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Una década de artes

Una década de artes

El Carnaval de las Artes de Barranquilla sacudió las anquilosadas ideas que tenemos de la cultura.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de enero 2016 , 08:57 p. m.

Heriberto Fiorillo, director de la Fundación La Cueva y del Carnaval Internacional de las Artes de Barranquilla. Foto: Archivo EL TIEMPO.

Cuando Heriberto Fiorillo era ya una respetada figura del periodismo nacional, y era considerado una valiosa pluma colombiana y había dejado su impronta en la televisión y en el cine del país, decidió dedicarle sus energías inagotables –fue en el 2002– a convertir en un centro cultural, y en un pretexto para encontrarse con los amigos de la cultura, La Cueva barranquillera, donde se reunieron algunos de los principales artistas colombianos del siglo pasado.

Tres años más tarde, en el 2005, con el legado del Grupo de Barranquilla como ejemplo, echó a andar un evento cultural que se ha transformado en referente nacional: el prestigioso Carnaval de las Artes de Barranquilla.

Fiorillo se erigió, pues, en gestor cultural, y, con la ayuda de unos cuantos buenos amigos, consiguió convencer a una centena de artistas de sentarse a conversar sobre sus vidas y sus obras y sus rutinas. Por el Carnaval de las Artes, que prueba que en la inquieta Barranquilla la fiesta sucede en la mente como en el cuerpo, y que la cultura popular no tiene por qué juzgarse con raseros condescendientes, han pasado el actor Matt Dillon, la actriz Marisa Tomei, el poeta Luis García Montero, la estrella Sylvia Kristel, el humorista Daniel Rabinovich y el luchador Blue Demon.

Este año, cuando se celebra la edición número diez en el legendario teatro Amira de la Rosa, La Cueva y otros sitios de la ciudad, habrá una vez más conversaciones entre narradores dispuestos a redescubrir lo literario, exposiciones de fotógrafos que reivindican un arte que existía antes de los teléfonos inteligentes, y conciertos de músicos que han empujado los límites de sus artes desde el principio de sus carreras. Se celebrará, sobre todo, la innegable convocatoria del evento, tan parecida a la de una casa feliz a donde van a dar todos los amigos que no creen en acartonamientos ni en farsas ni en egos en juego.

Son, apenas, los primeros años de un carnaval que ha sacudido las anquilosadas ideas que tenemos de la cultura. Pero es como si hubiera estado siempre.

editorial@eltiempo.com

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