'No hay muchos carros, sino que faltan vías': Rodrigo Mejía

'No hay muchos carros, sino que faltan vías': Rodrigo Mejía

El presidente del Grupo Casa Británica opina que el sector automotor puede crecer aún más.

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18 de enero 2016 , 10:00 a.m.

Cuando el ingeniero electricista Rodrigo Mejía ingresó a dirigir el Grupo empresarial Casa Británica en 1977, solo habían dos vehículos parqueados en el edificio.

Casi 40 años después, en los cuatro concesionarios consecutivos ubicados en el sector Palacé, los empleados no tienen donde parquear. Pero eso no lo asusta. Como tampoco lo hace el ver las calles de su natal Medellín atiborradas de vehículos.

A este empresario, que vio llegar y partir al icónico Renault 4, no le asusta la realidad porque prefiere entenderla.
Rodrigo Mejía dialogó con EL TIEMPO sobre su devenir en las casi cuatro décadas que lleva en el negocio de automotores con siete concesionarios en la ciudad: Casa Británica (Renault); Yokomotor (Toyota); Distrikia y Mundokia (Kia); Planautos, Alemautos (Mercedes Benz); y Autozen (Suzuki).

Siendo ingeniero electricista, ¿cómo terminó dirigiendo un grupo empresarial de automotores?

Yo solo he trabajado en dos campos: textil y automotores. Primero estuve en Coltejer en la parte eléctrica, y allí me vieron unas aptitudes que quizá no creí tener y me ofrecieron ingresar al sector administrativo en el campo de automotores. Me dieron ocho horas para tomar esa difícil decisión. Y aquí estoy.

¿Y cómo ha sido esa experiencia?

La ingeniería le permite a uno entender muchas cosas dentro del desarrollo de la lógica. Y este gremio me permitió entender la evolución del cliente y saber interpretarla para poder entregarle la satisfacción que busca.

¿Cómo es esa evolución?

En los años 80, el que tomaba la decisión de compra era el hombre y llegaba a su casa ya con el carro comprado. Luego fue cambiando y antes de comprar, le preguntaba a su esposa de qué color quería el carro. De ahí, la mujer comenzó a participar más y ahora la mujer toma la decisión en la misma proporción; y ahora hasta los hijos se han vuelto asesores de compra para la familia. Hay que entender ese tipo de cambios.

También ha cambiado la industria, ¿cómo asimila el incremento en el parque automotor?

Cuando ingresé se vendían al año de 17.000 a 20.000 unidades. Ahora en 2014 la cifra récord fue de casi 350.000. Pero siempre ha tenido claro que Colombia comparado con otros países, sigue siendo muy pequeño en número de automóviles por habitantes.

Pero la ciudad se ve colapsada de vehículos. ¿Aún así es bajo?

Eso no me asusta, porque siempre hacemos los cálculos, y hay aproximadamente 17 habitantes por un carro en Colombia, mientras que en otros países del continente son 2 o 3, o sea que nos llevan una ventaja muy grande. Cuando de pronto se ve hay muchos carros es porque dentro de los planes de los gobiernos han sido muy temerosos en invertir en el desarrollo de infraestructura. Un dictador brasilero muy famoso dijo por allá a mediados de los 60 que uno para ser gobernante lo único que tiene que hacer es infraestructura y desde ahí el país se desarrolla. Apenas ahora se ha venido haciendo en Medellín.

¿Entonces cuál es el problema?

El mayor problema que hemos tenido en el país es que le hemos tenido temor al carro, porque en la época de los 50 era un bien solo para los ricos. Y eso se quedó metido en la mentalidad de todos. Por eso es el que más impuestos tiene y mayores gravámenes de importación tiene. Pero en lugar de crecer las carreteras tratan de disminuir la venta de carros.

¿Qué se podría hacer?

Me sorprende que el sector público no se haya dado cuenta que la inversión en infraestructura dinamiza la economía y no es capaz de invertir con creatividad en el desarrollo de estos para que no se vean tantos carros.

¿No se vean tantos carros?

Una cosa es que haya una cantidad X de carros, otra que se vea ese número. No es lo mismo ver una fila de seis carros en un carril, que verlos si ponen tres carriles, porque solo se ven dos por cada uno de esos.

A usted le tocó el auge y la salida del Renault 4, un auto icónico, ¿Qué tan duro fue descontinuarlo?

Es uno de esos entierros inevitables y que duele mucho hacer. Era ‘el amigo fiel’, un vehículo que por sus características de desempeño gustó mucho. Era necesario reemplazarlo, pero me dio muy duro... demasiada tristeza. Traté de comprar los que más pude para venderlos y que siguieran en las calles.

¿Qué le gusta hacer?

Me gusta mucho el campo. Pertenezco a este grupo de antioqueños que les gusta tener la tierra en las uñas de vez en cuando, ver animales crecer. Me encanta el clima caliente porque me da una sensación de libertad y trato de disfrutarlo en familia.

Hablando de familia. Dos de sus hijas son gerentes y otro más trabaja en la compañía. ¿Cómo ha sido mantener ese linaje en el gremio?

Fue algo que se fue dando y que yo no impuse. Ellas se fueron interesando en este mundo e hicieron un gran trabajo para llegar donde están. Lo que sí hice fue desde pequeños inculcarles el valor del trabajo, por lo que los traía a trabajar conmigo. Al principio contaban repuestos, luego ayudaban en caja, y uno de mis hijos fue asistente de mecánico.

¿Y con las mujeres trabajando en el sector?

Nosotros fuimos uno de los primeros concesionarios en el país en vincular a mujeres vendedoras. Y desde siempre en la parte administrativa hemos sido 80 por ciento mujeres y 20 por ciento hombres. De hecho, en las reuniones yo hablo de 'nosotras' porque ellas son mayoría (risas).

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Redactor de EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com
@AlejoMercado10

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