La paz: nunca más 'nunca antes'

La paz: nunca más 'nunca antes'

Todos los gobiernos, a partir de López, han intentado alcanzar la paz.

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31 de enero 2016 , 09:39 p.m.

El país inicia el nuevo año con renovado optimismo sobre la tan anhelada paz, después de tres años de difíciles y controvertidas conversaciones con el grupo subversivo Farc, que, por más de medio siglo, ha derramado la sangre de miles de colombianos con actos de terrorismo, atentados y secuestros.

En un país de frágil memoria como el nuestro, es bueno que algunos recordemos la necesidad de dejar de lado el complejo de Adán (“todo empezó conmigo”) y destaquemos que se trata de un proceso que viene de atrás y que, en la medida en que así se reconozca, podrá alcanzar el consenso nacional requerido para avalar las difíciles decisiones que estamos ad portas de tomar.

Por ejemplo, muchos no saben que durante el gobierno de López Michelsen el entonces gobernador de Bolívar, Álvaro Escallón Villa –quien por suerte vive todavía–, se desplazó al sur de ese departamento, en cumplimiento de instrucción presidencial, con la intención de explorar algunos acercamientos con el Eln, pero, al parecer, no hubo la suficiente coordinación con el estamento militar, el cual pensaba que había una real oportunidad de acabar con ese reducto guerrillero, y el intento fracasó. Parece que de ahí se derivaron las diferencias entre el presidente López y el general Álvaro Valencia Tovar, las que, tiempo más tarde, originaron una crisis que ocasionó su llamado a calificar servicios.

Llegado el gobierno de Belisario Betancur sucedieron gestos muy audaces de parte del Gobierno, como, por ejemplo, la vinculación de Colombia al entonces muy de moda grupo de países no alineados y el discurso distante del gobernante de la política de los organismos internacionales de crédito, a los que se les culpaba de la crisis del endeudamiento externo, todo lo cual le dio a Betancur un liderazgo en la América Latina, muy evidente en su discurso de bienvenida a Ronald Reagan en su breve visita a Bogotá.

En el frente interno se abrieron conversaciones con los distintos grupos guerrilleros más activos, hubo el público llamado desde Palacio a calificar servicios del general Landazábal, y personalidades como Fidel Castro avalaron esos gestos y declararon que ya la lucha armada no tenía razón de ser en la América Latina, y el doctor López Michelsen comparó esa audacia con la que tuvo Nixon en su famoso encuentro con Mao Tse Tung y remató diciendo que “después de Belisario todo sería distinto”. Inclusive en Centroamérica, en donde Colombia había tenido un cierto liderazgo con el grupo de Contadora desde el gobierno López Michelsen, la opinión pública presionó la apertura de conversaciones del entonces presidente del Salvador, Napoleón Duarte, con el frente Farabundo Martí, proceso que por cierto caminó más rápido que el colombiano habiendo este empezado de último.

Ese terreno abonado por Betancur le sirvió de base al entonces presidente de Costa Rica, Óscar Arias, para continuar con las gestiones de paz que culminaron con la obtención del Premio Nobel de Paz. Lamentablemente, los desgraciados e irracionales eventos de la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y la tragedia de Armero opacaron esa histórica gestión y la opinión cayó en el fácil sofisma de si había habido vacío de poder en la retoma del Palacio por las Fuerzas Militares, ignorando que estas lo hicieron en el marco de su misión institucional. Por ejemplo, cuando el mismo día de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, en el gobierno Gaviria, las Fuerzas Armadas bombardearon el ‘santuario de Casa Verde’, el Presidente, al ser indagado por los periodistas, dijo que él no había dado tal orden, pero que las Fuerzas Armadas no necesitaban de ello para ejercer su misión institucional.

En resumen, todos los gobiernos a partir de López, con excepción del de Samper, muy afectado en su gobernabilidad por los escándalos del proceso 8.000, han intentado hacer la paz con los grupos subversivos que han asolado nuestra patria, razón por la cual no se debe seguir con la estigmatización de lo que hizo Pastrana en el Caguán, pues la paz hay que mirarla como un proceso que requiere de generosidad y desprendimiento, es decir, sumar y no restar. Por ello, sugiero que nunca más sigamos con la muletilla del ‘nunca antes’.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA

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