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Tras una década, Evo Morales sigue con la fuerza intacta

Tras una década, Evo Morales sigue con la fuerza intacta

Quiere mantenerse en el poder por un periodo más y ampliar la agenda energética de Bolivia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de enero 2016 , 06:19 p. m.

Acompañado de decenas de indígenas y en las ruinas precolombinas de Tiahuanaco, el presidente de Bolivia, Evo Morales, le dio las gracias a la Pachamama por permitirle cumplir diez años en el poder.

El mandatario boliviano, de 56 años, se convirtió esta semana en el que más tiempo ha permanecido de manera ininterrumpida en el Palacio Quemado, con un gobierno marcado por logros y desaciertos, que ha sido calificado de “luces y sombras” por expertos.

No es para menos. Cuando Evo se lanzó a la presidencia prometió una revolución e inclusión social. Su discurso caló entre la población, mayoritariamente indígena, y arrasó en las elecciones del 2005 con una mayoría absoluta, obteniendo un 54 por ciento de los votos, con Álvaro García Linera como su fórmula vicepresidencial.

En su primer periodo y tres meses después de haber asumido su cargo el 22 de enero de 2006, Evo dio una orden, en su momento polémica: nacionalizar todos los hidrocarburos para tener un mayor margen de rentabilidad para Bolivia.

Morales no se equivocó. La nacionalización de los recursos naturales coincidió “con una extraordinaria coyuntura internacional que le permitió a Bolivia contar con recursos que el país jamás había tenido”, le dijo a EL TIEMPO el analista político boliviano Jorge Lazarte.

“Crecimos económicamente. De acuerdo con indicadores de la Cepal y el Fondo Monetario Internacional (FMI), no hemos bajado del 4 por ciento en los últimos 10 años. Esto ha permitido que muchos sectores hayan salido de la pobreza extrema”, dijo a este diario Fidel Rojas, director de la carrera de sociología de la Universidad Mayor de San Andrés.

Los recursos obtenidos por los hidrocarburos y la minería se convirtieron en la base de la política social de Morales, que logró poner en marcha la distribución de la riqueza que había prometido.

“En primer lugar, lo hizo en favor de sus apoyos sociales, a los cuales nunca les habían llegado recursos por una vía o por la otra, pero que esta vez sí les llegó con un sentimiento de que valen y de que cuentan en el país”, afirmó Lazarte.

“Pero estos recursos también le llegaron a la clase media, que se hizo más permeable al discurso del gobierno”, agrega el analista.

Estado plurinacional

Al inicio de su gobierno, Evo desarticuló por completo a la oposición a través de un proceso de confrontación y con una ideología que privilegiaba a los indígenas. Después promovió la Asamblea Constituyente que le permitió al gobierno proclamar una nueva constitución, aprobada en un referendo, en la que se estableció la refundación de Bolivia como un Estado plurinacional, se incluyó a los indígenas y se fijaron las nuevas reglas del gobierno, entre las que estaba la reelección por un periodo.

Tras la proclamación de la nueva constitución llegaron otra vez las elecciones en el 2010 y Evo, como la figura fuerte dentro de su partido, Movimiento al Socialismo (MAS), se volvió a lanzar como candidato, pues el Tribunal Constitucional le dio el aval al afirmar que el periodo del 2006 al 2010 no contaba por ser anterior a la refundación.

Aunque hubo resistencia desde algunos sectores, el mandatario ganó con un 64 por ciento y garantizó su permanencia hasta el 2015.

Según expertos, en ese segundo periodo, Evo cambió su estilo de gobierno y se volvió más pragmático.

“Extendió la mano a los empresarios, a los adversarios que acababa de vencer y a los que les había declarado la guerra. Y, de algún modo, se distanció del discurso indígena. ‘Desindigenizó’ su discurso y su práctica, lo que le ha ocasionado conflictos con esos grupos”, dice Lazarte.

En la política exterior, al presidente le aplauden la demanda internacional que planteó en el 2013 que busca obligar a Chile a negociar con Bolivia una salida soberana al mar. Ese logro, quizá el más grande a ese nivel, se sumó a su política social, calificada de progresista, y lo llevó a ser reelegido por tercera vez en el 2014, con un 61 por ciento de los votos, asegurando su mandato hasta el 2019.

Tras asumir su tercer periodo, Morales ganó su primer pulso en la disputa por el mar cuando, en septiembre del 2015, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya se declaró competente para dirimir la demanda contra Chile.

“Obtuvo una victoria política que ningún gobierno había obtenido en el pasado. Puso al gobierno chileno a la defensiva y ganó apoyos internacionales”, dice Lazarte.

Hasta acá las luces. En las sombras, al presidente indígena le llueven críticas, pues se legalizó el trabajo infantil, aumentaron los casos de feminicidio, la inseguridad, la corrupción, el acoso contra los periodistas, los cultivos de hoja de coca –que, según analistas, han llevado al incremento del narcotráfico–, y la justicia está en una grave crisis.

“La justicia es una deuda pendiente. Es un problema estructural porque quienes pagan son los pobres, que son los que están en las cárceles”, afirma Rojas.

Y, después de diez años, Evo quiere más: busca seguir con lo que ha llamado la Agenda Patriótica 2025, que busca reducir la pobreza extrema y convertir a Bolivia en lo que Linera ha llamado el “centro energético” regional a partir de la industrialización del gas natural, el litio y otros minerales.

Por eso, el mandatario y su partido están en plena campaña para impulsar un referendo, que se celebrará el 21 de febrero, para permitir de nuevo su reelección para poder gobernar hasta el 2025.

Aunque las encuestas todavía muestran una estrecha diferencia entre el sí y el no, expertos coinciden en que reemplazar la figura de Morales no es fácil, pues él representa la unidad, y la oposición no tiene un líder de la envergadura del mandatario. La prueba está en que, diez años después, Evo tiene una popularidad superior al 60 por ciento, una de las más altas de América Latina.

SANDRA RAMÍREZ CARREÑO
Redacción internacional
Twitter: @esalgosimple

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