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'Asia Express': un tedio sugestivo / El otro lado

'Asia Express': un tedio sugestivo / El otro lado

Todo es tan extraño en este 'reality' que la odisea termina por no generar identificación ni placer.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de enero 2016 , 04:57 p. m.

‘Asia Express’, de Caracol, es un ‘reality’ de sufrimiento, intrepidez y sobrevivencia de colombianos del común en culturas exóticas. Se aprende algo, se sufre un poco, se escandaliza con las costumbres asiáticas. Todo parece funcionar pero no es fácil de ver y el concurso cae por grandes momentos en el tedio.

‘Asia Express’ es la versión colombiana del formato internacional ‘Pekin Express’, original de Bélgica y Países Bajos. Este concurso es otra versión del formato estadounidense ‘The Amazing Race’. Doce parejas tienen que recorrer 5.000 km por Vietnam, Laos, Camboya y Tailandia. Los concursantes tienen un presupuesto de un dólar por persona al día para conseguir comida, pero el transporte y el alojamiento deben conseguirlo gratuitamente.

Por el lado amable y atractivo está el presentador, Iván Lalinde, que es uno de los buenos animadores de concursos que tiene Colombia. La otra virtud está en que son colombianos del común los que participan y cada pareja expresa un modo diverso de complicidad: exnovios, novias, novios, amigos, hermanos, madre e hija, padre e hijo.

Lo más sugestivo es encontrarse con la cultura asiática y sus costumbres, comidas e idiomas. La ruta desde Hanói (Vietnam) hasta Bangkok (Tailandia) nos ofrece una aventura que permite una mirada a esas otras culturas que habitan el mundo.

La dinámica del concurso es sugestiva porque se sufre viendo a estos colombianos intentar adaptarse a una cultura que es diferente a la nuestra. Asistir a este espectáculo de habitar en un mundo extraño hace que el programa, más que divertido, sea una manera de conocer otras culturas.

Pero… una vez avanzan los capítulos, la emoción se torna tedio y repetición donde los dramas no alcanzan a emocionar y las costumbres locales terminan por exasperar. Uno como televidente no aguanta, se cambia de canal, se va a otras partes y regresa y no pasa mucho, o pasa más de lo mismo. Y cae uno de pronto en ese tedio de que da lo mismo verlo que no. Entonces, se convierte en un programa que se ve por pedacitos pero no se aguanta como un todo.

Y que tal vez lo mejor abandonarlo. Todo es tan extraño que esta odisea termina por no generar identificación ni placer. Un programa que da lo mismo verlo que no verlo.

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Don Carlos Muñoz se fue y nos dejó una memoria de personajes y grandes éxitos en esa televisión que parecía muy colombiana: ‘Yo y Tú’ (donde era Carlitos), ‘Pero sigo siendo el rey’ (ese inolvidable machote equivocado llamado Adán Corona), ‘La tía Julia y el escribidor’ (Pedro Camacho), ‘Caballo Viejo’ (donde hizo uno de los personajes más emblemáticos de nuestra tele, Epifanio del Cristo), ‘San Tropel’ (allí se convirtió en un tierno padre Pío Quinto Quintero). Todos personajes con mucho arraigo en lo cultural y lo emocional.

Don Carlos Muñoz es toda la historia de nuestra televisión, desde 1954 estuvo y fue una de sus marcas de calidad. No era bonito, era actor. Y fue creador de personajes que constituyen parte de nuestra memoria cultural. Don Carlos estará siempre por aquí recordándonos esa televisión de calidad que se convirtió en identidad nacional. Gracias don Carlos.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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