Captura del 'Chapo' Guzmán no alivia los males de México

Captura del 'Chapo' Guzmán no alivia los males de México

El país aún debe afrontar la corrupción, la lucha entre carteles y las desapariciones forzadas.

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09 de enero 2016 , 04:32 p.m.

Cuando, en la noche del 11 de julio pasado, Joaquín "el Chapo" Guzmán emergió del túnel de 1,5 kilómetros que lo condujo del penal del Altiplano a su ilícita libertad, dejó al desnudo buena parte de los males de México. (Vea el especial de EL TIEMPO sobre las desapariciones en México y Colombia)

En su fuga, la segunda de su vida, falló todo lo que podía fallar: la custodia humana, la vigilancia electrónica, la coordinación, la infraestructura. Y funcionó todo lo que no debía funcionar: la corrupción pública; la ineficiencia de las fuerzas de seguridad; la ausencia del Estado en espacios críticos; el poder, la influencia y la violencia del crimen organizado; la silenciosa complicidad de decenas de miles de sinaloenses que celebraron como un triunfo el escape del capo. (Lea: El 'Chapo' Guzmán podría hablar de sus nexos con las Farc)

Algunos de esos males -la corrupción o la ineficiencia- acompañan a México desde hace décadas y décadas. La violencia organizada y el narcoestado no tanto; llegaron con el siglo XXI, pero ya están tan enquistados que es como si hubiesen nacido con el país, en 1821.

La detención de "el Chapo" aliviará, sin duda, a Enrique Peña Nieto. No por nada dijo "misión cumplida" al anunciar el éxito oficial en Los Mochis, por Twitter. Sin embargo, es una misión cumplida a medias.

O temerario o vanidoso, el presidente había dicho, en 2014, luego de la primera captura, que el jefe narco no volvería a huir. (Además: El 'Chapo', un capo que perdió el aura de invulnerable)

Lamentablemente, al líder del cartel de Sinaloa se le ocurrió fugarse de nuevo, en julio pasado. Así la popularidad del presidente quedó destrozada y su gobierno, humillado; todo antes de que Peña Nieto llegara a mitad de su mandato.

Hoy el respiro y el festejo del jefe de Estado y de su administración serán cortos.

El operativo de estre viernes lejos está de poner fin o incluso limitar al crimen organizado, a la guerra entre los carteles, al tráfico de drogas, a la corrupción que todo lo habilita, a la fractura social que provoca, a las 151.000 muertes desde 2006, a las 26.000 desapariciones en casi 10 años, a la desconfianza de los mexicanos en su Estado.

No lo hizo la primera captura, no lo hará ésta. Los males de México son demasiado profundos y las políticas para combatirlas demasiado contradictorias como para que una detención, por más exitosa, simbólica y ansiada que sea, los desarme. (Lea: El 'Chapo' Guzmán fue presentado y devuelto a cárcel de la que se fugó)

Al asumir, Peña Nieto prometió que su estrategia contra los narcos no se basaría en la seguridad extrema, como la de su predecesor Felipe Calderón, sino en erradicar los delitos que afectan la vida diaria de los mexicanos.

"Mientras que el gobierno de Calderón estaba obsesionado con la seguridad, el presidente Peña Nieto está obsesionado con no estar obsesionado con la seguridad", dijo David Shirk, experto de la Universidad de San Diego en el Council on Foreign Relations.

Esa obsesión no parece haber sido muy efectiva. Si bien el índice de homicidios bajó considerablemente del gobierno de Calderón a éste, los secuestros aumentaron. Y la vida diaria de los mexicanos, en especial la de los estados pobres dominados por los narcos, no parece haber mejorado. ¡Y vaya si lo saben en Iguala, en el estado de Guerrero!

El 26 de septiembre de 2014, siete meses después de la primera captura de Guzmán, 43 estudiantes de ese pueblo desaparecieron como si nada. En las siguientes semanas y meses, fueron arrestados decenas de policías y hasta el intendente del lugar y su mujer por la supuesta matanza de los jóvenes. (Además: Las primeras imágenes de 'El Chapo' luego de su recaptura en México)

Aún hoy, México no sabe qué sucedió con esos chicos. Ni por qué fueron asesinados 40 alcaldes en ocho años o siete candidatos a intendentes en la campaña para las elecciones municipales de 2015.

La violencia lo permea todo, especialmete en el México profundo. Esa falta de respuesta es también una promesa rota de la estrategia de Peña Nieto y, desde el comienzo del siglo, lo es también de las instituciones mexicanas, que no parecen estar tan fuertes como el presidente dijo tras la captura.

INÉS CAPDEVILA
LA NACIÓN / GDA

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