Consejos para que se quite el dolor de cabeza de un vecino rumbero

Consejos para que se quite el dolor de cabeza de un vecino rumbero

Infortunadamente, todo vecindario, conjunto, calle o cuadra cuenta con uno de estos personajes.

18 de enero 2016 , 07:54 p. m.

Durante las celebraciones de diciembre y enero las reuniones y fiestas son frecuentes y es inevitable que aparezca el vecino que ofrece su casa, y en algunas ocasiones hasta su cuadra, para recibir un ‘parrandón’ con gran cantidad de público, alcohol y música.

Y claro, la rumba trae un montón de problemas que ya son hasta cliché: el borracho cayéndose, el espectáculo de celos de las parejas, el celador del edificio correteando amantes furtivos, el grupo vallenato que llega en la madrugada, las rancheras en la amanecida… Todo, mientras usted solo piensa en madrugar a trabajar al día siguiente o simplemente quiere descansar.

Pero ¿qué pasa cuando el problema no es solo del fin de año, sino que cada semana la fiesta y el escándalo se repite? ¿Qué pasa cuando el vecino deja de hacerle caso a las llamadas de atención? ¿O cuando ni siquiera la Policía puede controlarlo?

Evidentemente, las ojeras y el desespero pueden convertirse para usted en un problema de convivencia extremo, al punto de generar encontronazos verbales o físicos. No en vano, cifras oficiales del Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (Ceacsc) muestran que las peleas de vecinos por temas con ruido son la tercera causa de riñas en Bogotá.

Una muestra del punto hasta el cual puede llegar una discusión entre vecinos es el caso de David Emanuel Manotas Char, quien en 2013 acabó con la vida de José Francisco Cifuentes, por pedirle bajar el volumen a la música luego de una parranda de tres días en un conjunto del norte de Bogotá.

Y entonces, ¿cómo se puede frenar al rumbero?

Existen varios conductos regulares a los cuales se puede acudir ante un caso de perturbación a la tranquilidad de una comunidad. Para Edith Peña, administradora de un conjunto residencial de la localidad de Suba y con más de 20 años de experiencia, la mejor solución en primera instancia es hablar cara a cara con el vecino rumbero, obvio, cuando esté en sano juicio.

“Normalmente este tipo de situaciones se termina arreglando de manera consensuada con el administrador o presidente de la Junta de Acción Comunal; quizás no esa misma noche, pero sí al día siguiente o en asambleas extraordinarias”, afirma Edith Peña.

Lo que también recomienda esta profesional es que los residentes conozcan sus derechos y obligaciones contemplados en los manuales de convivencia y la ley de propiedad horizontal. “Ahí se estipula, por ejemplo, que para este tipo de eventos sociales (las fiestas) la comunidad tiene derecho a espacios como el salón comunal”, explicó.

 Los manuales de convivencia de conjuntos residenciales o la Ley 675 del 2001 (por la cual se rige el régimen de propiedad horizontal) estipulan las sanciones y multas, tanto para propietarios, como para arrendatarios, en cuyo caso pueden ser aún más severas. Estos valores se establecen en las asambleas de principio de año o según indique el manual.

Según el artículo 18, parágrafo 1, de la misma ley, una de las obligaciones que tiene un residente es abstenerse de ejecutar algún acto que afecte o comprometa la seguridad o perturbe la tranquilidad de sus vecinos, produciendo ruidos, molestias o actos no aptos para este tipo de residencia.

“En los casos en que el arrendatario no responda ni a los llamados de atención ni a los conductos regulares establecidos por la ley, el administrador o presidente de la junta de acción comunal tomará medidas directamente con el dueño del predio. En casos graves se le pedirá al propietario desalojar al inquilino por no cumplir las normas estipuladas por el manual de convivencia”, explicó un vocero de la inmobiliaria Century 21.

Cuando ya el caso no puede ser solucionado por el administrador o presidente de la junta, este será revisado por las autoridades a las que les compete este tipo de situaciones. La Policía, el Ministerio de Ambiente y en Bogotá la Secretaría de Ambiente establecen una serie de sanciones y multas según el caso, estas pueden oscilar entre 700.000 y 8 millones de pesos dependiendo, por ejemplo, de factores como la zona donde se presenta el caso y si hay reincidencia. Cabe aclarar que en la mayoría de las situaciones se castiga por este concepto a establecimientos comerciales.

La acción de las autoridades en estos casos se da según lo estipulado en el artículo 203 del Código de Policía de Bogotá. El teniente Jaime Bernal, que patrulla en la localidad de Chapinero, una de las zonas con más altos índices de fiestas en espacios residenciales de la ciudad, explicó que puede actuar cuando exista "violación o inobservancia de una regla de convivencia ciudadana", en ese momento y evaluando la situación, algún miembro del cuadrante policial acudirá al inmueble para darle solución al conflicto.

¿Cómo vive estas situaciones el vecino víctima?

Para Ómar Sánchez, residente del conjunto residencial Santa Paula, en la localidad de Suba, su vecino del piso de arriba se ha convertido en un “constante dolor de cabeza”. Las fiestas hasta altas horas de la noche entre semana y las peleas que se registran después de ellas han ocasionado discusiones entre ellos en varias oportunidades.

“Yo fui joven y entiendo la necesidad de poder compartir y rumbear con los amigos, el problema acá es que es entre semana, cuando al día siguiente, tanto yo como mi pareja tenemos que madrugar, eso sin contar que al vivir en un primer piso las colillas, latas y otras cosas terminan en mi terraza”, comentó Sánchez.

Sánchez, arquitecto, manifestó que ya ha recurrido a los conductos regulares que la ley estipula, comenzado con la charla amistosa con su vecino y siguiendo en el derecho de petición al conjunto residencial para que el propietario del piso de arriba sea sancionado.

No voy a negar que le han bajado a las fiestas, el problema es que así haga una, estas siempre terminan en gritos y con mi terraza llena de basura”, añadió Sánchez.

Datos para tener en cuenta

Los rumberos tienen un horario estipulado en los manuales de convivencia de los conjuntos residenciales, estos fueron ya aceptados y votados por la junta de acción comunal o por la asamblea de propietarios.

Conocedores del tema inmobiliario y de propiedad horizontal consultados por este diario recomiendan que sea hasta la 1 de la mañana los fines de semana y hasta las 11 de la noche entre semana, dejando claro que los niveles de música deben ser más bajos en días hábiles. Así de claro debe quedar en cada asamblea.

Si no hay un cumplimiento de esto y los procesos de reclamación explicados anteriormente no se cumplen, los casos pueden ser llevados a la Secretaría de Ambiente de Bogotá y ahí se realizarán las sanciones correspondientes.

“Apoyándonos en la Ley 6918 de 2010, en la cual se establecen los niveles de ruido al interior de las edificaciones, se sancionarán a las personas que afecten la salud y el bienestar de la sociedad por la generación de ruido”, explicó un vocero de esa oficina a EL TIEMPO.

La Secretaría de Ambiente puntualizó que estos casos se llevan de la mano con la Policía, siguiendo al pie de la letra el artículo número 79 sobre contaminación auditiva y con el Ministerio de Ambiente, el cual expidió el decreto 948 de 1995, en el cual establece los niveles de ruido que pueden ser utilizados en lugares residenciales.

LUIS BELTRÁN
Twitter: @Luis_BeltranR
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