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El deporte no tan blanco

El deporte no tan blanco

Otro bochornoso escándalo deja la relación de los deportes de alto rendimiento con las mafias.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de enero 2016 , 09:10 p. m.

Nikolay Davydenko, de Rusia, es uno de los primeros jugadores implicados en los amaños y fraudes en los partidos del circuito profesional de Tenis. Foto: Archivo AFP

Turno para el tenis. Luego de varios meses de inquietantes revelaciones sobre manejos indebidos de dineros en la Fifa, el siguiente escándalo en el deporte mundial corrió por cuenta de una investigación de la BBC y BuzzFeed News sobre cómo las mafias de apostadores han logrado incidir en los resultados de partidos de distintos torneos del deporte blanco, entre ellos los de más alto nivel.

Sobra decir que hoy esta actividad, como tantas otras, es, incluso más que una competencia atlética, una colosal industria. Y ligada a ella ha crecido la de las apuestas legales, que anualmente mueven cerca de 7.800 millones de euros. Las cifras de las ilegales, controladas por poderosas mafias, las protagonistas de este escándalo, son imposibles de establecer, pero expertos no dudan de que son muy superiores.

No es la primera vez que un escándalo con estos tintes ocurre en el deporte de alto rendimiento. El poder de los apostadores ilegales es también una preocupación en el fútbol, en el que se han presentado denuncias por partidos amañados. El ciclismo y el boxeo, entre muchas otras disciplinas, también han estado en distintos momentos y lugares bajo sospecha por la misma causa.

Pero los esfuerzos por combatir el fenómeno han venido, sobre todo, de las firmas legales de apuestas, que, desde luego, temen que se desacredite su actividad. Si algo tienen en común todos estos episodios, y ahora vuelve a ocurrir con el tenis, es que sus autoridades prefieren mirar para otro lado, evadir responsabilidades, minimizar el problema y sugerir que la ropa sucia se lava en casa.

Puede ser una utopía pretender que irregularidades de este talante desaparezcan del todo. Hay que apelar, entonces, a abrirle espacio a la ética en la formación de los deportistas. Pero más importante es que los que regentan el espectáculo muestren un compromiso mucho mayor que el actual con la transparencia. Que entiendan que su actividad puede ser de índole privada, pero que la pasión que la mueve es patrimonio público y que la credibilidad del juego, y por ende su viabilidad, depende cada vez más de la certeza de los aficionados de que este está en buenas manos.

editorial@eltiempo.com

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