Editorial: Aromas de esperanza

Editorial: Aromas de esperanza

Campesinos que tuvieron que cultivar coca deben tener certeza de que su trabajo es recompensado.

31 de enero 2016 , 09:39 p.m.

Surgen, de vez en cuando, hechos positivos que reviven la esperanza de un mejor futuro para una comunidad, que es vital también para el país, porque sirven de ejemplo de coraje y de que sí se puede.

Es emocionante, por cuanto significa para Nariño, para Tumaco, en particular, y para un grupo de campesinos, conocer, como lo mostró este diario el pasado 30 de enero, el meritorio esfuerzo de la Alianza Exportadora de Tumaco (que es parte de la Asociación de Cacaoteros de Colombia), que le valió ser galardonada, a finales de octubre del 2015, en el Salón del Chocolate en París, como la mejor muestra de Suramérica, por su cacao fino y su aroma.

Una conquista que tiene sabor a sacrificio y a decisión de surgir por las vías legales. Porque detrás hay un valioso proyecto –financiado por la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza– y la determinación de 1.130 cacaoteros a quienes los grupos ilegales les arrebataron sus tierras, de sustituir los cultivos de coca por los de cacao, contra la lógica de la ganancia, contra amenazas... contra viento y marea.

Y esto es más interesante, precisamente en un departamento que el año pasado tenía más de 17.000 hectáreas de plantación ilícita, el de mayor siembra de la llamada mata maldita en el país, con Tumaco con 8.963 hectáreas y donde también el desempleo es tan alto.

El que se esté acogiendo como producto de exportación, con orgullo antes que con miedo, el cacao y no la coca; el que se esté generando trabajo comunitario, significa que se está comenzado a sembrar esperanza.

Sobre todo, demuestra que si hay acompañamiento, respaldo económico, capacitación y se abren mercados a los productos, los labriegos buscarán alternativas nuevas, porque la tranquilidad no tiene precio. Se necesita, eso sí, que los campesinos, especialmente quienes tuvieron que cultivar coca, tengan la certeza de que su trabajo es recompensado. Esta es una clara lección. Qué positivo sería que, en aras del ambiente de reconciliación que se vive, cada vez más personas tomen este camino y que los grupos armados los respeten. Esa sería otra muestra real de querer la paz.

EDITORIAL
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