Y ahora, la ONU

Y ahora, la ONU

Con la resolución del Consejo de Seguridad, a opositores del proceso se les acaban los argumentos.

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28 de enero 2016 , 07:10 p.m.

La decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de avalar el pedido conjunto del Gobierno y las Farc para coordinar la verificación del verdadero fin del conflicto armado –la concentración y dejación de armas de las Farc– tiene tres grandes implicaciones.

La primera es que pone al ‘Tíbet de América’ ante la inminencia de que, aunque el proceso entre el Gobierno y las Farc se ha adelantado sin mediadores, no se va a acabar sin intervención externa. Por primera vez, una misión de paz va a intervenir en el país.

Colombia ha producido más conflictos internos que casi cualquier nación en el hemisferio occidental, pero siempre ha resistido que alguien de afuera le ayude a resolverlos. Figuras como los países amigos del Caguán o los garantes y acompañantes de La Habana, que han acompañado procesos pero no mediado en ellos, no son sino una muestra de que aquí se cree –contra lo que indican las tradiciones de negociación– que los conflictos se resuelven sin mediadores de afuera.

Ahora ya no. Para el paso decisivo, el fin del conflicto con las Farc, se entendió que lo mejor es invitar a una instancia creíble y experta como la ONU e involucrar países de la región a través de la Celac. Esa intervención externa se hace sin dar al Consejo de Seguridad ‘facultades extras’, como temían algunos, para meterse en otros temas como derechos humanos. Pero el desembarco, así sea sin cascos azules, va a ser contundente. Y nunca había ocurrido.

La segunda implicación es que esa decisión deja al Gobierno y las Farc embarcados. El costo de bajarse del bus en este punto –como lo señaló la metáfora de salirse de una escalera eléctrica de Humberto de la Calle– sería impagable. Para el gobierno de Santos como Estado y para la seriedad de las Farc. Si ya es una rareza que dos partes enfrentadas le pidan al Consejo de Seguridad que intervenga, como hicieron Gobierno y guerrilla colombianos, aún más inverosímil sería que después de hacerlo le digan que se arrepintieron.

Es decir: esto puede demorarse más allá del 23 de marzo, pero es casi imposible a estas alturas no llegar al acuerdo final y el fin del conflicto armado.

La tercera implicación es que, contra lo que muchos colombianos creían desde que empezó el proceso, cada día hay más evidencia de que las Farc van a cumplir.

Una contradicción constante en las encuestas desde que se iniciaron las conversaciones de La Habana es que, aunque una mayoría (variable) de la gente en las ciudades apoyaba la idea de una solución negociada, aún más gente era escéptica de que se llegara finalmente a un acuerdo y las Farc se desmovilizaran. Eso está cambiando: de acuerdo con Gallup, los que no creen que habrá acuerdo bajaron de 61 a 47 por ciento entre junio y diciembre del año pasado; y los optimistas aumentaron en proporción: de 33 a 52 por ciento.

Con la decisión del Consejo de Seguridad y la unanimidad del apoyo en la Celac y en muchos otros ámbitos, estas dudas pierden casi todo sustento. Nadie pide a Naciones Unidas que coordine un mecanismo tripartito para supervisar cómo se concentra y desarma una guerrilla sin que eso esté garantizado que ocurra.


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Esos eran tres argumentos centrales de los críticos del proceso: a las Farc no se les puede creer; no se va a llegar a un acuerdo; nadie creíble va a verificar esto.

¿Qué van a decir en adelante, cuando cada vez es más evidente que sí habrá acuerdo, que las Farc sí se van a desmovilizar y que la concentración y la dejación de armas van a ser verificadas nada menos que por Naciones Unidas?

Se acerca el verdadero fin del fin. Pero no por obra de las armas. Sino por la negociación. En un escenario que a pocos se les ocurrió: con el Consejo de Seguridad a bordo. Y, para colmo, a pedido no solo del Gobierno, sino de las Farc.


Álvaro Sierra Restrepo

cortapalo@gmail.com
@cortapalo

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