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No deja gobernar

No deja gobernar

¿Si se pierde el plebiscito, en qué quedaría el gobierno Santos, con los huevos en esa canasta?

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Jamás pensé que llegaría el día en que los colombianos tuviéramos que agradecerles a las Farc en materia de impuestos. Así vamos. El Presidente ha optado por aplazar la temida reforma tributaria por lo menos hasta el segundo semestre o comienzos del año entrante, con la disculpa chimba de “socializarla”, solo para proteger el plebiscito refrendatorio de la paz de las posibles interferencias de su impopularidad. Pero la verdad es que si el plebiscito frena al Presidente de tomar las medidas urgentes que se requieren para capotear la mala situación fiscal del país, es decir, para gobernar, mejor que el plebiscito se caiga desde antes de que se convoque.

Muy serios economistas, entre otros, Guillermo Perry, miembro de la misión tributaria encargada de trabajar a todo vapor durante nueve meses para hacerle al Gobierno urgentes recomendaciones, viene diciéndolo públicamente: “El golpe fuerte de la caída del petróleo sobre el recaudo de impuestos solo comenzará a sentirse este año. Si no recortamos el gasto público y aumentamos los recaudos, el país perdería su grado de inversión y se frenaría la entrada de capitales”. Mejor dicho, lo que le pasó a Brasil en seis meses. Y eso perfectamente podría cogernos a nosotros en plena campaña del plebiscito por la paz, mientras la azarosa reforma fiscal permanece engavetada. Al tiempo que el Presidente inicie su cruzada por el plebiscito, la inflación podría encaramarse a dos dígitos, el dólar dispararse más, el peso hundirse en los infra-círculos del infierno, y hasta podría ocurrir que nos bajen la calificación internacional.

Pero es que en medio de este escenario de nubarrones económicos también es posible, como planteaba la semana pasada mi vecino Mauricio Vargas, una derrota política del plebiscito. Y eso, con la inversión en la millonaria ‘mermelada’ publicitaria para la campaña por el Sí, y no obstante la fraudulenta manipulación de los umbrales electorales mínimos.

Santos no debería ponernos ante tan catastrófica disyuntiva de que los colombianos podamos llegar a ordenarle suspender el proceso de paz con las Farc, cuando ya estas tienen media cabeza tostada entre el horno. Mejor que avance, pero que él asuma su responsabilidad política. Si pierde el plebiscito, tendría que seguir adelante como si nada, porque sus resultados no son jurídicamente vinculantes y este proceso de paz ya no tiene reversa. Pero ¿se imaginan el problema de legitimidad? ¿En qué quedaría el gobierno Santos, con todos los huevos puestos en esa canasta? ¿Qué explicación le daríamos a la comunidad internacional? ¿Qué haría al otro día el Ejército colombiano, ante una contraorden democrática desde las urnas? ¿Para dónde cogen las Farc después de cuatro años burocratizadas en La Habana?

Si el plebiscito no está dejando gobernar al presidente Santos en temas vitales como la economía, y si además existe una posibilidad real, aun cuando sea remota, de que lo pierda, ¿no sería mucho mejor para todos que se hunda antes de nacer?

Estará en manos de la Corte Constitucional durante los próximos 15 días. El ponente, magistrado Luis Ernesto Vargas, ha sido cauto a la hora de sumarse al aquelarre de la delincuencia de lesa humanidad haciendo política. Me dicen que el trámite del plebiscito tiene suficientes vicios de constitucionalidad como para que una Corte responsable lo tumbe.

Con ello le harían un gran favor político al Presidente. Lo redimirían forzosamente, pero con dignidad, de su promesa de refrendar la paz, que en el fondo no es más que la coartada de poder exhibir internacionalmente una legitimidad obtenida de un apoyo democrático, basada en un umbral tramposo. Pero al mismo tiempo liberaría al Presidente, y además al país, del peligro grave de que ese plebiscito se pierda y nos quedemos en un laberinto sin salida.

Sin plebiscito, el Presidente no tendrá que andar preso de su popularidad, y se podría poner a gobernar adoptando medidas, las que tenga que tomar un gobernante serio. Porque la verdad es que este país es mucho más grande que un acuerdo de paz con 8.000 tipos en La Habana, así Santos esté empeñado en empequeñecerlo tanto.

Entre tanto... A Cárdenas, que le paguen pasajes en ‘business class’. Claramente no cabe en económica.

MARÍA ISABEL RUEDA

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