Antioquia, sin permiso para realizar pruebas del zika

Antioquia, sin permiso para realizar pruebas del zika

Si bien laboratorios locales tienen capacidad, los diagnósticos se concentran y represan en Bogotá.

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01 de febrero 2016 , 02:45 p.m.

Cuando un paciente con síntomas de zika llega a una institución hospitalaria de un municipio, en el que aún no se confirma la circulación del virus, la orden desde el Gobierno es que se le tome una muestra de sangre que, se espera, llegará al Laboratorio de Salud Pública del Instituto Nacional de Salud (INS) para ser confirmado.

Si los caminos, los medios de transporte y la agilidad de las autoridades sanitarias propician que sea trasladada en menos de 48 horas, la muestra deberá conservarse a una temperatura de entre 2 y 8 grados centígrados.

Si en cambio el río está seco o el territorio permanece desconectado de una vía, del desarrollo, como en Vigía del Fuerte, la muestra deberá ser congelada a menos 20 grados centígrados, o a menos 70 grados si va a ser procesada después de una semana.

La siguiente estación es un laboratorio departamental de salud pública, como el de la Secretaría de Salud de Antioquia, que deberá enviarlo en menos de 48 horas al INS, en Bogotá, garantizando la cadena de frío con geles refrigerantes, utilizando triple empaque y etiquetando con ficha clínica y epidemiológica.

De no ser así, la información se pierde, y con esta se va la posibilidad de hacer seguimiento al virus del zika, lo que según Martha Lucia Ospina, directora del INS, permite vigilar basándose en indicadores y eventos, dar respuesta rápida y controlar las infecciones.

No obstante, para Iván Darío Vélez, director del Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales (Pecet), en la Universidad de Antioquia, el laboratorio del INS no está dando abasto con la emergencia del zika, que hasta ahora registra 205 casos en Antioquia (de los cuales solo 75 están confirmados por laboratorio).

Lo dice, porque conoce la capacidad medida de los dos laboratorios con los que cuenta el Instituto, y porque acaba de llegar de Leticia, Amazonas, donde aún no se confirman casos del virus debido a que las pruebas que han enviado las autoridades sanitarias de ese municipio a Bogotá todavía no dan resultados.

“Me dijeron que llaman todos los días y no hay respuesta, que porque hay mucha fila. Eso es grave, porque sin evidencia de un brote, que por los síntomas es muy probable que lo haya, no existen campañas, acciones de contingencia para controlar el vector y alerta a la comunidad”, anotó el médico y científico.

La solución, advirtió, es que se permita a las regiones, a laboratorios departamentales y a centros de investigación avanzar en las pruebas. “Nosotros ya tenemos la capacidad de diagnosticar dengue, chikunguña y zika. El INS tiene que descentralizar esa capacidad”, agregó.

Al respecto, la directora del Instituto anotó que, considerando que la del zika es una prueba recién implementada, que requiere insumos y reactivos especiales y que su ejecución no es automatizada, se definieron tiempos de respuesta según la prioridad de los resultados. Por ejemplo, muestras de mujeres gestantes se resuelven en seis días, y otras poblaciones a riesgo, en ocho.

La prueba en laboratorio se complica además porque el virus es emergente, existe poca experiencia y conocimiento sobre su comportamiento y, por tanto, debe apoyarse en el resultado de la clínica y la epidemiología.

Además, el método de laboratorio no es comercial (no existe un estuche para hacer una prueba automática), sino que el INS utiliza los protocolos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) y su estandarización en las regiones requiere tiempo control.

No obstante, aclaró Ospina, está previsto que los laboratorios de salud pública de Atlántico, Antioquia, Valle y Bogotá la puedan tener “en corto tiempo” (no especificó cuánto), ya que son los únicos que han demostrado contar con capacidad para poder realizar la técnica y tener sistemas de vigilancia adecuados que permitan correlacionar los datos generados por el laboratorio.

A Vélez le inquieta que centros de investigación regionales, como el Pecet, queden por fuera de la red de laboratorios aprobados por el INS, cuando bien podrían descongestionar los represamientos en Bogotá.

Además, le preocupa que la confirmación por laboratorio solo se realice para pacientes sospechosos de ser compatibles con el zika y que provengan de municipios donde todavía ninguna prueba ha dado positiva, es decir, donde no se ha confirmado la circulación del virus, como en Leticia.

Lo anterior tiene para él un impacto en la medida en que, según se ha probado en Brasil, donde la epidemia ha avanzado, solo 25 de cada 100 personas con el virus tienen una manifestación clínica de este.

Así las cosas, mujeres en los tres primeros meses de gestación que no experimentaron fiebre leve, sarpullidos, conjuntivitis o dolores de cabeza, podrían no tener diagnóstico y estar expuestas al riesgo de que sus bebés desarrollen microcefalia, un trastorno neurológico vinculado recientemente con el zika en esa etapa del embarazo.

Para José Pablo Escobar, médico experto en epidemiología ambiental, si bien lo anterior es grave, no tiene asidero, en la medida en que este tipo de patologías siempre tienen un subregistro por las debilidades del sistema epidemiológico, “más dedicado a la curación que a la prevención”. Además, concluyó, como no hay vacuna o medicamento efectivo contra el zika, conocer o no el diagnóstico a tiempo no deja solución a la microcefalia.

MEDELLÍN

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