luxemburgo, en OLA, Tigo, UNE, etc., para quedar bajo el poder del controlador transnacional.


Guillermo Maya

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