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Isagén y las utilidades del B. de la R.

Isagén y las utilidades del B. de la R.

La rentabilidad de los inversionistas que compraron acciones de Isagén cuadruplicaron su capital.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de enero 2016 , 09:45 p. m.

Ante la tormenta política desatada por la inminente venta de Isagén, hay que reconocer que es acertado e incuestionable el objetivo del Gobierno de conseguir recursos para financiar el programa de carreteras de 4G para ser más competitivos. Lo equivocado es pretender hacerlo con la venta de un activo rentable y estratégico como es Isagén, pues el Gobierno tiene otras alternativas mucho mejores para financiar las carreteras. Contando los dividendos recibidos y el aumento del precio de las acciones, la rentabilidad de los inversionistas que compraron acciones de Isagén en el 2007 ha sido del 18 % anual, y en 8 años cuadruplicaron su capital. Pocas inversiones tienen retornos tan altos, de manera que es falso afirmar que no es una empresa rentable y que es mejor venderla.

Además, no es necesario hacerlo. El Gobierno tiene otros activos de su propiedad, esos sí no rentables, que puede movilizar para capitalizar la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN) para que financie a los constructores. Uno de ellos son las utilidades del Banco de la República (BR), tal como lo propuse en mayo pasado.

¿Cuáles utilidades?, se preguntará quien vea los estados financieros del BR, en los que aparecen pérdidas por $ 1,8 billones a noviembre del 2015, y pérdidas de $ 1,1 billones en el 2014. No hay que dejarse despistar: si la contabilidad del BR siguiera las normas contables internacionales (NIIF) mostraría sus verdaderas utilidades, que fueron $ 21,3 billones en el 2014 y $ 34 billones en el 2015. Es la entidad pública con mayores utilidades en la historia.

Esas utilidades son las producidas por la valorización de los 47 billones de dólares de las reservas internacionales con la subida del precio del dólar, que en dos años pasó de 1.930 pesos a 3.200 pesos. De acuerdo con las NIIF, cualquier entidad debe incluir esos ingresos en su P y G, pero los estatutos del BR establecen una curiosa excepción que le permiten contabilizar el diferencial cambiario del peso contra el dólar como un superávit que no le aumenta las utilidades sino el patrimonio, que hoy llega a 63 billones de pesos.

Había una clara contradicción en la contabilidad del BR. El año pasado las monedas de países como Canadá o Australia también se devaluaron frente al dólar; por las reservas invertidas en esas monedas, hasta noviembre hubo un ajuste cambiario negativo de 1,5 billones de pesos, pero ese sí lo llevaba al P y G generando una pérdida que aumentaba el déficit fiscal.

El decreto 2386 de diciembre del 2015 acaba de corregir esa contradicción, pero lo hizo por el lado equivocado, pues en lugar de seguir las NIIF para que todos los ajustes cambiarios se contabilizaran como ingresos o egresos, lo que hizo fue ordenar que todos se llevaran al superávit patrimonial. Es un paliativo que va a disminuir las “pérdidas” contables del Banco en 1,5 billones de pesos, pero sigue siendo una contabilidad equivocada. No se trata de pedir que el BR entregue esas utilidades contables al Gobierno para que se las gaste; eso sería maquillar el déficit fiscal y repetir el error de la Cuenta Especial de Cambios en los años 80. La mayor parte de esas utilidades se deben destinar a constituir una reserva para proteger el patrimonio del BR de las pérdidas que se producirían en el caso de una revaluación del peso.

Pero dado que el patrimonio actual del BR es excesivo y no rentable, el Gobierno sí podría tomar un 10 por ciento de ese patrimonio y usarlo para fortalecer la FDN. No es un aumento del gasto público, sino el cambio de un activo estatal por otro, similar a vender las acciones de Isagén para capitalizar la FDN, con la diferencia de que al usar el superávit del BR el Gobierno no está renunciando a un activo rentable como Isagén. Y no se fractura la Unidad Nacional.

MAURICIO CABRERA GALVIS

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