La temporada taurina de la Feria de Cali terminó con dos orejas

La temporada taurina de la Feria de Cali terminó con dos orejas

El espectáculo corrió por cuenta del portugués Diego Ventura y del español Alejandro Tavalante.

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31 de diciembre 2015 , 12:42 a. m.

Con mucho sol, tres cuartos de entrada y un encierro muy parejo de Juan Bernardo Caicedo terminó la Feria 58 de Cali. Cortaron una oreja el rejoneador Diego Ventura y Alejandro Talavante. Luis Bolívar fue ovacionado.

Los toros Domecq bogotanos, de Caicedo, 5 castaños requemados y un negro, todos astifinos, de bellas láminas y de simétrica romana, fueron también similares de juego. Con encastados y codiciosos inicios, terminaron yendo a menos. Sin embargo, tres de ellos salieron aplaudidos en sus arrastres. La corrida tuvo casta, tuvo pinta, pero al final le falto fuelle.

El rejoneador Diego Ventura ejecutó una faena breve pero dominadora y pulcra con el que abrió plaza, que no se entregó del todo e impidió llevar emoción a los tendidos, suficiente para la petición de oreja. Con el cuarto, más embestidor actuaron ‘Palomos de Cigarrera’, ‘Ordoñez’, ‘Morante’ y ‘Toronjo’, luciendo en todos los tercios.
Ventura puso rejones de castigo, banderillas cortas y largas, cabriolas, piruetas, giros y pases por espacios inconcebibles. Mató pronto y cortó una merecida oreja.

El caleño Luis Bolívar estuvo en torero toda la tarde, hizo sonar la música y los oles en ambos turnos. Con el segundo, más encastado, brilló más por la izquierda y su estocada mereció más que el silencio. Con el quinto, desforzado y claudicante, Bolívar apostó en todos los terrenos. Cites de frente, cruces al pitón contrario, suerte cargada, todos los riesgos, pero el toro no comunicaba sensaciones al tendido. Ejecutó bien el volapié, sepultó la espada pero la punta asomó. No obstante, los paisanos le brindaron una ovación afectuosa y justa.

Alejandro Talavante saludó en el tercio tras una faena de cal y arena, en la que el temple se turnó con los tropiezos y hasta un desarme. La petición de oreja fue denegada. Con similar libreto enfrentó al toro que cerró la feria, de briosas y vehementes arremetidas. Las primeras tandas de derechazos tuvieron intensidad por la agresividad del uno y el aguante del otro, pero la faena fluyó más por el camino de la espectacularidad que de la pureza. Barullos, enganches y desarmes la deslucieron y no hicieron honor a la bravura. Parecía terminar todo en tono menor hasta cuando ejecutó la estocada de la feria. Un volapié de factura clásica y colocación perfecta, con una muerte bravía del toro que evocó en ella la famosa escultura de Mariano Benlliure.

Se acabó la corrida y murió la feria que dejó 17 orejas y muchas controversias.

JORGE ARTURO DÍAZ
Especial para EL TIEMPO

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