Secciones
Síguenos en:
Sin culpa

Sin culpa

Al final una vuelta de tuerca hace que lo pésimo, por serlo, nos maraville y nos conmueva.

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de enero 2016 , 04:53 p. m.

Estoy seguro de que a ustedes también les pasa todo el tiempo, o les pasó alguna vez, solo que huyeron despavoridos o fingieron con hipocresía que no, que eso no les podía estar pasando y que muy pronto todo volvería a la normalidad. Mirando hacia todas partes para asegurarse de que nadie los hubiera visto, sonriendo pero con esa expresión que es también de angustia y desconsuelo: la expresión de la culpa y la propia flagelación.

Sin embargo hay quienes han hecho de eso un destino, una verdadera pasión: la fuente a la vez liberadora y culposa de un placer que no tiene límites ni riendas. Se trata de un grupo poblacional –para usar un nombre horrible– cada vez más numeroso y cada vez más cómodo con su condición y su suerte, al punto de que la vergüenza aturdidora de los primeros tiempos se vuelve pronto orgullo, provocación.

Son dos actitudes muy distintas ante un mismo fenómeno que además es inevitable y universal, dos actitudes separadas por un abismo ético y moral: la primera está hecha de mojigatería, de negación de lo humano, de falsa templanza; la segunda en cambio empieza como una forma muy comprensible de la resignación, y al final acaba siendo toda una concepción del mundo, una filosofía.

Me refiero (de eso estoy hablando) al gusto depravado por las cosas malas, las cosas grotescas y aberrantes y a veces incluso inconscientes de toda su grandeza en el fracaso, la pobreza y el error. Hablo de la fascinación y el apego que nos pueden llegar a producir esas cosas que son tan malas, pero tan malas y bochornosas, que por esa misma razón se vuelven maravillosas, magistrales, sublimes.

Como si el universo operara un milagro sutil, y de la nada algo que al principio nos espeluzna o nos da risa nerviosa o nos indigna –una canción, un poema, un programa de televisión– se nos revela más bien como una obra de arte inesperada y perfecta, un prodigio que quizás su autor quiso ejecutar de otra manera y con otros fines y otras intenciones, pero que es magnífico a golpe de ser pésimo.

En otras palabras: hay cosas que están tan mal hechas, obras de teatro o discursos políticos o libros o películas o telenovelas, que para hacerlas así se necesita un talento tan grande o aun más grande que el que es capaz de producir lo bello y lo bueno, incluso si ese talento diabólico, como ya dije, no es consciente de toda su potencia. Al final una vuelta de tuerca hace que en ocasiones lo pésimo, por serlo, nos maraville y nos conmueva.

El profesor Esteban Duperly lleva años estudiando y ejerciendo este fenómeno que se llama, según él mismo me lo explicó ayer en Medellín, la ‘pregnancia a lo malo’, es decir el gusto voraz y desvergonzado por obras de la cultura o el entretenimiento que son tan malas que son insuperables: noticieros de bajo presupuesto, programas de televentas de los que no nos podemos despegar, tertulias esotéricas a medianoche en la radio.

Yo llevo años entregado sin medida a la pregnancia a lo malo, primero de una manera vergonzante hasta que un día asumí sin complejos mi condición y desde entonces no hay película de ciencia ficción cristiana que no vea dichoso, o discusión sobre las virtudes curativas del noni que no me deje absorto y feliz ante el televisor. Eso por no hablar, claro, de la mala poesía, casi tan mala y tan bella como la letra de nuestro himno nacional.

Para qué nos resistimos, para qué nos negamos; o como diría Juan Gabriel: “Pero qué necesidad, para qué tanto problema, no hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas...”.

También lo dice, más o menos, Paulo Coelho: “No existe ningún pecado en ser feliz”.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.