Publican cartilla para cuidado de las zarigüeyas, en Medellín

Publican cartilla para cuidado de las zarigüeyas, en Medellín

El documento ilustra los aspectos básicos para el cuidado y recuperación de estas especies.

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02 de febrero 2016 , 11:04 a.m.

Después de casi dos años de lucha para eliminar el estigma en contra de las zarigüeyas, Francisco Javier Oliveros, el defensor de estas especies silvestres, logró por medio de su fundación la publicación de la cartilla ‘Pautas para el Manejo de Crías de Zarigüeyas en Estado de Indefensión’.

Sergio Solari, Profesor de Biología Universidad de Antioquia, señala que el documento ilustra los aspectos básicos para el cuidado y recuperación de individuos que pudieran encontrarse en estado vulnerable, especialmente si han sido afectadas por algún accidente de causa humana.

“Esto se presenta desde una mirada muy objetiva, práctica y sencilla, sin dejar de ser humana, lo que permite que aquellas personas que se sientan capaces de colaborar en un proceso bastante crítico y delicado, puedan hacerlo siguiendo unos principios básicos como, no pensar en el animal como una potencial mascota y no acostumbrarlos al contacto humano”, dice el prólogo.

El objetivo, además de prestar primeros auxilios a las crías de la zarigüeya, es contribuir al entendimiento de la historia natural.

Cuenta Oliveros que aunque son marsupiales, al igual que los canguros, koalas, uombats y los demonios de Tasmania, la zarigüeyas son originarias de Suramérica y el proceso que dio origen a las casi 100 especies actuales se inició en los últimos 30 y 50 millones de años.

Pero una larga tradición de historias, leyendas, y adjetivos han convertido a estos animales en indeseables dentro de su propio territorio. Según Oliveros, en algunas de las entrevistas que realizó en el oriente de Antioquia los campesinos y ciudadanos del común los llaman ratas gigantes y zorros.

“Donde yo nací se conocían dos especies de chuchas: la chucha mantequera, que solo atacaba los pollitos porque era del tamaño de una rata grande; y estaba la chucha gallinera, que es un animal grande, que atacaba a las gallinas y olía muy feo”, dice Rubén Darío Rivas Velázquez, un campesino del municipio de San Luis.

Para Oliveros, la principal razón de estas opiniones “sin fundamentos” y del maltrato a las chuchas se debe a que hay una ignorancia, que solo puede ser acabada por medio de la educación. Por ejemplo, lo que nadie conoce de estos animales, que se adaptan fácilmente a distintos ecosistemas, es que tienen la capacidad de dispersar las semillas de muchas especies de plantas y controlan insectos.

“La chucha ha desarrollado una proteína que la inhibe del veneno de las serpientes, como la coral y la equis. Además, hace parte de la cadena alimenticia como depredador y como presa. Es alimento para los rapaces, los tigrillos y lechuzas”, explica Oliveros.

En Medellín y en el Oriente, se han reportado siete especies: la chucha común (didelphis marsupialis), la chucha orejiblanca (didelphis pernigra), la chucha de agua (chironectes minimus), la chucha mantequera (philander oposum) y la marmosa isthmica y marmosops caucae, dos especies de chucha-ratón.

Ninguna de estas especies está reportada en el libro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie en peligro de extinción.

Pero si las chuchas llegasen a faltar, otras especies podrían desaparecer, “como la lechuza, los tigrillos o pumas. Pues estos, al no tener comida, podrían salir a comer ganado y comenzarían a ser cazados por los campesinos y ganaderos”, agrega Oliveros.

Uno de los principios de la cadena alimentaria. Cuando uno de los eslabones desaparece, desaparecerán con él los eslabones posteriores que dependan directamente del mismo.

Por eso, la cartilla fue realizada también para ayudar a entender algunos de los factores más negativos de las actividades humanas que afectan la supervivencias de ciertas especies que conviven con nosotros en la ciudad y su periferia, como la tala de árboles, el cambio climático, la fragmentación y pérdida del hábitat.

¿Qué hacer en caso de encontrarse a una zarigüeya?

En la carilla, indican los investigadores, hay dos aspectos a los que se les debe prestar atención cuando se encuentran crías de zarigüeya que han perdido su madre en una etapa temprana de desarrollo: la hidratación y la temperatura.

Lo primero es revisar la mucosas de las encías, sí está seca, la cría se encuentra gravemente deshidratada, por lo que la persona debe proporcionarle 2 mililitros de suero por cada 50 gramos de peso, cada 2 horas hasta que la recuperación sea completa.

En cuanto a la temperatura, cuando la madre muere, las crías pierden calor rápidamente. Para contrarrestarlo, la persona debe rellenar una caja de cartón con tiras de papel periódico y ponerlos adentro. En lo posible, ubique cerca un bombillo de luz cálida, botellas y bolsas de agua tibia.

La alimentación, dice Olveros debe ser variada, ya que se trata de animales omnívoros. Si las crías miden menos de 10 centímetros, se les debe dar leche deslactosada para bebés con ayuda de un gotero o una jeringa, además de papillas de frutas naturales.

Pero cuando ya tienen dientes y sus ojos están abiertos, pueden consumir frutas en trozos pequeños como manzana, uva, papaya, pera, banano o mango, alimento balanceado para gatos, huevo, lombrices de tierra y grillos.

El albergue de las zarigüeyas puede ser una caja de cartón sin tapa y ubicarla dentro de un guacal. Cuando crezcan se podría adecuar una jaula y adentro la caja, pues están acostumbradas a ella y la consideran su “madriguera”. Sólo saldrán en la noche para comer y eliminar sus desechos. La caja de cartón debe cambiar una vez a la semana y el papel periódico cada segundo día.

Por último, dice la cartilla, las crías de zarigüeya debido a su limitado desarrollo al nacer, “requieren un cuidado muy particular y un compromiso total para su total rehabilitación antes de liberarlas en sus ambientes naturales”.

PAOLA MORALES ESCOBAR
Redactora de EL TIEMPO
inemor@eltiempo.com

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