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Editorial: La defensa del agua

Editorial: La defensa del agua

Colombia debe establecer políticas de Estado claras, que no se queden en promesas de cada verano.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de enero 2016 , 09:45 p. m.

Es triste y penoso que Colombia, que tiene el privilegio de ser uno de los países del mundo más ricos en agua, esté hoy aguantando sed, con 124 municipios sin abastecimiento del vital líquido, con dos de sus grandes arterias –el Magdalena y el Cauca– declaradas por el Gobierno en alerta roja, y con las autoridades pidiendo, casi a ruego, que ahorremos agua.

Claro que hay que hacerlo. Es un deber ciudadano, y si amerita sanciones se deben aceptar, porque el momento lo exige. De hecho, ya 1’200.000 personas han sido multadas por sobrepasar el consumo establecido.

Y es que la situación de los ríos, que ya comentamos en este espacio, es preocupante al máximo. Hasta hace poco era impensable que el imponente Río Grande de la Patria, que ha sido navegable y que es un sueño de transporte fluvial, presentara un paisaje desolador, ya transitable a pie. Esta semana, en la ciudad de Honda, el nivel del que dio cuenta el Ideam es de solo 44 centímetros. Y a la altura de Barrancabermeja, el 30 de noviembre, llegaba a 32 centímetros.

Claro que estamos ante el fenómeno del Niño más duro de nuestra historia. Y en un periodo de sequía que refleja el cambio climático, que muchos se resisten a aceptar. Pero esto también es causa de falta de políticas ambientales sostenidas y de una resuelta defensa del agua, tal vez porque nos sentimos potencia en ella, y ya no lo somos.

Este es un tema que inquieta al mundo entero. Se habla de que unos 50 países se hallan en peligro de llegar en el 2050 a guerras por la escasez del líquido. De manera que lo que está pasando en Colombia tiene que llevar a defenderla como oro puro y establecer políticas de Estado claras, de control, protección y restauración, que no se queden en promesas y preocupaciones de cada verano, de cada Niño o de cada Niña. Para empezar, que se cumplan las normas, que existen desde la misma creación del Ministerio del Medio Ambiente y en nuestra Carta Política. Y hay dineros para ello. La ley 99 de 1993 previó partidas para la protección de las cuencas.

Para el año 2012 esa cifra ascendió a 458.000 millones. Y a las corporaciones autónomas regionales, en ese mismo año, según el columnista y exministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez, llegaron a 143.000 millones por concepto de “tasas retributivas por vertimientos de las fuentes, las tasas del uso de agua y las transferencias del sector eléctrico”. Todo esto para proteger este recurso. ¿Qué ha pasado?

La rigurosidad en las políticas de concesión de aguas es clave. Así como evitar la deforestación imparable. El noviembre pasado el Ministerio del ramo informó que esta aumentó en un 16 por ciento en el 2014, al pasar de 120.934 a 140.356 hectáreas. Y de acuerdo con la Fundación Alma y el Instituto Alexander von Humboldt, solo en la cuenca del río Magdalena se ha perdido cerca del 40 por ciento de la cobertura de bosques.

Además, reducir la deforestación es un compromiso de Colombia en la Cumbre Climática de París. Y tiene que ser de todos, empezando por alcaldes que este año deben revisar o reestructurar los planes de ordenamiento territorial. Esta es una oportunidad única para hacer cumplir la normativa ambiental.

La tarea no es solo por la sed de hoy, sino para que las venideras generaciones no lleguen a un desierto.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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