Los Stones

Los Stones

Me unieron a los Rolling Stones momentos cruciales de mi vida: la pose rabiosa, amor en los parques.

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15 de enero 2016 , 05:39 p.m.

Sin quererlo, sin ninguna intención perversa, Álvaro, mi padre, me volvió un roquero precoz. A los 11 años, me llevó al teatro Libertador a ver la película 'Help!', de los Beatles; tal vez lo hizo movido por una resonancia mediática inusual para la época; fue una experiencia fascinante oír y ver a esos jóvenes apolíneos, con una melodía y un carisma distintos, originales, que seguramente partieron en dos la música contemporánea del siglo XX. Ese primer contacto, maravilloso y sicodélico, sin yo saberlo, me introdujo estruendosamente en el rock, y a los 12 años ya oía a The Jimi Hendrix Experience y su densa 'Purple Haze', y en ese camino libertino, espinoso, pletórico de aventuras, hallé a las Piedras Rodantes, como los llamaba ásperamente en español Gustavo Arenas, hoy conocido como el Doctor Rock.

Entré a ellos por su álbum 'December’s Children', en el que aparecen desafiantes, seguramente trabados, dionisiacos, mirándonos de frente (el andrógino Jagger; Richards, un drogo de postín; Jones, caballero melancólico y extraviado, Taylor, Wyman y el inalterable Watts), y con una marcada influencia del blues; allí me cautivaron 'You Better Move On', 'Get Off Of My Cloud'. Había una oscuridad resplandeciente en sus canciones que seducía a los espíritus jóvenes y rebeldes. En Cedritos, el barrio de mi adolescencia, ya se bailaba en las fiestas 'Satisfaction', en contravía de la música chucuchucu.

Pero el álbum que desbordó todo fue 'Through the Past', 'Darkly', que salió después de la muerte de Brian Jones; electrizante, diverso, contundente: cómo olvidar 'Paint it, Black', ese himno que es 'Ruby Tuesday', 'Jumpin’ Jack Flash', 'Honky Tonk Women', 'Dandelion'; magistral, un eco de la autenticidad y el desparpajo. También 'Sticky Fingers' ('Brown Sugar', 'Wild Horses'); y en 'Beggars Banquet' (El banquete de los mendigos), título de alto resoplido, 'Sympathy For The Devil' y 'No Expectations'. Me unieron a los Rolling Stones momentos cruciales de mi vida, la pose rabiosa, un amor en los parques, oyéndolos y tomando vino Gato Negro, a su salud, seguramente aromado por una buena hierba de antaño. Se han amoldado a los trinos comerciales de los tiempos, pero nos han dejado más de una docena de tesoros musicales. El siglo XXI los traerá a Bogotá, sesentones y restaurados por la tecnología, y qué importa, sí, ya hacen parte de la nostalgia clásica del rock.


Alfonso Carvajal

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