Secciones
Síguenos en:
En diciembre, el interprete de 'Adonay' sigue siendo el rey

En diciembre, el interprete de 'Adonay' sigue siendo el rey

El cantante magangueleño Rodolfo Aicardi sigue siendo el símbolo musical de fin de año.

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de diciembre 2015 , 08:46 p. m.

Llamé al celular de Rodolfo Aicardi el 29 de diciembre del 2006. Me respondió Mariela Montoya, su esposa. Dijo que Rodolfo estaba en Medellín, pero ya no daba entrevistas, pues lo tenían sedado con droga psiquiátrica, debido a que no soportaba el impacto de las diálisis. Se deprimía. Me explicó que por momentos “no sabía bien lo que decía y por eso la familia había decidido que no hablara más con los medios”, que los médicos advirtieron que recordar “eso” lo afectaba más.

“Eso” eran los tiempos en que, desde Magangué (Bolívar), llegó a Medellín y a fuerza de persistencia y una voz que ha sido justamente llamada “irrepetible”, se abrió espacio hasta convertirse en un clásico de la música tropical en las navidades, solo comparable a Guillermo Buitrago.

También me contó que hacía tiempo Rodolfo no tenía relación alguna con Los Hispanos, pues ellos (Rodolfo y el grupo) se habían “abierto”. En agosto de ese 2006, Rodolfo había hecho toques con un grupo, “algo como El Sonido Hispano”.

Pese a sus muestras de no querer entrar en detalles, le alcancé a preguntar quién era Jenny, a quien Rodolfo menciona en sus canciones (“... y con Jenny, ¡con felicidad!”, en Feliz Nochebuena). Me aclaró que era “una hija que él tuvo con una señora anterior”.

Rodolfo, nacido el 23 de mayo de 1946, murió el 24 de octubre del 2007. En un video que le hizo la disquera Fuentes un mes antes de morir se le ve agobiado y, efectivamente, por los saltos en la edición a cada frase, se nota que los recuerdos le llenaban de un sentimiento que se traducía en lágrimas.

Hijo de Rodolfo Aicardi y Otilvia Rivera, Marco Tulio Aicardi Rivera era oriundo de Nueva Granada (Sucre), pero “a la semana de nacido” lo llevaron a Magangué.

El talento y el azar se amalgaman en la biografía de Aicardi para convertirlo en un genuino mito popular. Llegó en 1961, a los 15 años, a Medellín en busca de un golpe de suerte. “Me vine en bus y pagué 15 pesos por el pasaje y me quedó uno para comer. El chofer me llevó parado y me dijo que fuera cantándoles a los pasajeros. Así que me vine cantando. Dejé a mi mamá y a mi familia y a todo el mundo con el sueño de que iba a ser alguien en la música”, relata en el video de Fuentes.

Un hombre de la industria de la música, Javier García, que por esa época fue director internacional de Discos Fuentes (hoy gerente general de Balboa Récords), rememora: “Lo vi cantando La chica ye-ye en el Club del Clan”.

Luego de aparecer en este show musical, afamada versión colombiana del exitoso musical argentino, que produjo una generación de estrellas de la canción, grabó un disco en Sonolux que no trascendió. Después, como corista del Sexteto Miramar, orquesta del sello Fuentes, debió remplazar al cantante Johnny Moré, que perdió la voz durante la grabación de un larga duración. Rodolfo grabó la balada Qué quiere esa música esta noche, en un LP cuyo fuerte era la salsa.

El joven magangueleño lo llevó, temblando, a la radio, mintió, arguyendo que era “un disquito que grabó un primo” Lo oyeron y le pidieron que trajera al primo de inmediato. No tuvo más remedio que presentarse al día siguiente a la estación y admitir ante su espontáneo mentor: “El primo soy yo”.

La canción fue el único éxito de toda la producción y aún se oye. Le sugirieron cambiar el nombre de Marco Tulio y eligió el de su hermano Rodolfo.

Este cronista creció escuchando Qué quiere esa música esta noche, de Rodolfo, en Radio Tequendama, al lado de los primeros éxitos del mexicano Juan Gabriel, a comienzos de los 70.

Varios ingredientes se conjugaron para dar como resultado el rápido e inesperado éxito del baladista costeño, luego de esta coincidencia que le permitió dar a conocer los alcances de su voz, aguda, con un tremendo poder para suscitar ese sentimiento que tanto gusta en lo popular, un repertorio inteligentemente adecuado a su particular timbre, y otro factor externo de la, en ese momento, activísima industria paisa del disco.

Los Hispanos, el grupo de Medellín que había conquistado el público (en una Colombia en la cual el éxito de grandes orquestas como las de Lucho Bermúdez y Pacho Galán comenzaba a decaer), quedó casi desintegrado luego de que el cantante Gustavo Quintero, en 1968, se llevó a varios de sus integrantes y conformó Los Graduados (primero, Los Dorados), en México.

Sin la voz de Quintero, Los Hispanos debieron buscar desde cero un vocalista que reuniera las condiciones del ‘Loko’ Quintero, quien había hecho carrera en la música tropical desde 1958 (aunque ensayó todos los géneros existentes en aquel momento: rocanrol, balada e inglés e italiano, merengue, salsa, twist) y su voz estaba en la cabeza de todos los colombianos.

Para Jairo Jiménez (bajo), dueño de Los Hispanos, nacidos en 1964, pero lanzados comercialmente en 1967, fue “una época de muchas intrigas”. Él y su hermano Guillermo eran empleados de banco, mientras los Quintero, Gustavo y Gilberto, “eran músicos profesionales”, y Gustavo trató de quedarse con el nombre del grupo y sacarlos. Con Quintero ya habían grabado temas que quedaron para siempre: La gorda, La quinceañera, La bala, Fantasía nocturna (Lucerito), Para Santa Marta, La colegiala, Ramita de matimbá, La cañaguatera, Caracoles de colores, Los gansos...

La versión de Quintero es al revés: “En 1969 nos llamaron de Codiscos a representar a Colombia en el Primer Festival de la Canción Latina. Yo no me salí de Los Hispanos, sino que creamos en México Los Graduados. Y siguieron Los Hispanos en Discos Fuentes y Los Graduados en Codiscos. Los hermanos Jiménez salieron”. Quintero consideraba que los Jiménez no estaban musicalmente a su altura.

Y ahí llegó Aicardi. “Un día –dice Jairo Jiménez– me llamó José María Fuentes y me dijo: ‘Hay un pelado que me dice que canta igual que Gustavo Quintero. Me tienen loco. Por qué no viene y lo oye para decirle que no. Jairo me había hablado de un muchachito que cantaba en los burdeles de la curva del Bosque, pero mi papá no me dejaba ir por allá. Lo vi cantar, era muy joven. La imitación que hacía de Gustavo era porque decía guáu, guáu”.

Pero nunca tuvieron ni la voz ni el estilo ni nada en común. Solo el género y esas frases de animación que Quintero trajo a la música tropical. Más adelante desarrolló las suyas propias: “Ah, pero me lo vais a decir”, “hasta las tres de la mañana”, “pasitico”.

Cuando tenían un mano a mano, Rodolfo se enloquecía con tal de opacar a Gustavo, que ha sido un showman espectacular. No se la quería dejar ganar. Se disfrazaba, se subía por las guaduas como un mico, pero cuando fue madurando cantaba con las manos en los bolsillos”, cuenta Jairo Jiménez.

Javier García recuerda que, siendo estudiante, conoció a Rodolfo en Medellín, por la época en que grabó con Los Hispanos Así empezaron papá y mamá (1969), composición peruana que se convirtió en la locura de temporada.
La rivalidad de las dos agrupaciones dinamizó el comercio del disco y de la música colombiana en un género que imperó en los años 70 (pese a que entraron Los Melódicos, la Billo’s Caracas Boys y los combos venezolanos) y se mantuvo hasta inicios de los 80, ante el apogeo de la salsa y el merengue. Los Hispanos (Fuentes) versus Los Graduados (Codiscos) fueron el as del mercado decembrino.

Pero Aicardi no supo atesorar todos los réditos que el éxito de su voz produjo. “Rodolfo era muy difícil de manejar –comenta Jairo, el director de Los Hispanos–. Tenía una personalidad egocéntrica, neurasténica, prevenida. Aparte de que siempre estaba un poco subido con su marihuanita. Sin embargo, lo tuve 20 años en el grupo. Fui el único”.

El médico Alberto Burgos, autor de una decena de libros sobre música popular colombiana, coincide: “Era un hombre difícil. Peleó con Discos Fuentes y después, cuando estuvo enfermo, dijo que lo trataban muy bien. Al final, con Los Hispanos (perteneciendo al grupo), no se hablaban. Cuando pedían en el exterior una presentación de ellos con Rodolfo, terminaba el show y unos salían por una puerta y él por otra. Tenía que haber sido un cantante mucho más grande. Como baladista era para mostrárselo a todo el continente. Será un tipo inolvidable para la gente que oye sus melodías, pero no saben quién era”.

El repertorio es largo e inolvidable: Mis zapatos viejos, La burra y la chiva, Cumbia cereteana, Compae Chemo, María Isabel, La misma vaina, El sequecito, Lorenza, Olvidemos el pasado, Chan con chan, El papelito blanco, Los algodones, Agua de cu, La cinta blanca, Ocho días, Manuelito Barrios, El maestro, Cumbia marinera, Masculino y femenino, Macondo, Voy cantando, Tío Pepe, Yo me voy pa’ Macondo, Feliz Nochebuena, Los domingos, Adonay, Casi casi, Ni cuerpo ni corazón, Mi cumbión, Cantares de Navidad, El lunarcito, Yo no fui, Adiós, adiós corazón, Las amapolas...

Diabetes, pérdida de riñón, días finales en silla de ruedas y problemas cardiacos lo llevaron a la tumba. Unos 140 CD son su legado. “Dejó más de 2.000 canciones grabadas”, me contó su hijo Rodolfo Aicardi Junior, también cantante, en la mañana de este martes. Tuvo 17 hijos con varias mujeres. Otro hijo suyo, Charly, canta profesionalmente el repertorio de su padre. Fue éxito en Francia, visitó Estados Unidos, Ecuador, Venezuela, Perú, Panamá, México, Holanda, Dinamarca, Bélgica, Italia, Inglaterra y Japón.

Lo que uno percibe al verlo en los videos es a un hombre elemental y más bien tímido en la escena: “Me siento contento cuando la gente me aplaude”, dice.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.