Femi...

Femi...

Las fronteras en el tema del abuso sexual no están claramente delineadas.

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01 de febrero 2016 , 05:32 p.m.

Estoy corriendo un tremendo riesgo al escribir lo que sigue, y seguramente me haré merecedor de los cientos de reproches que llegarán. Siento tanto temor a escribir lo que pienso sobre el exacerbado feminismo, como el que vivo ahora cuando disfruto de ver a una bella mujer en la calle. Estoy harto de la corrección político-genérica que obliga a la inclusión gramatical de los sexos que, además de no representar equidad alguna, sí significa una perversión idiomática. No es a través del ‘todos y todas’ o ‘colombianos y colombianas’ –ambas, perversas redundancias– como se logrará la paridad de los géneros.

Cruzando este campo minado en el que me he metido... pienso en la increíble cantidad de tiempo que las mujeres dedican a la presencia física (faldas, blusas, collares, brazaletes, zapatos, maquillaje, etc.) y en general a la ‘belleza’, y a la vez la contraria incomodidad con que manifiestan algunas, cada vez más, esa rabia que les produce a ciertas de sus congéneres el hecho de ser admiradas o tan siquiera miradas.

Estamos viviendo un momento intenso y no fácil de resolver en lo que tiene que ver con el feminismo. A pesar de que la mayoría de los reclamos que hacen quienes son abanderados de la equidad de géneros, absolutamente legítima, siento decir que ellos bordean con el machismo, una forma de autoritarismo que emula las prácticas detestables del género masculino. Al punto de que una mirada ya puede ser considerada un acoso. Llevo dentro de mí un animal que no entiende de equidad en términos de dejar de gozar –de lejos, y sin acosar– aquello que me lava los ojos.

Es muy difícil el tema del acoso sexual, pues la frontera no está claramente delineada. ¿Es, pregunto, acoso sexual la coquetería de una subalterna con su jefe para sacar réditos de su belleza? Yo diría que sí, aunque no sea agresivo.

Entre el acoso y el abuso hay una enorme diferencia, pues sigo pensando que el primero es muy borroso y puede terminar siendo un asunto de interpretación, descontando los casos aquellos en que es evidente. Podemos estar entrando en el mundo que alguien en las redes sociales denominó el feminazismo, término que no comparto, pero que apunta a los excesos que pueden venir.

Muy complejo el tema, y definitivamente hay que debatirlo a fondo. Son muchas las aristas y las esquinas por definir.


Mauricio Pombo

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