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Bailando sin estrellas / El otro lado

Bailando sin estrellas / El otro lado

El nuevo concurso de RCN resulta neutro en emoción, no hay ni melodrama ni comedia ni tragedia.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de enero 2016 , 04:35 p. m.

Año nuevo y nuevos ‘realities’. ‘Bailando con las estrellas’, de RCN y ‘Asia Express’, de Caracol. Uno jugando a la gozadera a la colombiana y el otro, con la aventura en tierras lejanas y desconocidas.

“¿Te atreverías a bailar delante de millones de televidentes, un público y unos exigentes jurados? Pues un grupo de famosos asumirán este reto, ellos darán lo mejor cada noche”. Así prometen la diversión en RCN.

La idea del baile es muy nuestra, y de eso se sabe mucho en Colombia. La propuesta de concurso con melodrama que no requiere mucho del televidente debe ser ganadora. Pero ‘Bailando con las estrellas’ no produce emoción ni en el baile, ni en el espectáculo, ni en los jurados.

Las estrellas en Colombia no existen. A los farándula de por aquí les gusta poco el escándalo, le huyen al vedetismo, se conforman con salir en pantalla.

Esto hace que el concurso tenga poco atractivo, hay gente valiosa pero con pocas ganas de escandalizar, con ningún atributo para mover la moral pública y con poco talento que demostrar. Luego, de estrellas, poco.

En un concurso ‘reality’, los jurados son el espectáculo. Y aquí se escogieron a tres que no producen ninguna emoción: no los conocen los televidentes, hablan mal y con poco discurso, están llenos de buenaondismo y califican a lo mal.

No existe el bueno, el malo, el divertido: todos en la misma neutralidad. Nada aportan, no pasa nada. Ni estrellas, ni jurados.

El baile no es el del colombiano que se amaciza y hace de la cadera y el contoneo una seducción. Los bailes están llenos de coreografías inútiles que juegan al cliché y unas recreaciones de baile de salón desconocido.

Las músicas no son originales sino versiones neutras donde se pierde el valor de esas canciones hechas corazón y sentimiento en sus voces originales. Ni estrellas, ni jurados, ni música.

Los concursantes le ponen el alma, cuentan historias tiernas, juegan a seducir compasión. Pero todo es desangelado porque son puros testimonios a cámara sin la potencia de las vidas cotidianas perdidas en el anonimato. Tampoco hay participantes que muevan la aguja de la emoción y la identificación.

Los presentadores son bonitos y nada más. Delmas solo sabe decir “wow wow wow”. Y Taliana Vargas es bella de las más, pero improvisa mal y solo gana cuando sonríe. Nos quedamos sin picante, ni emoción. Ni estrellas, ni jurados, ni baile, ni presentadores.

El resultado es un programa neutro en emoción, donde no hay ni melodrama, ni comedia, ni tragedia. Todo se queda en lo normalito. La emoción es neutra.

Un buenaondismo que evita el conflicto, unos jurados que no tienen palabra ni atractivo, unos bailes de salón sin potencia. Y concurso ‘reality’ sin conflicto, sin palabras que emocionen, sin sentimentalidad no llega al corazón. ‘Bailando con las estrellas’ será un concurso más a la espera de que un día un concursante lo salve con su melodrama o una estrella se entregue al escándalo. Se puede ver y no pasa nada. Se puede no ver y tampoco.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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